Depósito de minerales de la mina de carbón de Intriago

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20 de agosto de 1924
Anónimo
Col. Asociación Cultural Abamia. Cedida por Rosa Teleña Bulnes (Susierra)

En el valle del río Güeña, y muy especialmente en el que forma su afluente el río Tabardín, afloran terrenos carboníferos que fueron beneficiados en varios lugares, Bobia y Demués (Onís), Llano de Con e Intriago. En el año 1791, el vecino de Corao Francisco Blanco, alistador y comisionado de las Reales Obras de Nuestra Señora de Covadonga, descubrió en un lugar inmediato a Mestas de Con una cantera de carbón de piedra que necesitaba para trabajar el hierro utilizado en las obras del proyecto de Ventura Rodríguez.

Un par de párrafos en un artículo dedicado a la romería de Santa Ana por Ramón Llopis, director de El Popular, nos sitúan en el pueblo de Intriago en 1918:

La pequeña aldea, ayer tranquila, sosegada, de una quietud dulce, es hoy un coto minero; comienza a sentirse la pujanza de la vida nueva y las vigorosas palpitaciones del trabajo y del progreso, que es holgura y bienestar de los pueblos.

El movimiento en este día es inusitado, los mineros salen de sus escondrijos, las galerías quedan solas, la pica permanece ociosa, dejando de percibirse el sordo rumor de la vagoneta que corre cargada de carbón a lo largo de la galería; los mineros confundidos con los demás habitantes se divierten en el amplio campo donde se celebra la romería.

En el momento que se realizó esta fotografía, las minas pertenecían al vecino de Gijón Ángel González Posada, que en el año 1933 puso las minas de Intriago a disposición de los obreros para que las explotasen por si mismos; en caso contrario serían cerradas. Desconozco la resolución de este asunto pero continuaron beneficiándose porque en el año 1937 fallecieron dos mineros en un accidente. El depósito de minerales y la escombrera se encontraba en el centro del pueblo de Intriago.