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Por José Manuel Trespando Corredera

El adelantado Hernando de Soto

La región de Extremadura fue otro de los lugares donde se perpetuó el linaje de los Soto. Hasta allí llegó a mediados del s. XV Pedro de Soto (también Pedro Ruiz de Soto), natural de la merindad de Bureba, lugar de asentamiento destacado de esta esclarecida familia, quien dejó las tierras burgalesas para pasar a la árida estepa extremeña engrosando así el número de caballeros que por su noble condición se veían obligados a defender la frontera lusa. Se tiene noticia de que Pedro procreó al menos dos hijos: Diego de Soto y Francisco Méndez de Soto.

Fue este último, Francisco, quien contrajo nupcias con Leonor Arias de Tinoco, noble dama pacense de ascendencia lusa y de holgada posición económica, con quien tuvo por hijos a Juan Méndez de Soto ‑heredero del mayorazgo familiar‑, Catalina de Soto, María de Soto, Hernán Méndez de Soto Arias de Tinoco y Mencía de Soto.

De todos los hermanos destacó sobre manera Hernán Méndez de Soto, quien será conocido durante los próximos siglos como el adelantado Hernando de Soto[1]. Aunque excepcionalmente algunos investigadores fechan su nacimiento a finales de siglo XV, se da por válido su nacimiento en el año 1500 en la villa de Jerez de Badajoz, antiguo bastión de la frontera extremeña y hoy conocida como Jerez de los Caballeros; así lo defienden Fidalgo de Elvas[2], Concepción Bravo[3] y Salazar y Acha[4]. En contraposición, autores como el Inca Garcilaso de la Vega[5] y Antonio Herrera[6], precisan en sus trabajos que su nacimiento tuvo lugar a escasas cinco leguas de Jerez, en la entonces Villanueva de Barcarrota y Albarcarrota, villa que a finales del siglo XVIII pasó a llamarse simplemente Barcarrota.


Imagen 33. Hernando de Soto. Biblioteca Digital Hispánica.

En la extensa bibliografía que narra las jornadas de Hernando de Soto hemos de destacar las cuatro fuentes principales que nos acercan a la vida de este adelantado. Estos trabajos, aunque en ocasiones un tanto idílicos y fantasiosos, nos dan una visión bastante aproximada de la figura del personaje evidenciando algunas imprecisiones e incluso contradicciones debido, probablemente, al hecho de que sus autores emplearon fuentes basadas en terceras personas o bien realizaron sus escritos con posterioridad a su muerte. La primera de estas obras, y la más elaborada, es la escrita por el cronista mestizo Garcilaso de la Vega[7], publicada en 1605 y editada cuando ya habían fallecido todos los que habían acompañado a Hernando de Soto en la exploración de Florida. Está basada en la transmisión oral de uno de los participantes en la expedición, el también extremeño Gonzalo Silvestre[8], cuya trascripción fue enriquecida por los escritos que llegaron a manos del Inca de otros dos testigos de excepción en tierras de Florida: Las peregrinaciones que le envió Alonso de Carmona y una relación que en su momento escribió Juan de Coles[9] y que Garcilaso encontró en manos de un impresor cordobés en un estado lamentable por el ataque de polillas y carcomas. Otro texto básico sobre los sucesos vividos por el adelantado es el publicado en 1577[10] por un hidalgo anónimo de Elvas, localidad portuguesa limítrofe a Extremadura y a escasas leguas de Jerez de los Caballeros; obra más fiable que la realizada por Garcilaso por ser este “Fidalgo” compañero y testigo directo de las jornadas de Hernando en La Florida. A lo anterior, hay que añadir los escritos de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés[11], notable cronista y genealogista que había ejercido como secretario y escribano de la Santa Inquisición antes de decidir viajar a las Indias con Pedrarias, en cuya expedición ejerció como escribano y veedor de minas. Influido sin duda por las tropelías y crueldades cometidas por los españoles en la conquista del Darién, nos da la visión más crítica y negativa del adelantado. No participó en la conquista de La Florida pues por esos años estaba en la fortaleza de Santo Domingo donde compaginaba el cargo de alcaide con el ejercicio de primer cronista oficial de Indias, por lo que no fue testigo directo de las jornadas, siendo sus textos una transcripción de las narraciones del secretario personal de Soto, el explorador Rodrigo Rangel.

Volviendo a Hernando de Soto, diremos que fue hombre de noble linaje pero sin grandes recursos, consciente de su situación de segundón se ve abocado a buscar fortuna iniciando la carrera militar en la primavera de 1514 enrolándose en la gran armada que Pedrarias Dávila[12] tenía dispuesta para partir[13] en dirección a la Castilla de Oro[14]. Algunos investigadores indican que viajó como paje de Pedrarias, aunque otros, como Mira Caballos mantienen que el extremeño viajó bajo la protección de un tío suyo[15] llamado Pedro de Soto, uno de los capitanes de Pedrarias. Lo cierto es que el 29 de junio de 1514 arribó a la región del Darién, donde pronto empieza a destacar por su valor y habilidad como jinete, nombrándole Pedrarias capitán «de las gentes de a caballo». Tras ser sometida la región de Panamá, acompaña en 1520 a Francisco Hernández de Córdoba en la conquista de Nicaragua, participando activamente en la colonización de este territorio cuya exitosa campaña le proporciona el nombramiento de gobernador de la nicaragüense ciudad de León Viejo, en la cual permaneció hasta su regreso a España en 1526. Para entonces debía de tener un cierto renombre e influencia política en la corte, pues en ese tiempo es cuando el emperador Carlos V lo envía como embajador a Lisboa para que negocie el rescate de Gonzalo Gómez de Espinosa y de otros compañeros de Juan Sebastián el Cano apresados por los portugueses[16]. Sabemos de su regreso a Nicaragua con anterioridad a 1529 porque en ese año se encuentra nuevamente avecindado en la ciudad de León, donde al poco tiempo se asocia con el también extremeño Francisco Pizarro para emprender la conquista de Perú. Tras la muerte del inca Atahualpa, asiste a la fundación de Cuzco en 1534 y Pizarro lo nombra teniente de gobernador del lugar, dándole precisas instrucciones que habría de seguir para su administración: «hareis guardar y cumplir en todo e guardareis e cumplireis las ordenanças que yo deje hechas en la dicha ciudad»[17]. Por entonces, Soto ya tenía una reputada fama como líder militar entre sus hombres y los beneficios obtenidos de sus incursiones bélicas, venta de esclavos, encomiendas, negocios mineros[18] y sobre todo el valioso botín obtenido en la conquista de Perú, habían reportado sustanciosas cantidades de oro a sus arcas[19]. Pese a ello, no acababa de ver colmada su ambición ni su deseo de conquistar nuevas tierras. Trató de llegar a un acuerdo para ir a la conquista de Chile pero su oferta de 100.000 pesos fue insuficiente y Pizarro delegó la empresa en Diego de Almagro. También pretendió el puesto de capitán general, ofreciendo para ello la nada despreciable cantidad de 200.000 ducados, pero finalmente este puesto recayó en Rodrigo Ordóñez por lo que, decepcionado, determinó regresar a España en 1536.

Se sabe que durante su estancia en el continente americano había mantenido relaciones con varias nativas que le dieron hijos pero estos, mestizos e ilegítimos, estaban mal vistos por la sociedad clasista de la época, por lo que Soto se vio en la necesidad de desposarse con alguna dama de la nobleza que diese el mayor reconocimiento posible a sus descendientes. En la fecha de su regreso a España, Pedrarias ya había fallecido, y Soto acuerda con su viuda, Isabel de Bobadilla y Peñalosa, un matrimonio de conveniencia con su hija, también llamada Isabel de Bobadilla. El acuerdo matrimonial se lleva a cabo en Valladolid el 14 de noviembre de 1536, mismo año en que contrae nupcias, consiguiendo de este modo no solo el deseado ascenso en la escala social, sino también un sustancial aumento patrimonial gracias a la dote proveniente de la fortuna amasada por Pedrarias en Panamá[20]. Majó Framis que desafortunadamente tilda a Hernando de Soto de aldeano extremeño, mozo de fortuna, exento de rentas y falto de apellido ilustre, hace referencia a este enlace como

matrimonio artificioso, bien pensado de gente vieja, y que entraba tanto el cálculo como un reflejo del poniente de esta pasión que se llama amor. La fama tiene dibujadas a las hijas de Pedrarias como largas estantiguas, de velo negro, pertinaces en el rezo y en la vida célibe[21].

Pese a buscar por medio de esta unión una noble descendencia, no se tiene conocimiento de que Isabel le diese hijos y solo se tienen noticias de algún que otro hijo espurio nacido de madre india. Entre estas, es de destacar la coya Nusta Tocto Chimbo, hija de Huayna Cápac y hermana‑mujer de Atahualpa[22]. Tras la muerte a garrote del emperador inca el 29 de agosto de 1533, se procedió al reparto de sus mujeres entre los españoles, tocándole al extremeño la citada coya. Fue bautizada, como era precedente antes del amancebamiento, con el nombre de Leonor y conocida a partir de entonces como Dª. Leonor. Coexistió la barragana con el conquistador por tiempo de tres años, naciendo de esa convivencia una niña que se cristianó en 1535 con el nombre de Leonor de Soto[23]. Con el regreso de Soto a España en 1536 y su total desentendimiento de la princesa india, determinó la coya casarse con un hijo de Bautista, armero del emperador Carlos V, llamado Juan Bautista el Galán que falleció ahorcado en 1546 por orden de Alonso de Toro, teniente de Gonzalo Pizarro en la ciudad de Lima. Al poco tiempo de fallecer Juan Bautista, lo hace también en Cuzco la coya Leonor, quedando la hija del adelantado a cargo de Dª. María de Escobar, una española de renombre que pasará a la historia como la introductora del cultivo de trigo y cebada en Perú, lamentándose el Inca Garcilaso de la ingratitud de sus compatriotas por ignorar el nombre de esta dama[24]. Leonor de Soto se desposó en 1540 con el escribano real García de Carrillo[25], de cuya unión nacieron Pedro, Juan, García de Soto y cuatro hijas más (Leonor, Juana…). Residieron en Cuzco hasta 1585, lugar donde llegaron a tener a su servicio hasta 15 yanaconas o indios libres, lo que denota que en algún momento de su vida gozaron de una cierta bonanza económica. Seguramente sus rentas debieron ir a menos pues en 1583, al quedar vaca la encomienda de Chicama[26], Leonor la reclama para sí argumentando encontrarse «con mucha necesidad y pobreza y en el ínterin que S.M. manda se le sustente de acuerdo a los servicios del dho su padre». Dos años más tarde, en octubre de 1585, en el pasaje de la flota de Antonio Osorio viene Leonor a España acompañada al menos de Pedro[27] y Leonor de Soto, sus hijos. Ya en Madrid, el 10 de junio 1586, vuelve a retomar la reclamación económica que años antes había presentado su esposo García Carrillo en la Cancillería de la Ciudad de los Reyes (hoy Lima), concretamente el 6 de junio de 1562, por medio de la cual solicitaba merced a la corona por estar «muy pobre sin tener con que sustentar al dicho su hijo y quatro Hijas las tres donzellas por casar Haciendosele de Hazer mucha mrd. por razon y causa de los servicios del dicho adelantado» y solicitando que se «mande encomendar en ella o en el dicho su marido en su nombre repartiemento de indios que balga doze Mill pesos de Renta por dos vidas confforme a la ley de subçessiones».

No parece que Soto tuviese en mucha estima a su hija Leonor pues mientras a otros hijos ilegítimos los tiene presentes en su testamento[28], a ella la ignora por completo. No ocurre así con María de Soto[29], engendrada por el adelantado en sus primeros años en Nicaragua, a la que deja mil ducados de sus propios bienes, o Andrés de Soto «un muchacho que dizen que es my hijo» a quien otorga cuatrocientos ducados por la misma vía.

Pero la vida sedentaria de casado no parece agradar a quien desde corta edad se ha visto inmerso en aventuras, luchas y conquistas arriesgadas. Deseoso de emprender nuevas empresas, aprovecha su estancia en la península para viajar a Valladolid donde intenta que el emperador Carlos V le haga merced para conquistar nuevos territorios. Así, el 20 de abril de 1537[30] pacta capitulaciones con la corona enumerando las condiciones para realizar la expedición a la «Provincia de Río de las Palmas de la Florida», territorio impenetrable hasta entonces a otros conquistadores españoles. Su capacidad económica le permitirá hacer frente a la fuerte inversión que conlleva la empresa. Los más de 100.000 ducados que ha de costar la expedición a ultramar correrán a cuenta de su hacienda, debiendo hacer frente a todos los gastos de la tripulación; entiéndanse pilotos, grumetes, maestres, contramaestres, marineros, despenseros, calafates, lombarderos, etc., a los que se les debía abonar la correspondiente soldada desde el mismo momento de su contratación. Ni que decir tiene que a estos había que añadir el coste de las embarcaciones y sus correspondientes jarcias, aparejos, bateles, artillería y munición, así como los gastos correspondientes al reclutamiento y equipamiento propio de la leva, además de los innumerables víveres entre los que no faltaba bizcocho, trigo, vino, harina y demás abastecimientos[31] con los que alimentar no solo a la tropa, sino también a otras gentes que en menor número acompañaban a la expedición para realizar los asentamientos y cristianizar el nuevo territorio. A cambio de tal inversión económica gozará de exenciones fiscales y otras preeminencias, como fundar ciudades, nombrar capitanes, regidores y justicias[32], etc. Se le nombra gobernador[33] y capitán general, al tiempo que adelantado, lo que le permitirá ejercer el poder en nombre de la corona en todos los territorios que se le encomienda conquistar. Es el tiempo en el que Soto aprovecha para solicitar merced del hábito e insignias de la Orden de Santiago[34], honor este que no llegó a disfrutar[35] por hallarse inmerso en la conquista de Florida en el momento de su otorgamiento.

Su historial a las órdenes de Pedrarias y Pizarro le otorga un enorme poder de convocatoria, lo que causa la llegada de un gran número de voluntarios deseosos de gloria y fortuna que pronto completan la expedición mejor preparada hasta esas fechas. Entre el 26 de enero de 1538 y el 25 de marzo de ese mismo año, se alistan en Sevilla para ir con el adelantado un número de individuos en torno al cual los historiadores no se ponen de acuerdo. Solar y Taboada[36] cifran los hombres que acompañan a Soto a Florida en 678, valor ligeramente inferior al reflejado en el registro de pasajeros del Archivo General de Indias[37] donde el número de enrolados asciende a 689. En ambos casos podremos observar claras ausencias, como la del propio adelantado y los familiares que le acompañan. No hallaremos nombres como Rodrigo Rangel, su secretario personal; Juan de Añasco, su contador; Pedro de Villegas, su veedor o Diego del Corral, su tesorero. Tampoco se hace referencia a los esclavos negros que embarcaron de forma forzosa[38], ni a los nombres de la mayor parte de la marinería contratada por el adelantado. También están ausentes los oficiales reales encargados de supervisar la exploración o los portugueses de la nao “Buena Ventura” que viajaron bajo las órdenes de Andrés de Vasconcelos de Silva, un portugués natural de Elvas. Tampoco el nombre de los clérigos que en número de ocho le acompañan. Ausencias estas que indican que la relación dada por Solar y Taboada o las listas de pasajeros de los legajos del Archivo General de Indias son incompletas, y que si a las mismas se le añaden los últimos individuos mencionados, estaríamos más próximos a la cifra dada por Garcilaso[39], 950 expedicionarios, que a la que apuntan otros investigadores[40].

Hernando de Soto no fue menos que otros exploradores que lo antecedieron en lo concerniente a llevar consigo a muchos de sus paisanos, pues entre los enrolados se puede observar la existencia de un alto porcentaje de extremeños. Badajoz, La Llerena, Alburquerque, Villanueva de la Serena, Medellín, Almendralejos, sin olvidarnos de Villanueva de Barcarrota o Jerez de los Caballeros, son topónimos que se repiten en la lista de pasajeros. El peso específico de Extremadura fue tal, que la gran mayoría de los capitanes de sus naos son paisanos del adelantado: Nuño de Tovar, Luis de Moscoso, el barcarroteño Diego García, Arias Tinoco, Pedro Calderón o Alonso Romo de Cardeñosa, son claros ejemplos. Sobra decir que entre los enrolados encontraremos a algunos miembros de su propia familia: los hermanos y primos del adelantado[41] Arias Tinoco, Alonso Romo de Cardeñosa y Diego Arias, que será el alférez general de las tropas expedicionarias a La Florida. Otro primo es el dominico Fray Luis de Soto, probablemente hijo de Diego Méndez de Soto. O el jerezano Carlos Enríquez de la Vega[42], su lugarteniente, que fallece en la batalla de Manvila[43] en octubre de 1540. Con él muere, al ir en su ayuda, su cuñado Diego de Soto[44], y sobrino del conquistador, que no figura entre los enrolados que partieron de la ciudad de Sevilla.

En una flota de veinte galeones capitaneados por Gonzalo de Salazar con destino a México y con tal contingente humano, zarpa Hernando de Soto desde el puerto de Sanlúcar de Barrameda el 6 de abril de 1538 con una armada constituida por seis galeones, una carabela y dos bergantines[45]. Tras hacer escala en La Gomera, tocan el puerto de Santiago de Cuba el 29 de junio de 1538, llegando a La Habana cuarenta días más tarde.

Tras dejar a Isabel de Bobadilla al frente de la gobernación de la isla[46] y ultimar los últimos preparativos de la armada de cara a su última etapa en la conquista de las nuevas tierras, puso rumbo a La Florida el 18 de mayo de 1539 con más de 600 hombres y 237 caballos[47]. No fueron en este viaje todos los que partieron de Sanlúcar, pues algunos tomaron la determinación de quedarse en la isla. En cambio, otros que ya estaban establecidos en ella decidieron alistarse a última hora en busca del particular “El Dorado” del extremeño. Llegaron a la bahía del Espíritu Santo ‑hoy Tampa‑ el 25 del mismo mes y año. Desembarcaron el día 30, iniciando así la conquista de un territorio mucho más extenso que el que actualmente recibe el nombre de Florida[48].


Imagen 34. Monolito conmemorativo de la conquista de Florida
por Hernando de Soto (Bradenton, Condado Manatee, Florida, EE.UU.).

No es el objeto de este trabajo indagar en tan fatigosa conquista, pues probablemente no aportaríamos nada a la ingente bibliografía existente. Solo decir que tras un periplo de tres calamitosos años luchando con indios hostiles, lidiar con enfermedades, pérdida de bagajes, bajas en sus hombres y sobre todo no encontrar el oro que con tanta codicia había buscado, le sorprendió la muerte tras contraer paludismo[49] en un lugar llamado Guachoya[50], cuando rondaba algo más de cuarenta años. Su fallecimiento ocasionó una dificultad añadida para los supervivientes de la expedición ya que los indios locales le consideraban inmortal por ser “un hijo del Sol”. Ante la sospecha de la profanación de su tumba y el consiguiente temor a un levantamiento de los indios al conocer que el adelantado era un simple mortal, sus hombres determinaron lastrar su cuerpo y hundirlo en el río Missisipi el 31 de mayo 1542.

Poco antes de morir, Soto confió la suerte de los que quedaban a Luis de Moscoso[51], un segedano que había sido su maestre de campo y que destacaba sobre el resto de la tropa por ser uno de los hombres con mayor experiencia. Moscoso consiguió conducir al resto de sus compañeros a la costa mexicana y el 10 de septiembre de 1543, en rusticas e improvisadas embarcaciones, llegaron a Pánuco los 311[52] hombres capaces de ver el final de aquella malograda expedición.

Es evidente que Soto hubiera deseado que sus huesos descansasen en su tierra natal, concretamente en la iglesia de San Miguel, tal y como dejó plasmado en su testamento[53], pero lamentablemente la realidad se impuso y de aquel meritorio soldado «mediano de cuerpo, de buen aire, parecía bien a pie y a caballo, alegre de rostro, de color moreno, …»[54], descendiente de «hidalgos notorios de solar conocido y devengan quinientos sueldos según fuero de España», y de quien se dijo que cuando «entrava peleando en las Batallas Campales, dejava hecho lugar, y camino por do pudiesen pasar diez de los suyos, y assi lo confesavan todos ellos, que diez Lanças de todo su Exerçito, no valian tanto como la suya»[55], hoy solo queda la gloria de sus conquistas y los cuantiosos bienes[56] que pasaron a manos de Isabel de Bobadilla, que al enviudar regresó a España falleciendo años después, concretamente en 1546. En los años que sobrevivió a su esposo, se vio inmersa en el largo litigio que mantuvo con Hernán Ponce de León[57], por entonces caballero veinticuatro de la ciudad de Sevilla donde estaba avecindado, en relación a la fortuna de Hernando de Soto.

De los hermanos que tuvo este ilustre adelantado, no han trascendido demasiados datos. De Catalina sabemos que contrajo matrimonio y que uno de sus hijos, Pedro, se enroló con su tío en dirección a Florida. En cuanto a Mencía, sabemos que se casó con Alonso Enríquez, regidor de Badajoz, el mismo sobre el que recae en 1538, por renuncia y traspaso, la renta del derecho de la seda del reino de Granada[58] que por privilegio real poseía Hernando de Soto. En 1548, fundaron ambos cónyuges mayorazgo en favor de su hijo Diego Enríquez[59], pero al morir este sin sucesión, al igual que sus hermanos Carlos y Alfonso, pasó dicho mayorazgo a María Enríquez de Vargas, hermana de Diego y mujer de Luis de Silva, señor de la Manchada y Campo Cevada[60]. De Juan Méndez de Soto, el otro hermano del adelantado, tenemos noticias en 1534 cuando figura como apoderado de su hermana Mencía para poder cobrar cierta cantidad de dinero enviado por Hernando de Soto desde Perú. En 1539 figura en el testamento de éste al ser nombrado testamentario y un año antes, en el padrón de callehita realizado en Barcarrota, figura un hidalgo con el nombre de Juan Méndez de Soto que bien podría tratarse de la misma persona. Después de 1543, año en el que figura como regidor de Jerez de los Caballeros, no volvemos a tener noticias suyas.

Sotos en Jerez de los Caballeros

No solamente encontramos miembros de los Méndez de Soto en la Villanueva de Barcarrota, sino también en la cercana villa de Jerez de los Caballeros. Es aquí, en sus acuerdos de 1512 donde hallaremos a Alonso Méndez de Soto, del mismo linaje que el adelantado[61]. También en Jerez encontraremos a Álvaro Méndez de Soto, que probó nobleza en 1545 como «hijo dalgo de linaje de hidalgos y que como tal avia sydo alcayde del castillo de piedrabuena» y que contraería con María Gaitán, padres entre otros de Rodrigo de Ayala y de Gonzalo Méndez de Soto. Este último, natural y vecino de Villanueva de Barcarrota, tras residir varios años en casa de su hermano Rodrigo, pasó a casar con Catalina de Ordóñez a la villa de Salvatierra, «a tres leguas de Xerez de Badajoz», donde continuó viviendo con su mujer e hijos. Pleiteó en 1584 en la Chancillería de Granada para que se le reconociese su estado «por ser hijo y nieto de hidalgos notorios» con la única finalidad de lograr la exención de pechos en Salvatierra[62].

Apunta Matías Martínez[63] que en los acuerdos de 1569 de Jerez de los Caballeros, aparecen otros miembros de este linaje, como Bartolomé de Soto, Francisco de Soto Bernaldo (Bernáldez) o Lorenzo de Soto, su hijo. De Francisco de Soto Bernáldez, sabemos que debió nacer en Jerez a mediados de s. XV, llegando a probar su estado en 1494 como se manifiesta en un traslado de su propia carta ejecutoria de hidalguía, adjunta a las probanzas que realizó su hijo Lorenzo en 1557[64]. Era hijo de Gonzalo Bernáldez de Soto y Elvira Pérez, y nieto de Juan Bernáldez de Soto, vecinos todos de «Xerez de Badajoz». A su abuelo Juan, hombre principal y con posesión de hidalgo en la dicha villa de Jerez, lo mencionan los testigos presentados como «hombre de guerra y gran guerreador contra los portugueses e conbibiera con el maestre de Santiago aguelo del conde de Frª [Feria] que entonces era» y que «contrivullo retrayendo a los portugueses en el dicho asalto digo que estava señalado con mojones en la deesa de alcobaça». Que era hombre de guerra queda claro cuando indican que «tobiera cargo de capitan en las guerras de portugal y castilla de la gente del rey que a la sazon reinaba». Por un pleito planteado en Granada por su hijo[65], sabemos que se casó en tres ocasiones. Contrajo en primeras nupcias con una hija de Pedro Ribera, vecino de Jerez, cuyo nombre no se desvela en los documentos; de segundas con Beatriz Vázquez, madre de Lorenzo de Soto, y finalmente con una hija del jerezano Gonzalo Díaz de Moyano.

En los legajos del registro del sello de la Chancillería de Granada encontramos otro Gonzalo Méndez de Soto, también natural de Jerez de los Caballeros, que bien podría estar relacionado con los anteriores. Este Gonzalo se casó con María Alonso Cabalgana, vecina de la villa Matamoros ‑aldea perteneciente por entonces a la “campana” de Jerez de los Caballeros‑, pasando a vivir el matrimonio a la misma ciudad de Jerez donde fueron padres entre otros de Diego Méndez de Soto que a su vez casó con la jerezana Inés González, padres de Diego y Juan Méndez de Soto[66].

El mencionado Matías Martínez escribe que al mismo linaje de estos Méndez de Soto perteneció Elvira de Soto, hija de Gutierre de Acosta y de Ana de Aguilar, vecinos de Jerez de los Caballeros. Elvira se opuso a la decisión de sus padres de contraer matrimonio, tomando el celibato e ingresando en el beaterio fundado en 1558 por San Pedro de Alcántara en esa misma ciudad[67]. Tras el fallecimiento de su padre, regresó al domicilio paterno donde además de su madre residía un hermano y una hermana menor, llamada Beatriz, que también abrazó el celibato. En 1594, Elvira de Soto fundó el convento de religiosas descalzas de San Francisco, falleciendo en 1618 a una edad centenaria.

Otros Sotos extremeños

A partir de mediados del s. XVI será habitual ver integrantes de linajudas familias extremeñas como los Arjona, Mejía, Tinoco, Melena, etc. enlazar con miembros de la familia Soto. En los documentos existentes en el Archivo General de Indias encontramos pruebas de estos acuerdos matrimoniales. Es el caso de Melchor de Arjona, natural de Jerez de los Caballeros e hijo de Juan Díaz de Arjona y de Isabel de Soto, que en 1535 pasó a Panamá[68]. Era sobrino de Ruy Sánchez de Arjona uno de los testigos que declararon en las pruebas para la concesión de la Orden de Santiago al adelantado Hernando de Soto. También de Jerez fue Hernán Sánchez Melena, hijo de Gonzalo Melena y de Juana Méndez de Soto, que en la misma fecha que el citado Melchor determinó emigrar al corregimiento panameño de Nombre de Dios[69]. Otro jerezano que buscó un mejor futuro en el Nuevo Mundo[70] fue Luis Sánchez de Arjona, hijo de Hernán Sánchez de Arjona y Juana de Soto, nieto de otro Hernán Sánchez de Arjona y sobrino nieto del citado Ruy Sánchez de Arjona.

No son los únicos ejemplos de matrimonios, en esta zona extremeña, de miembros del linaje de Soto; así, en 1634, hallamos a Inés de Soto, hija de Garci Méndez de Soto y Juana de Toro, casada con Francisco Tinoco Linero, nieto por línea paterna de Isabel de Soto y Gil Rodríguez de Tinoco, su primo. Otro Méndez de Soto, el presbítero Francisco, probablemente hermano del anteriormente citado, figura como testigo de boda de María de Soto en su enlace en 1602 con Hernán Sánchez Arjona, hermano del citado Juan Díaz de Arjona[71].

Tampoco debemos pasar por alto que en Extremadura, tierra de conquistadores, también destacaron otros Soto cuyo esfuerzo quedó reflejado en los anales de la historia.

Juan de Mendoza[72] cita a Gonzalo de Soto y su activa implicación en la conquista del poderoso reino de Perú y cómo, al tomar partido por el bando de Francisco Pizarro, se vio inmerso en la guerra civil entre los conquistadores al participar activamente en la batalla contra Diego de Almagro, uno de los capitanes imperiales finalmente degollado por orden del propio Pizarro. Es citado por Guerra y Villegas que, en base a los escritos genealógicos de Alonso García de Torres, rey de armas de los Reyes Católicos, dice que las armas de este Soto vienen definidas por

un escudo dibidido en quatro cuarteles, el primero y hultimo de Oro y los contrapuestos Azules, y sobre todo una Aguila Volante, la mitad de la caveza Cuello y lo rrestante de el cuerpo de oro y la otra mitad de todo el Roxo esto qe siente sobre el oro de el campo y el oro de el Aguila sobre el azul y Alrehedor y entorno de ella Una orla de oro con ocho candados aberyoletas de su natural color[73].

Alonso de Soto fue otro conquistador que, sin poder certificar su origen extremeño, también participó en la batalla contra Almagro. Guerra y Villegas[74] y Juan de Mendoza[75] lo citan en sus escritos como miembro de la Casa de Soto, «digno de ser memoria».


[1] Vid. imagen 33. Grabado por Juan Brunetti y dibujado por José Maea. Publicado en Retratos de los españoles ilustres con un epítome de sus vidas, Madrid, en la Imprenta Real de Madrid, siendo su regente D. Lázaro Gayguer, 1791.

[2] Elvas, Fidalgo de, Expedición de Hernando de Soto a Florida, [Madrid], Espasa Calpe, [1965], p. 11.

[3] Bravo, Concepción, Hernando de Soto, Madrid, Historia 16, 1987, p. 5.

[4] Salazar y Acha, Jaime de, Los Sánchez Arjona : estudio histórico sobre una familia extremeña. Madrid, Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, 2001, p. 21.

[5] Garcilaso de la Vega, el Inca, La Florida del Inca : historia del adelantado Hernando de Soto… y de otros heroicos caballeros españoles é indios, En Madrid, en la Oficina Real : y à costa de Nicolas Rodriguez Franco, impresor de libros, 1723, libro 1º, cap. I, p. 2.

[6] Herrera y Tordesillas, Op. cit., f. 160.

[7] Garcilaso de la Vega, Op. cit.

[8] «Hijo de Gonzalo Silvestre e Isabel Moreno, vecinos de Herrera [del Duque]» se enrola en la expedición del adelantado el 27 de febrero de 1538. VV.AA., Archivo General de Indias : Catálogo de pasajeros a Indias durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Redactado por el personal facultativo del Archivo General de Indias. Madrid, Espasa Calpe, 1930-1987, vol. 2. (1535‑1538), 1942, p. 257.

[9] «Hijo de Juan Coles y Luisa Rodríguez, vecinos de Zafra» se enrola en la expedición del adelantado el 02 de marzo de 1538. Ibíd. p. 268.

[10] Elvas, Op. cit.

[11] Fernández de Oviedo, Gonzalo, Historia general y natural de las Indias, Islas y tierra-firme del mar océano, Madrid. Imprenta de la Real Academia de la Historia, 1851.

[12] Pedrarias Dávila (o Pedro Arias de Ávila), de noble linaje segoviano y con un notable historial militar ganado en las guerras de Granada y África, es nombrado en 1514, con más de setenta años, primer gobernador de Castilla de Oro. En el periodo comprendido entre 1520 y 1530 ejerce el cargo de gobernador de Nicaragua fundando las ciudades de Panamá, Granada y León, donde fallece en 1531 a los 91 años. Contrajo matrimonio con la dama segoviana Isabel de Bobadilla y Peñalosa, de cuyo matrimonio nacieron nueve hijos. Entre sus hijas citaremos a María de Peñalosa, casada en 1516 por poderes y sin su consentimiento con el conquistador extremeño Vasco Núñez de Balboa; matrimonio que no se consumó ya que nunca se llegaron a conocer al ser el jerezano decapitado por orden del propio Pedrarias. María de Peñalosa volvió a casarse con el segundo gobernador de Castilla de Oro, el segoviano Rodrigo de Contreras. Otra de sus hijas fue Leonor de Bobadilla, que casó en primeras nupcias con el jerezano Nuño de Tovar, segundo de Hernando de Soto y capitán de la nao «La Magdalena”» de la flota a La Florida. Tampoco hemos de olvidar a la tercera y más pequeña de sus hijas, Isabel de Bobadilla, que llegaría a ser la esposa de Hernando de Soto.

[13] Normalmente este tipo de expediciones eran costeadas con capital privado pero, en el caso que nos ocupa y ante tan arriesgada empresa, se costeó con dinero de la corona por orden de Fernando el Católico con atractivas mercedes y prebendas para incentivar el viaje. La flota de 22 naves con unos 1.500 hombres a bordo, buena parte de ellos hidalgos de cuantía, partió del puerto de Sanlúcar de Barrameda el 11 de abril de 1514.

[14] Territorio que abarcaba una parte de la actual Nicaragua, Panamá, Colombia y Costa Rica.

[15] Mira Caballos, Esteban, Hernando de Soto : el conquistador de las tres Américas, [Barcarrota, Badajoz], Ayuntamiento de Barcarrota, D.L. 2012, p. 17.

[16] López Martínez, Mario, Conquistadores Extremeños, León : Lancia, [2004], p. 152.

[17] Instrucción que dio Francisco Pizarro a Hernando de Soto, nombrado su teniente de gobernador en el Cuzco, sobre el cumplimiento de las obligaciones de su empleo. Jauja, 27 de julio de 1534. AGI, Patronato, legajo 90A, N. 1, R. 5.

[18] Hernando de Soto tenía hecho un consorcio económico con sus viejos amigos y compañeros de fatigas Hernán Ponce de León y Francisco Compañón. A la muerte de este último, fue Ponce el encargado de manejar los asuntos económicos de la compañía, mientras que Soto le dio más prioridad a las conquistas territoriales. Meses antes de regresar a España, concretamente el 27 de junio de 1535, ambos capitanes hacen una escritura de “hermandad y compañía” de sus negocios. Hernán Ponce de León contra Isabel de Bobadilla (Aceptación de la compañía que hicieron Hernando de Soto y Hernán Ponce de León). AGI, Justicia, legajo 750A, N. 1, ff. 54r a 60r.

[19] Ese mismo año, 1534, Hernando de Soto envía una sustancial cantidad de dinero a Jerez de los Caballeros, como queda reflejado en el Poder que otorgó Mencía de Soto, hija de Francisco Méndez de Soto, a favor de Juan Méndez de Soto, su hermano para que pudiera cobrar lo que mandó de Perú el Adelantado Hernando de Soto, también su hermano. AHN.SN, Archivo de los Duques de Fernán Núñez, caja 541, documento 8. 

— Dos años más tarde Francisco de Barrionuevo, gobernador de Tierra Firme, hace referencia al regreso de Hernando de Soto hacia la península: «E aquí ban es esta flota çiertas personas del peru que lleban mucha cantidad de oro e plata, espeçialmente el capitan hernando de sotto q me certifican q trae en plata y en oro mas de çientto y quarenta myll pºs». Francisco de Barrionuevo: varios asuntos: Tierra Firme y Perú. AGI, Patronato, legajo 194, R. 34, f. 152.

— Diego Gutiérrez, escribano público y del consejo de la ciudad de Nombre de Dios «de este reyno de tyerra firme llamado castilla del oro de estas yndias del mar oceano», da fe del registro que con destino a los reinos de España hizo Juan de Valladares, maestre de la nao Santa Nuestra del Campo «de que era señor el capitán Hernando de soto» el 26 de enero de 1536. «Registro el dho capitan Hernando de soto que lleva en la dha su nao suyos propios çincuenta myll pesos de oro en oro de dhos quilates e barras y ojas e pieças e tresmyll y doscientos marcos de plata». Hernán Ponce de León contra Isabel de Bobadilla (Lo que registra el adelantado Soto en el nombre de Dios). AGI, Justicia, legajo 750A, N. 1, f. 301r.

[20] El acuerdo de escritura de dote y arras de doña Isabel de Bobadilla fue otorgado en Valladolid en 1536 entre Isabel de Bobadilla Peñalosa y Hernando de Soto. Podríamos decir que Isabel llegó al matrimonio bien dotada por disposición testamentaria de su padre que le dejó, para hacer frente a las cargas matrimoniales, la hacienda panameña con sus pertenencias y ganado, tanto vacuno como caballar. En el lote se incluían los esclavos encargados del mantenimiento de la hacienda, que todo ello ascendía a una importante cantidad monetaria. Hernán Ponce de León contra Isabel de Bobadilla (La promesa de la dotte q dio a doña ysabel qando caso con el adelantado la promesa de la arras del dho adelantado). AGI, Justicia, legajo 750A, N. 1, ff. 61r a 66r.

— «Item, confieso que recibi en dote con dona ysabel de bobadilla, mi legityma mujer syete myl castellanos de los cuales al tiempo que hago este my testamento tengo reçibidos en my poder dos myl castellanos y otros dos myl estan en Espana deposytados en la casa de la contratación e los otros tres myl estan en poder del deudor a quyen se vendieron ciertas vacas en los quales senalo la dote». Hernán Ponce de León contra Isabel de Bobadilla (Testamento del Adelantado Soto). AGI, Justicia, legajo 750A, N. 1, f. 49r. Vid. nota en “Bibliografía y manuscritos consultados”.

[21] Majó Framis, Ricardo, Vidas de los navegantes, conquistadores y colonizadores españoles de los siglos XVI, XVII y XVIII, Madrid, Aguilar, 1954-1957, tomo II (1956): Conquistadores, p. 930.

[22] John Hemming, basándose en la obra del cronista de la Orden de San Agustín, Miguel Cabello de Balboa (Miscelánea Antártica, Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2011) mantiene que era mujer de Quilaco (bautizado como Hernando Yupanqui), general de Atahualpa y que tras la muerte de este pasó a ser amante de Hernando de Soto. Hemming, John, The conquest of the Incas, New York, Harcourt Brace Jovanovich, cop. 1970, p. 181.

— En contraposición, cuando Bernabé Picón testifica en la audiencia de Lima el 22 de julio de 1562, afirma haber conocido a Nusta Tocto Chimbo en 1533 siendo «mujer de Atabalipa». Informaciones de los méritos y servicios hechos por los primeros descubridores, conquistadores y pobladores del Perú. (Doña Leonor de Soto sobre que se le haga merced a Garcia Carrillo su marido que se nombre un repartimiento que valga doce mil pesos de Rda tres vidas). AGI, Patronato, legajo 109, ff. 1201r a 1234r. Vid. nota en “Bibliografía y manuscritos consultados”.

[23] En el testamento de Dª. Leonor que pasó ante Juan de Herrera, escribano de su majestad y del cabildo de Cuzco, se indica que deja por universal heredera a su hija Leonor de Soto, indicando que esta ya reside en Lima en casa de D.ª María de Escobar, [natural de Trujillo (Cáceres), casada en primeras nupcias con Martín de Estete y en segundas con el conquistador extremeño Diego de Chaves]. Ibíd.

[24] «Esta señora [María de Escobar], digna de un gran estado, llevó el trigo al Perú, a la ciudad de Rímac. Por otro tanto adoraron los gentiles a Ceres por Diosa, y de esta matrona no hicieron cuenta los de mi tierra» Garcilaso de la Vega, el Inca, Antología de los comentarios reales; con una introducción crítica por José de la Riva-Agüero, Madrid, M. Aguilar, 1929, cap. LXXXIII, p. 380.

[25] Hemming, Op. cit., p. 181.

[26] Renta anual pagada semestralmente por los indios tributarios del valle del mismo nombre.

[27] Pedro de Soto presentó el 18 de noviembre de 1586 unos lienzos a Felipe II, que el virrey de Perú D. Francisco Álvarez de Toledo (Oropesa, 1515 ‑ Escalona, 1582) había traído al finalizar su gobierno en 1581 y que permanecían en Sevilla tras la muerte de este. Extraviados actualmente, contenían retratos de los reyes Incas, así como información de sus genealogías y datos de su reinado. Dicha información fue mandada certificar por Toledo en 1572. Busto Duthurburu, José Antonio del,  “La mestiza del capitán Hernando de Soto, su familia y los lienzos del virrey Toledo”, en Revista histórica : Órgano del Instituto Histórico del Perú, Lima, 1965, vol. 28, p. 116.

— Villarías Robles, Juan J. R., “Los paños históricos de Francisco de Toledo, virrey del Perú: Contexto e interpretación de una representación gráfica indígena de la historia incaica”, en Pino Díaz, Fermín del, Riviale, Pascal & Villarías Robles, Juan J. R. (editores), Entre textos e imágenes : representaciones antropológicas de la América indígena, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2009, p. 80.

[28] Traslado del testamento de Hernando de Soto realizado en San Cristóbal de la Habana en 10 de mayo 1539. Hernán Ponce de León contra Isabel de Bobadilla (Testamento del Adelantado Soto). AGI, Justicia, legajo 750A, N. 1, ff. 43r a 53v. Vid. nota en “Bibliografía y manuscritos consultados”.

[29] María de Soto, estaba avecindada en la nicaragüense ciudad de León y casada con el acaudalado encomendero leonés (?) Hernán Nieto, quien sería decapitado en Panamá en Julio de 1550 por su nada clara participación en la muerte del primer obispo de tierra firme, Fray Antonio de Valdivieso, el 26 de febrero de 1550.

[30] Real Cédula de asiento y capitulación tomados con el capitán Hernando de Soto para la conquista y población de la provincia del Río de la Palma hasta la Florida. AGI, Indiferente General, legajo 415, libro1, ff.41r a 45v.

[31] «llevaban un total de 213 caballos, así como cerdos, mulos y perros. Es curiosa la inclusión de una piara de cerdos que no tardó en reproducirse, limitando sensiblemente las hambrunas». Mira Caballos, Op. cit., p. 63.

[32] «La Cesarea Magestad hiço merced à Hernando de Soto de la Conquista, con Titulo de Adelantado, y Marquès de un Estado de treinta leguas en largo, y quinçe de ancho, en la parte que èl quisiesse señalar, de lo que a su costa conquistasse. Diòle asimismo, que durante los dias de su vida fuesse Governador y Capitan General de la Florida, que tambien lo fuesse de la Isla de Santiago de Cuba, para que los vecinos, y moradores de ella, como à su Governador, y Capitan, le obedeciessen y acudiessen con mayor promptitud à las cosas, que mandasse, necessarias para la Conquista. La Governación de Cuba pidiò Hernando de Soto con mucha prudencia, porque es cosa muy importante para el que fuere à descubrir, conquistar y poblar la Florida». Garcilaso de la Vega, La Florida del Inca, libro I, cap. V, p. 7.

[33] Real Provisión dada por Carlos V por medio de la cual se nombra gobernador y alcalde mayor de la Isla de Cuba a Hernando de Soto. Real Provisión. AGI, Audiencia de Santo Domingo, legajo 1121, libro 2, f. 98.

[34] Expediente de Hernando de Soto Gutiérrez Cardeñosa. AHN, Órdenes Militares, Caballeros de Santiago, exp. 7855.

[35] «mas no goço desta merced, porque quando la Cedula llegó à la Isla de Cuba, ya el gobernador avia entrado al Descubrimiento, y Conquissta de la Florida». Garcilaso de la Vega, La Florida del Inca, libro V, cap. VII, p. 208.

[36] Solar y Taboada, Antonio del & Rújula y Ochotorena, José de, El Adelantado Hernando de Soto. Breves noticias, nuevos documentos para su biografía y relación de los que le acompañaron a la Florida, Badajoz, Ediciones Arqueros, 1929, pp. 275‑334.

[37] Solar y Taboada solo contabiliza a los relacionados en el legajo 5536, libro 5º, ff. 271r‑296v, en cuya cabecera (f. 271r) puede leerse «la gente que pasa a Florida con el adelantado».

[38] No se mencionan los 50 esclavos que por merced real dada en las capitulaciones de abril de 1537, acompañaron a Hernando de Soto a la isla Fernandina… «otros çinquenta esclavos negros, la terçia parte dellos enbras, libres en la dha isla de los derechos de almoxarifazgo que dellos nos puedan perteneçer, y pagando los dos ducados de la licençia de cada uno de ellos». Licencia de esclavos a Hernando de Soto. AGI, Audiencia de Santo Domingo, legajo 1121, libro 2, f. 102v.

— En cambio, si se relaciona a cinco horros, «de color loro» o esclavos libres, que presentan sus correspondientes cartas de ahorría. Sus nombres, Alonso Pereda, vecino de Talavera; Luis Moreno, vecino de Úbeda; Pedro de la Torre, hijo del clérigo Bartolomé González, y vecino de La Torre; Juan Martín; y finalmente Bernardo, criado del capitán Pedro Calderón. VV.AA., Catálogo de pasajeros a Indias.

[39] «Novecientos y cinquenta Españoles, de todas calidades se juntaron en San Lucar de Barrameda, para ir à la Conquista de la Florida, todos moços». Garcilaso de la Vega, La Florida del Inca, libro I, cap. VI, p. 8.

[40] «Entre los 605 hombres que acompañaron a de Soto en su desastrosa expedición a la Florida». Komlódi, Zsuzsana, “Extremadura: Tierra de Conquistadores”, en Giraldo Garrón, María Francisca & Navareño Pinaredo, Pedro (coords.), Extremadura en el año europeo de las lenguas : literatura, cultura, formación y desarrollo tecnológico, Cáceres, Asociación Europea de Profesores de Español, 2001, p. 209. «La expedición estuvo compuesta por 762 hombres». Mira Caballos, Esteban, Hernán Cortés : el fin de una leyenda, Badajoz, Palacio de Barrantes Cervantes S.L., 2010. p. 63. Apud Sánchez Rubio, Rocío, “Extremeños con Hernando de Soto en la expedición a la Florida”, en Hernando de Soto y su tiempo, Villanueva de la Serena, 1993, p. 26.

[41] El 26 de enero de 1538 se enrolan con dirección a Florida los hermanos «Arias de Tinoco, Alonso Romo y Diego Tinoco, hijos de Gutierre García de Cardeñosa y María Romo, vecinos de Badajoz». VV.AA., Catálogo de pasajeros a Indias,p. 237.

[42] Carlos Enríquez de la Vega era segundo hijo del mayorazgo y estaba casado con Isabel de Soto, hija de Juan Méndez de Soto, hermano del adelantado, y de Beatriz Godínez.

[43] «Manvila o Mauvila ‑actual Mobile‑, ciudad amurallada situada posiblemente en lo que hoy es Choctaw Bluff, en el condado de Clarke, norte de Alabama, a unos 40 kilómetros sobre la confluencia de los ríos Alabama y Tombigby». Martínez Laínez, Fernando & Canales Torres, Carlos, Banderas Lejanas : La exploración, conquista, y defensa por España del territorio de los actuales Estados Unidos, Madrid : Edaf, 2009, p. 50.

— La batalla de Manvila, también conocida como Tascaluza, fue una de las más importantes que mantuvo Hernando de Soto con los indios y menguó drásticamente sus recursos. A lo largo de las nueve horas de enfrentamiento, perdió decenas de hombres y a la mayor parte de sus capitanes. «Fueron todos los que allí murieron, dos mil quinientos [indios] poco más o menos. De los cristianos murieron allí dieciocho de los cuales fue uno Don Carlos, cuñado (sic) del gobernador, y un (sic) su sobrino, y un Juan de Gámez y Men Rodríguez, portugués, y Juan Vázquez de Villanueva de Barcarrota, todos hombres de honra y mucha discusión. Los demás eran peones». Elvas, Op. cit., p. 91.

[44] «la muerte desgraciada de Don Carlos Enriquez, y la del capitán Diego de Soto, su cuñado: y añade, que el mismo Carmona le puso una rodilla sobre los pechos, y otra sobre la frente, y que probò à tirar con ambas manos, de la flecha que tenia hincada por el ojo, y que no pudo». Garcilaso de la Vega, La Florida del Inca, libro III, cap. XXIX, p. 157.

[45] La armada del adelantado estaba formada por la nao “San Cristóbal”, mandada por el propio Hernando de Soto; la “Magdalena”, a las órdenes de Nuño Tovar; la “Concepción” con Luis Moscoso de Alvarado al frente de la misma; la “Buena Ventura”, con Andrés Vasconcelos; la “Santa Bárbara”, con Diego García; y “la “San Antón” a cargo de Alonso Romo. Además de estas, habría que añadir una carabela a cargo de Pedro Calderón y dos bergantines que «se determinaron a marchar en avanzada de descubierta». Elvas, Op. cit., p. 18.

— Debe de existir alguna imprecisión en las anotaciones de este hidalgo portugués, pues en su escrito no cita a Miguel Jáuregui, quien se enrola en la expedición a La Florida en 18 de febrero de 1538 al frente de una de las naos. VV.AA., Catálogo de pasajeros a Indias, p. 253.

[46]«debía tener absoluta confianza en las relevantes prendas que adornaba a la que eligió compañera de su vida, como lo demuestra el hecho de haberle otorgado en la Habana, el 17 de mayo de 1539, un poder amplísimo, antes de su marcha a la florida». Solar y Taboada, Op. cit., p. 43.

— «nombro à Doña Isabel de Bobadilla su muger, e hija del Governador Pedro de Arias de Avila, Muger de toda bondad, y discreción, por Governadora de aquella gran Isla». Garcilaso de la Vega, La Florida del Inca, libro I, cap. XIII, p. 19.

[47] Una vez más nos volvemos a encontrar con disparidad de datos. Garcilaso de la Vega (Garcilaso de la Vega, La Florida del Inca, libro I, cap. XV, p. 21) indica que Hernando de Soto embarcó a La Florida con un millar de hombres, sin contar la marinería, y 350 caballos. Martinez Laínez (Martínez Laínez, Op. cit., p. 45) aporta un número de 650 hombres y 223 caballos, cifras estas que se aproximan a lo expresado por Luis Hernández de Biezma en su Relacion del suceso de la jornada que hizo Hernando de Soto, y de la calidad de la tierra por donde anduvo, donde nos habla de 620 hombres y 223 caballos.

[48] Vid. imagen 34.

[49] «andava engolfado de dia y de noche este Heroyco Cavallero, deseando, como buen padre, que los muchos trabajos, que èl, y los suyos en aquel Descubrimiento avian pasado, y los grandes gastos, que para èl avian hecho, no se perdiesen sin fruto dellos. Quando a los veinte de Junio del Año de mil y quinientos y cuarenta y dos, sintiò una calenturilla, que el primer dia se mostrò lenta y al tercero rigurosissima. Y el Governador, viendo el eccesivo crecimiento della, entendiò que su mal era de muerte, y assi luego se apercibiò para ella y, como Catolico Christiano, ordenò, casi en cifra, su Testamento [no hay constancia de estas últimas voluntades], por no aver recaudo bastante de papel, y con dolor, y arrepentimiento de aver ofendido à Dios, confesò sus pecados». Garcilaso de la Vega, La Florida del Inca, libro V, cap. VII. p. 207.

[50] «Guachoya ‑hoy Lake City‑, condado de Chicot, en el estado de Arkansas, junto al Misisipi. El lugar está al pie de una laguna formada por un meandro del río, no muy lejos de su desembocadura, en una región poblada por los indios Caddo». Martínez Laínez, Op. cit., p. 54.

[51] Luis Moscoso Alvarado se enroló en la expedición del adelantado el 9 de marzo de 1538. Con él, sus hermanos Juan Alvarado y Cristóbal Mosquera, hijos de Alonso Hernández de Diosdado de Mosquera Moscoso, comendador de Santiago, y de Isabel Suárez Alvarado. VV.AA., Catálogo de pasajeros a Indias,asiento 4.607.

— A la muerte del adelantado, fue Moscoso el encargado de subastar sus bienes en publica almoneda entre los expedicionarios supervivientes a la batalla de Manvila «a saber: dos esclavos y dos esclavas y tres caballos y setecientos puercos. Por cada caballo o esclavo daban dos o tres mil cruzados, los cuales habían de pagar de la primera fundición de oro o plata o de su repartimiento y obligándose, aunque en la tierra no hubiese de qué, a pagar de allí a un año; para eso daban fianzas los que en España no tenían hacienda para obligar». Elvas, Op. cit., pp. 128‑129.

[52] Uno de los trabajos más exhaustivos y cuidadosos sobre los supervivientes de la jornada del adelantado es el realizado por José Avellaneda, quien consigue dar nombre a 257 de los 311 hombres que apuntó Fidalgo de Elvas. Avellaneda Navas, José Ignacio, Los Sobrevivientes de la Florida : The Survivors of the De Soto Expedition, Gainesville, University of Florida Libraries, 1990.

[53] «mando que mi cuerpo sea de tal manera dispuesto que pueda llevarse a la tierra donde ntro señor fuere servydo de darles puerto y si alla obiere o se hiziere yglesia que allí sea deposytado e asta tanto que haya disposyción de le llevar a espana a la çiudad de xerez». Hernán Ponce de León contra Isabel de Bobadilla (Testamento del Adelantado Soto). AGI, Justicia, legajo 750A, N. 1. Vid. nota en “Bibliografía y manuscritos consultados”.

[54] Garcilaso de la Vega, La Florida del Inca, libro V, cap. VII. p. 208.

[55] Ibíd.

[56] Hernán Ponce de León contra Isabel de Bobadilla (Inventario de la propiedad de Hernando de Soto). AGI, Justicia, legajo 750A, N. 1, ff. 306r‑332v. Vid. nota en “Bibliografía y manuscritos consultados”.

[57] Isabel de Bobadilla, pocos días después de la partida de su marido, convocó a Hernán Ponce de León para tratar lo relativo a los documentos de contrato de asociación que habían firmado en 1535 ambos capitanes. Iniciándose así un largo litigio donde se verían involucrados Ponce de León, sus herederos e Isabel de Bobadilla. En 1545, se inicia juicio contra Isabel de Bobadilla en el que Ponce de León le reclama la mitad del oro traído por su consorte desde Perú, Panamá y otras provincias. A la sentencia dictada por los jueces de la Audiencia de la Contratación, apeló Isabel, reclamando lo que Ponce adeudaba a su marido. Hernán Ponce de León contra Isabel de Bobadilla, AGI, Justicia, legajo 750A, N. 1 y Legajo 750B, N. 1.

[58] Carta de Privilegio de Carlos I aprobando la carta de renunciación y traspaso del juro de 50000 maravedís anuales en la renta del derecho de la seda de Granadas otorgado por Fernando de Soto, Adelantado de La Florida y Gobernador de la isla de Cuba, a favor de Alonso Enríquez, vecino de Jerez de los Caballeros (Badajoz). AChG, Colección de Pergaminos, pergamino núm. 23.

[59] Fundación del mayorazgo que Alonso Enríquez y Mencía de Soto hicieron a favor de su hijo Diego Enríquez. AHN.SN, Archivo de los Duques de Fernán Núñez, caja 541, doc. 14.

[60] Salcedo Coronel, García de, Christales de Helicona, (En Madrid : por Diego Diaz de la Carrera) : a costa de Ioseph Muñoz Barma… Vendese en su casa…, 1650. BN, R.MICRO/1276. Sin foliar.

[61] Martínez Martínez, Matías R., El libro de Jerez de los Caballeros, [S.l.], [s.n.], 1892 (Sevilla, Imp. de E. Rasco), p. 418.

[62] Probanza de Gonzalo y Juan Méndez de Soto, vecinos de Jerez de los Caballeros. Año 1584‑1586. AChG, caja 4841, pieza21.

[63] Martínez Martínez, Op. cit., p. 418.

[64] Real provisión y ejecutoria de hidalguía de Lorenzo de Soto Bernáldez, vecino de Jerez de los Caballeros. En 26 noviembre de 1557. AChG, caja 4520, pieza 16.

[65] Pleito de Lorenzo de Soto Bernáldez, vecino de Jerez de los Caballeros. Año 1554. AChG, caja 4975bis, pieza 7.

[66] Real provisión ejecutoria de hidalguía de Gonzalo y Juan Méndez de Soto, vecinos de Jerez de los Caballeros. Año 1566. AChG, caja 4534, pieza 15.

[67] «Dispuso el zelosisimo, y religiosísimo Varon D:Pedro de Alcantara en la Ciudad de Xerez un recogimiento de matronas, y doncellas virtuosas, Beatas de la Orden Tercera de nuestro padre S. Francisco, que se recogieron en unas casas, que están en el distrito de S.Miguel […] entre otras fue una Doña Elvira de Soto».San Bernardo, Alonso de, Vida del glorioso San Pedro de Alcántara, padre y maestro de los frayles menores descalzos de N.P.S. Francisco, Madrid, por D. Joachin Ibarra, 1783, p. 69.

[68] Se enrola en dirección a Nombre de Dios el 7 de mayo de 1735. VV.AA., Catálogo de pasajeros a Indias,p. 60.

[69] Ibíd.

[70] Pasó a Nueva España el 20 de febrero de 1538. Ibíd., p. 256.

[71] Salazar y Acha, Op. cit.

[72] Mendoza, Op. cit., p. 394v.

[73] Guerra y Villegas, Minutas de linajes de España. Vol. 2. BN, manuscrito Mss/11775, p. 217v.

[74] Ibíd. p. 217r.

[75] Mendoza, Op. cit., p. 395r.