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No deja de ser aventurado escribir la reseña biográfica de este cangués del que no encuentro partida bautismal indubitada y del que desconozco la fecha y el lugar de su fallecimiento. Pero cuando hablamos de Fernando de Labra, comerciante de Celoriu establecido en Cádiz, ofrecimos un artículo dedicado a su pariente, el empresario y naviero Ildefonso de La Fuente Noriega[1], también afincado en la ciudad gaditana.

Fernando de Labra era nieto de Diego de Labra González de la Torre, casado en primeras nupcias con Francisca Tejuca Soto. Al fallecer esta, contrajo un segundo matrimonio con María Concepción González [de Teleña] Pérez, viuda de Pedro de la Fuente. Estos últimos eran los abuelos paternos de Ildefonso de la Fuente Noriega. Se explica así la relación familiar de estos dos empresarios.

Casa natal de Ildefonso de la Fuente Noriega, en Llanu Con (Cangas de Onís, Asturias). Hacia 1920-1930. Fotografía: Benjamina Miyar

No he encontrado entre las partidas bautismales de San Pedro de Con una que concuerde con el nombre de nuestro reseñado, pero estimo que nació en Llanu Con (Cangas de Onís) en 1860, hijo de Pedro de la Fuente González y Teresa Noriega Nevares[2]. Si figuran las de sus hermanos Diego, Josefa, Pedro y Enriqueta[3]. Todos ellos fueron confirmados en julio de 1859, sin que se haga mención a la existencia de Ildefonso. Con posterioridad a esta fecha, solo aparece bautizado un niño al que se puso por nombre Alfonso Fernando (nacido el 15 de octubre de 1860). Se puede aventurar que este e Ildefonso sean la misma persona pero, si así fuese, ¿a qué se debe el cambio de nombre?

El matrimonio formado por Amparo Pellico Montes e Ildefonso de la Fuente Noriega

Sin embargo, en la relación de confirmados del día 1 de julio de 1872 figura, en el pueblo de Llanu Con, Ildefonso de la Fuente y Noriega, hijo de Pedro y Teresa. Nuestro biografiado casó con Amparo Pellico Montes, natural de Benia de Onís, con la que tuvo una hija: Teresa de la Fuente Pellico.

Ildefonso de la Fuente, empresario en Cádiz

Ildefonso de la Fuente emigra a Cádiz muy joven, en las últimas décadas del siglo XIX, y se establece como comerciante dentro del negocio ferretero. De 1905 es un anuncio en el que publicita su “almacén de efectos navales, ferretería, clavazón y pinturas”, ubicado en el Muelle de la Puerta del Mar, almacén que sufrió un incendio en septiembre de 1908[4]. En su afán por ofrecer el servicio más completo posible al sector naval gaditano, su compañía, que tenía su casa central en el número 9 de la calle Duque de la Victoria, disponía también de un almacén general de efectos navales, ferretería y pinturas, depósito de carbones así como el servicio de remolcadores para el transporte de carga en la bahía. Se advertía al público que la casa contaba constantemente “con operarios idóneos para toda clase de reparaciones con el soldador autógeno” y que también se hacían toda clase de trabajos de buzo, dentro y fuera del establecimiento, contando con personal y maquinaria a propósito. En 1909 indica en sus anuncios que es proveedor de la Armada Nacional.

En consonancia con ello, Ildefonso de la Fuente se mostró muy activo dentro del ramo de la construcción naval. Era propietario de una flota de remolcadores y barcazas que daban servicio al puerto gaditano[5]; en octubre de 1907 botó cuatro barcazas de su propiedad[6]. Dos años después construye el vapor Covadonga, para dedicarlo a remolques y servicios en la bahía[7]. La construcción y botadura de este barco fue peculiar pues su casco fue realizado en un taller de fundición y maquinaria llamado El Sur de Cádiz[8] que estaba regentado por los hermanastros Rafael Manzano Bazán y José Bustelo Bazán, en el que empleaban mano de obra cualificada proveniente del astillero de La Constructora Naval Española, donde ellos habían sido maestros, que estaba cerrado desde el año 1903.

Ildefonso de la Fuente les consultó sobre la posibilidad de construir un carguero para el transporte de sal entre las poblaciones de la bahía. Los hermanos, a falta de grada para construirlo, pensaron utilizar un corralón adosado a la Catedral Vieja. Autorizados por el obispo, se encargó el proyecto a Miguel Rechea Hernández, ingeniero naval de la Armada, que había sido director de Buques y Talleres en el Astillero de Vea Murguía. El 10 de noviembre de 1909, apenas dos meses y medio después del inició de su construcción, se culminaron los trabajos, siendo preciso derribar una de las tapias del corral para sacarlo. El traslado por las calles de Cádiz hasta el muelle, donde fue depositado en el mar por la grúa flotante Hércules, fue un acontecimiento que tuvo repercusión nacional[9].   

El año anterior, en el mes de octubre de 1908, había comenzado a construir el Varadero San Ildefonso, una grada para la reparación de buques pequeños, de hasta 1.000 toneladas, también conocido como el Varadero de Puntales por estar ubicado en esta zona del interior de la Bahía de Cádiz. El Auseva, semanario de Cangas de Onís, se hizo eco de la noticia publicada en El Correo de Cádiz el día 7 de diciembre de 1909, de la que tomamos los datos que mencionamos a continuación.

El varadero estaba construido de cantería y cemento, tenía una eslora de 105 metros, 20 metros de ancho y un calado de 4,30 en la boca; una altura de 4,60 sobre arenas y una profundidad de 6,60 en el basamento. En la parte alta del carenero un tambor de hierro, al que va unido un cable de acero de 200 milímetros, servía para la tracción de los buques por medio de una máquina de vapor de gran potencia. Por entonces, se estaban terminando los locales para almacenes, talleres, depósitos de materiales y herramientas y la casa de máquinas para el servicio del varadero. Asimismo estaban cerrándose los muros de contención para el depósito de carbón. Hasta la fecha se habían invertido 199.449 pesetas, calculándose que la finalización de las obras exigiría otras 49.500 a las que habría que añadir 30.000 más para la adquisición de las herramientas de los talleres de maquinaria y herrería[10].

Fue inaugurado el 20 de octubre de 1910, con la asistencia del gobernador civil y de los alcaldes de Cádiz y San Fernando que fueron recibidos a las puertas del recinto por Ildefonso de la Fuente y su sobrino Pedro. El ingeniero Miguel Rechea fue el autor del proyecto y su colega Emilio Martínez Sánchez Gijón dirigió las obras. Una vez bendecidas las instalaciones, la máquina procedió a subir al varadero al vapor José María, de Antonio Millán. Terminada la operación, en otra grada, se procedió a lanzar al agua un pequeño remolcador. Finalmente los invitados pasaron al interior del varadero, donde se sirvió un lunch a cargo de la Cervecería Inglesa y se brindó por Cádiz.

El material y maquinaria eran de la firma inglesa Day Summers & C.º, de Southampton. Las dimensiones de los buques que podía tomar el varadero dependía del tipo de barco, llegando hasta las 1.500 toneladas para los de vela y hasta 1.225 para los vapores. El largo total era de 360 pies ingleses y el del carro 148. Estaba destinado, según los anuncios publicados en la prensa, a la reparación de buques de todas clases y a la limpieza de sus fondos[11].

Al año siguiente, concretamente el 25 de septiembre de 1911, el ministro de Hacienda, Tirso Rodrigáñez, autorizó la habilitación del Varadero San Ildefonso “para la carga y despacho del extranjero y por cabotaje; de las mercancías necesarias para la industria de reparación de buques que tiene establecida en dicho varadero […] y todos los efectos indispensables á la industria referida”. Las mercancías estaban destinadas exclusivamente a las necesidades del varadero”[12].

En 1912, el Varadero San Ildefonso lanza una suscripción de 600 obligaciones, de 500 pesetas cada una. Se publicó un folleto informativo al respecto que no he tenido ocasión de consultar[13]. Al año siguiente, la revista madrileña Nuevo Mundo dedica dos de sus páginas a un interesante reportaje sobre el varadero en el que figuran varias fotografías que, por la baja calidad de la impresión, no nos permiten apreciar en su justa medida los trabajos realizados[14].

En 1918 se habla de constituir una sociedad para hacerse cargo del varadero. Ese año  el periódico La Monarquía publica un reportaje[15] que nos informa de su situación general. Dice que es un establecimiento de primer orden, emplazado entre el Astillero Gaditano y la Constructora Naval, que continúa dedicado a las labores para las que fue construido: limpiar, carenar, ampliar dimensiones de buques de hierro o madera y efectuar reparaciones de máquinas y calderas. Posee toda clase de talleres, no muy grandes pero suficientes para dichas obras en buques de 1.000 toneladas. El de maquinaria posee buenas herramientas modernas, entre las que sobresale “un grandioso torno para mandrilar el agujero de hélices, hasta de dos metros de diámetro”.  En el taller de herreros de ribera, donde también está el de calderería de hierro y cobre, se está terminando un horno para calentar y dar forma a las diferentes piezas de la armadura del buque. Otro, es el de carpintería y construcción de botes. Existe un almacén general bien surtido y una buena sala de gálibos.

Con todo, lo más interesante lo constituye el carro de 45 metros para dejar un buque en seco y reparar su fondo. Formado por vigas de doble “t” en acero laminado, corre sobre dos rieles por una pendiente de 109 metros de largo. Su estructura principal la compone un marco con cien ruedas a cada lado y sostiene al buque en toda su longitud mediante vigas, que pueden ser retiradas de manera independiente para reparar la quilla donde sea preciso. Su seguridad “es perfecta”, pudiendo permanecer el buque muchos días sobre él, “sin que se produzcan flexiones que pongan en peligro las costuras de las planchas”. Para su botadura, se aprovecha la marea alta, cuando hay cinco metros de agua al final de la grada y, deslizándose el carro por la pendiente, el barco queda a flote siendo luego remolcado al mar con suma facilidad.

El personal es “de lo mejor que hay por esta región”, con buenos obreros reunidos al cabo de mucho tiempo[16], bajo la dirección del “inteligentísimo maestro en construcción naval”, José Rodríguez Barba. La jornada es de ocho horas y se da a los trabajadores facilidades para que puedan tomar el tren de las 17,20 que los lleve a Cádiz. Los jornales son “bastante regulares”.

Ildefonso de la Fuente y la política

En paralelo a su labor empresarial, Ildefonso de la Fuente Noriega participó activamente en la política municipal de Cádiz. En 1905 lo encontramos como síndico administrativo del Ayuntamiento de Cádiz[17]. Tres años después es alcalde interino o accidental[18]. En 1917, al presentarse como candidato a las elecciones municipales se define como hijo del trabajo, “en el cifro mi honra y mi provecho”, y clama contra el Ayuntamiento “un inmundo comedero de los lacayos del cacique”[19]. Por entonces era directivo de la Liga Marítima en Cádiz, bajo la presidencia de Ramón de Carranza[20].

En 1920 se presenta por el sexto distrito, Pópulo y Escuela, como candidato por la Unión Conservadora, siendo elegido para integrar una corporación en la que fue segundo teniente de alcalde y presidente de la comisión municipal permanente de Beneficencia y Sanidad. El Noticiero Gaditano dibuja su persona:

un hombre de carácter franco y abierto, y aunque en ocasiones, efecto de esa misma franqueza, pudiera parecerte rudo, que por tal se toma a quien rinde culto a la verdad; un hombre prototipo de la lucha eterna por la prosperidad de Cádiz, ya que para esta prosperidad, tal vez mejor que en los campos de la política y del Gobierno, se lucha en el ejercicio de las industrias que a la población favorecen.

Se añade que es un luchador infatigable, de férrea voluntad y carácter bien templado, dedicado, con sus energías y su capital, a las industrias que dieron auge y vida a Cádiz, donde vive y creó una familia[21]. En 1922, tras la crisis del maurismo, ingresa en el Partido Conservador; continúa siendo concejal del ayuntamiento. Su hermano Diego, también fue concejal en los años 1909 y 1917. Ambos fueron miembros de la Asociación Patronal del Comercio, la Industria y la Navegación de Cádiz. Otro hermano, Pedro, había fallecido en Cádiz el 1 de febrero de 1909, ciudad a la que se había trasladado con motivo del inesperado fallecimiento de su hija Ana[22].

Teresa de la Fuente Pellico, con traje de asturiana. Fotografía: Benjamina Miyar.

En mayo de 1918 vende fincas en Llanu Con, a través de su apoderado Tomás de Francisco Nevares. Lejos quedaban los veraneos en su lugar natal. Como mencioné al inicio de este pequeño artículo biográfico, desconozco la fecha y el lugar de fallecimiento de Ildefonso de la Fuente Noriega, pues a partir del año 1922 no he podido encontrar ninguna noticia sobre su persona. Su hija y heredera, Teresa de la Fuente Pellico, parece haber continuado al frente de sus negocios[23].

Postdata

Debo a la amabilidad de Fernando Orgambides conocer que en un nicho del cementerio de San Pedro de Con (Cangas de Onís) reposan los restos mortales de Ildefonso de la Fuente Noriega y Amparo Pellico Montes. En la lápida leemos que el primero falleció el 20 de noviembre de 1933 y su esposa el 16 de febrero de 1944.

El matrimonio había retornado a su Asturias natal, pues Ildefonso fallece en su casa de Llanu Con [Llano de Con], de donde era natural y vecino, a los 72 años de edad. Como no existe ninguna partida de bautismo con su nombre en el año 1861, ni antes, por fuerza hemos de pensar que la suya es la que figura con el nombre de Alfonso Fernando, nacido el 15 de octubre de 1860; por lo tanto falleció con 73 años. De su matrimonio «no dejó sucesión». En su partida de defunción leemos que hizo testamento el 30 de diciembre de 1931.

Amparo Pellico Montes también falleció en Llanu Con, de donde era vecina. Su partida de defunción dice que era natural de Mestas de Con, hija de Pedro y Mariana, mayor de 70 años. Sin embargo, no he podido encontrar su partida de bautismo en San Pedro de Con, lo que nos dirige hacia el vecino concejo de Onís.


[1] Será citado, en prensa y bibliografía, como Ildefonso Fuente Noriega o, erróneamente, Ildefonso Fuentes Noriega.

[2] Contrajeron matrimonio en la iglesia parroquial de San Pedro de Con, el 5 de septiembre de 1849.

[3] Diego (nacido el 25 de marzo de 1850), Josefa (n. 9 de mayo de 1852), Pedro (n. 25 de marzo de 1856) y Enriqueta (n. 16 de marzo de 1858).

[4] En el incendio hubo tres heridos y el almacén quedó reducido a cenizas, estimándose las pérdidas en 100.000 pesetas. Por entonces, Ildefonso de la Fuente era alcalde interino de Cádiz. El Universo (Madrid), 5 de septiembre de 1908.

[5] En uno de los periódicos que se publican en Cádiz leemos la siguiente noticia: “Ayer ha llegado a este puerto procedente de Inglaterra, uno de los remolcadores con que aumenta su flota para el barqueaje de esta bahía el Sr. D. Ildefonso Fuente y Noriega. | El nuevo remolcador es de sistema moderno, de gran potencia y su velocidad a tiro natural es la suficiente para que pueda realizar viaje al Arsenal de la Carraca en 40 minutos. | Dentro de un plazo breve el señor Fuente contará con un servicio de barqueaje importantísimo, pues lo compondrán 4 remolcadores y 16 barcazas que podrán transportar a bahía desde las Salinas de la ribera quinientos lastres diarios de sal. | Esto significa, casi la resolución de uno de los problemas que se estudian para resolver el problema salinero, a cuyo asunto hemos de dedicar más extensión”. El Auseva, Cangas de Onís, año XIX, núm. 942, 17 de abril de 1909, p. 3.

[6] Llamadas Santa Ana, San Antonio, San Roque y San José.  El Auseva, Cangas de Onís, año XVII, núm. 866, 2 de noviembre de 1907, pp. 2-3. Se recoge una noticia del Diario de Cádiz del 25 de octubre anterior.  

[7] Antes había tenido otro del mismo nombre, fabricado en Francia en 1883. Además del Covadonga, contaba con el Virgen del Carmen; el primero de fuerza de 50 caballos y el segundo de 40. El Auseva, Cangas de Onís, 18 de diciembre de 1909, año XIX, núm. 977, pp. 1-2.

[8] Sobre este taller, véase “Los talleres de Manzano”, en Nuevo Mundo, Madrid, año XX, núm. 1016, 26 de junio de 1913, p. 10.

[9] “Una botadura insólita: el “Covadonga”, en Diario de Cádiz, 17 de mayo de 2020.

[10] El Auseva, Cangas de Onís, 18 de diciembre de 1909, año XIX, núm. 977, pp. 1-2. De El Correo de Cádiz, “Industrias gaditanas. Varadero de Puntales”.

[11] “Varadero San Ildefonso”, anuncio publicado en La Unión Ilustrada, Málaga, año V, núm. 204, 10 de agosto de 1913, [p. 30].

[12] Diario oficial de avisos de Madrid, año CLIV, núm. 220, 30 de septiembre de 1911, p. 1.

[13] Existen ejemplares en la Biblioteca Nacional de España de este folleto y de otros dos anteriores: Varadero San Ildefonso, Bahía de Cádiz (Puntales), Cádiz, Cavijoli y Mongay, 1910; Varadero San Ildefonso, Bahía de Cádiz (Puntales), Cádiz, Manuel Álvarez, 1912; y Varadero San Ildefonso, Bahía de Cádiz (Puntales) : datos más importantes que pueden servir de antecedentes para la suscripción de 600 obligaciones que se emiten a 500 ptas. cada una, preudariohipotecarias de dicho establecimiento mercantil, Cádiz, [s.n.] (Imp. de Manuel Álvarez), 1912.

[14] Nuevo Mundo, Madrid, año XX, núm. 1016, 26 de junio de 1913, pp. 12-13.

[15] La Monarquía, Madrid, año VIII, núm. 376, 18 de mayo de 1918, p. 6.

[16] “Mecánicos, ajustadores, torneros, herreros de ribera y de fragua, carpinteros de ribera y en blanco, fundidores, modelistas, oficiales del aparato autógeno y colla de peones…” Nuevo Mundo, Madrid, año XX, núm. 1016, 26 de junio de 1913, p. 12.

[17] El Auseva, Cangas de Onís, 13 de febrero de 1909, año XIX, núm. 933, p. 2; El Noticiero Gaditano, año II, núm. 147, 22 de abril de 1920, p. 1; El Noticiero Gaditano, año XII, núm. 4.542, 9 de octubre de 1930, p. 1.

[18] El Globo, Madrid, año XXXIV, núm. 11.824, 4 de septiembre de 1908, p. 1; Nuevo Mundo, Madrid, año XX, núm. 1016, 26 de junio de 1913, p. 13.

[19] T. R., Cádiz en los días que estremecieron al mundo, en Diario de Cádiz, 12 de noviembre de 2017.

[20] Vida marítima, Madrid, año XVI, núm. 564, 30 de agosto de 1917, p. 14.

[21] El Noticiero Gaditano, año II, núm. 152, 28 de abril de 1920, p. 2.

[22] El Auseva, Cangas de Onís, año XIX, núm. 933, 13 de febrero de 1909, p. 2. Por entonces, la familia De la Fuente Noriega se había labrado un prestigio en la ciudad andaluza. Buena muestra de ello es que el gobernador civil, Severo Gómez Núñez, y una comisión del Ayuntamiento presidieron el duelo por Pedro de la Fuente Noriega, actuando Fernando de Labra, en representación de la familia.

[23] En 1921 se adjudica a Teresa de la Fuente Pellico el cerramiento de la zona del Depósito Franco del puerto de Cádiz en la cantidad de 199.595 pesetas. El Financiero, Madrid, año XXI, núm. 1032, 7 de enero de 1921, p. 9.