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Campo de concentración de Eysses, Combatientes españoles en Francia, Corao, Familia Llanos, Guerra civil española, Héroes de Francia, Lucha antifranquista, Nazismo, Partido Comunista, Resistencia francesa, Segunda República Española
por Romà Torrents i Llanos

Cienfuegos, Cuba, 29 de marzo 1913 — Saint-Bauzille-de-Putois, L’Hérault, Francia, 23 de octubre de 1951. Maestro y revolucionario. Muerto por Francia.
Cuando Leandro Llanos Ugartemendia y Amalia Alonso Miyar se casaron en los primeros años del siglo XX, se unieron dos personalidades dispares. Leandro, hijo natural de Leandro Llanos Álvarez de las Asturias y de Josefa Ugartemendia del Arrazabal, recibió y canalizó hacia sus hijos el talante ilustrado, librepensador y republicano de la línea paterna: de su padre Leandro y sobre todos, el de su tío Eduardo.

Amalia era la contraparte de Leandro: conservadora, creyente, beatona; catorce años más joven que él y de una belleza extraordinaria. Uno y otro pactaron algo que fue decisivo para los cuatro hermanos. De la parte de educación que lindara con las creencias religiosas se ocupaba la madre. No sirvió de mucho la prevención de Amalia, el viento republicano y ateo de Leandro padre llegó a sus hijos (Leandro, el mayor, Elisa, mi madre, Félix y Amalia) hasta desbordarse[1]. Elisa nació en Corao, en el veraneo de 1908 en la casa de los viejos Noriega y Llanos. Félix nacería cinco años más tarde, un 29 de marzo de 1913, en Cienfuegos (Cuba) donde Leandro padre había decidido ir a hacer fortuna. Ese lugar de nacimiento sería importante y en ocasiones le ayudaría e incluso le salvaría la vida.

En 1917 la familia Llanos Alonso vuelve a Asturias. Se instalan en Oviedo y Félix, junto con sus hermanos, se formará en el instituto hasta llegar luego a acabar la carrera de magisterio en 1933 (y opositar en diciembre junto con Maruja Martínez Tuero).
La vida de los Llanos Alonso se desarrolla durante los años 1917 a 1931 entre Oviedo y los veraneos en Corao, un lugar que se hace, sin embargo, más lejano para los Llanos Alonso después de morir el abuelo. El año 1931 supone para los hermanos Llanos y su padre la llegada de aquello que tanto habían soñado: la República. Pero con ella también llega la muerte de Leandro Llanos Ugartemendia.
Elisa dejaría escrita entre sus notas una frase enigmática y significativa: “la familia, al faltar mi padre tomó, entre lo que podía juzgarse como situación inestable y posición forzada ante la vida, precisamente la honrada y valiente postura que la caracterizó a partir de entonces”[2]. En todo caso, el golpe fue tremendo y afectó sus vidas futuras.
La familia lucha por sobrevivir; Elisa acaba enfermería en Valladolid y la madre y Amalia hija regentan un estanco cerca del Parque de San Francisco.
Félix consigue plaza en Trubia. Se convierte en militante y dirigente del Sindicato de Maestros ATEA-UGT y después accede a la dirección del Comité provincial del Partido Comunista en Asturias. Participa activamente junto con otros maestros (Félix Bárzena,…) en la revolución del 34, siendo juzgado en un Consejo de guerra que le supone cárcel por primera vez[3].
El golpe de Estado franquista y la situación en Asturias dividen a los Llanos. Félix, liberado meses antes del golpe, se organiza en el Partido en Gijón, mientras Elisa, perseguida por ser hermana de Félix, es encarcelada en la prisión de Oviedo.
Félix, como representante del PCE, participa en la creación de un órgano de prensa unitario, pero el intento fracasa. Ya lejos de Gijón funda “Milicias”, que se editó primero en Llanes y luego en Covadonga.
En enero del 37 Félix es elegido como uno de los tres miembros del comité de enlace entre los partidos socialista y comunista de Asturias, pero no hay tiempo para la unión y para casi nada: la Asturias republicana cae el 21 de octubre y Félix, que decide quedarse voluntariamente en su tierra para organizar la resistencia y el Partido[4], tiene que huir al monte donde pasa un año como fugitivo y golpeado por el hambre, el frío y la fatiga (con José Tuñón, Mario Huerta y “el cubano” –no identificado aún-) malvive entre constantes enfrentamientos con las milicias falangistas. En abril del 38 caen en una emboscada, Tuñón muere y Félix, que consigue huir hiriéndose al rodar monte abajo, se une de nuevo con Huerta y “el cubano”. Apoyados por un paisano de Folgueras (Proaza) se esconden entre Gijón y Oviedo. En diciembre del 38, agotado de enfrentamientos y huidas, deja el maquis.
En Gijón, la dirección del Partido, que quedó en manos de jóvenes de las JSU y de mujeres comunistas que se habían librado hasta entonces de detenciones o ejecuciones (al frente de ese grupo estaba Maruja Camblor[5];y entre ellos y ellas también Maruja Martínez Tuero, la novia de Félix), le esconde siete meses[6].
Ese pequeño grupo, Maruja y su hermano Leandro, pueden organizar en agosto del 39 la marcha de Félix a Francia, en una de tantas veces que se escabulló de forma increíble. Esta vez lo hace en una ambulancia falsa; primero hasta Bilbao, después a una dirección segura de Pamplona y luego a pie, monte a través, hasta llegar a Francia. Hay dos versiones sobre el engaño de la fuga: Félix disfrazado de falangista o de enfermo…[7]; Félix no volvería ya a España ni volvería a ver a dos de sus hermanos (Leandro que muere en el 42 y Elisa que quedaría toda su vida en Catalunya) ni a su madre. Escribe a su hermana Elisa en el 47:
Al cruzar la frontera… la impresión fue una coexistencia de tristeza y alivio. La tristeza de una guerra perdida, de la separación con Maruja, del porvenir incierto… y el alivio infinito de no sentirme condenado a muerte, de no tener que estar con la desconfianza tensa de dos años de fascismo…[8]
En Francia inicia un largo periodo de militancia activa y de organización de los comunistas en el exilio, aunque primero ha de recuperarse de su fatiga y de la cojera del pie que conserva desde el enfrentamiento del año anterior. Sufre convulsiones y le diagnostican “histeria como consecuencia de la guerra”. Años después, en el 41 y ya en Marsella, resulta ser una “epilepsia jacksoniana post-traumática” al parecer consecuencia de un golpe en la frente causado en la huida del 38. Ese hecho, la cicatriz y la epilepsia (que fuerza y finge cuando conviene) le salvarían luego en varias ocasiones y más tarde de la muerte directa en Dachau.
La nueva guerra (mundial) destruye el aparato del PCE en Francia y Félix es detenido y conducido al campo de concentración de Gurs, en el que encuentra a muy pocos conocidos de Asturias (el también maestro Carlos Aparicio —ver notas posteriores— y Luis Montero). Malviven casi sólo pan y agua y juntos se incorporan a una compañía de trabajadores —a pico y pala[9]— pero Félix, como cubano y con otros latinoamericanos, se acoge al derecho de no alistarse por lo que es devuelto a Gurs. Allí, en la confusión de los días del armisticio con la Francia de Pétain (papeleo constante, llegada al campo de judíos y comunistas de toda Francia…) él y otro compañero consiguen salir a pie y con calma por la puerta de Gurs con una maleta en la mano y en la otra papeles cogidos de la enfermería simulando salvoconductos en regla. Huye a Bayona y luego a Burdeos y Orleans donde reencuentra a Amalia (y allí siempre con ella, con Aparicio y Montero, que han podido llegar legalmente, conoce a Adelina López Mier, una joven militante y exiliada vasca con la que intima, sin romper aún el recuerdo y la relación epistolar, indirecta o como puede, con Maruja).
Es reclamado por el Partido para actuar en la zona no ocupada. Perseguido por la Gestapo, en mayo del 41 llega por fin a Marsella con la orden de ir a América. Como ocurrió con un intento anterior desde Bayona no le sonríe la fortuna; los viajes se cancelan y debe quedarse. Se integra en la USC (Unitarian Service Commitee)[10];organizando un importante trabajo político con dinero suficiente y la ayuda de una secretaria, María Teresa de la Heras. Son buenos tiempos para “el agente” Félix: come bien, va a conciertos, visita y organiza grupos en Lyon, Grenoble o Arles bajo la dirección de Jesús Monzón y Carmen de Pedro. Se mueve bien sustituyendo a Azcárate, pero sin duda debió aguantar más de una contradicción al entrar en relación con cierta gente, como le explica a Elisa: “Azcárate, a quien había reemplazado en cierta manera, me puso en contacto con el Cónsul General de Méjico, las gentes del USC… etc. ¡Qué podredumbre!” Se ve con Adelina que va y viene por el monte desde Barcelona para estar con él de vez en cuando.
El 2 de septiembre del 42, detenido por la policía francesa acusado de “actividades terroristas”, es recluido, primero en Fort Vancia, cerca de Lyon (donde participa en un intento general de fuga que tiene éxito para sólo 19 reclusos), luego en Marsella y finalmente en Aix en Provence. En Aix es juzgado pero por su condición de ciudadano cubano puede acogerse a un proceso público y a la defensa de oficio de un abogado honesto (ambas cosas hubieran sido imposibles por su militancia comunista); recibe una sentencia tibia: sólo cuatro años. Félix razona a Elisa en el 47: “Por suerte la moral de Vichy se resquebrajaba, los soviéticos ya habían tomado Kharkov…” María Teresa de las Heras y otra compañera son absueltas.
En cumplimiento de la pena impuesta, Félix es enviado junto con centenares de otros detenidos de media Francia a la prisión de Eysses (Villeneuve-sur-Lot, Lot et Garonne). Era octubre de 1943, la vida en Eysses, su famosa rebelión y las consecuencias para Félix Llanos (Dachau) configuran su final: largo, doloroso y heroico.
Eysses fue un caso único como institución penitenciaria. Contaba con un director demócrata, una organización gaullista de guardias, las propias organizaciones de los presos (sumando prisioneros del PCE-PSUC y POUM llegaban a medio centenar y a cien el total de españoles), periódicos clandestinos en francés, castellano y catalán e incluso una revista de humor. Se iniciaba 1944 y era la hora de crear las máximas dificultades a la Francia colaboracionista y a los alemanes; estaba claro que en pocos meses se produciría la esperada invasión desde Inglaterra.
En esa línea de lucha y guerra de desgaste, la dirección de la Resistencia en Eysses acuerda el intento de una fuga en masa a sangre y fuego de los 1200 presos para el 19 de febrero, a pesar de las pocas garantías que ofrecía la Resistencia organizada de la zona. Los hechos de Eysses figuran como una referencia central de la lucha francesa contra el nazismo. Gente como Félix, y él de forma principal como dirigente del grupo español que por su experiencia formó las fuerzas de choque, contribuyeron a la gloria y leyenda de Eysses[11].
La insurrección estuvo a punto de triunfar. Desenterraron las armas llegadas de mil y una maneras, escondidas mes tras mes[12]. En pocas horas, tras lograr neutralizar a una parte de los guardias, tomaron el penal, excepto la central telefónica, los miradores y el exterior. Según el relato oficial de la rebelión, el grupo de españoles, curtidos en la guerra de España y el maquis, comandado por Llanos —con Portolés y Turiel, entre otros— debían ejecutar la parte más difícil: tomar las torres o miradores desde donde se batía a los resistentes. La fuga fracasa: los ataques fueron muy duros pero les faltaron explosivos[13].
Después de 48 horas de registros e interrogatorios, los guardias de Vichy, siguiendo dictados de la Gestapo, seleccionan unos cuarenta prisioneros, entre ellos diez franceses y dos catalanes (Jaume Seró y Domènec Serveto), que son ejecutados. Con la entrada posterior de la terrible división Das Reich SS al campo, se inicia para Félix, Huerga y otros 36 resistentes, a través de Blois y del campo de concentración francés de Compiègne[14], el camino de Alemania. El viaje en vagones repletos es terrible: muchos no llegan a su destino y mueren de hacinamiento, enfermos o de hambre y sed[15].
Félix llega a Dachau el 22 de junio de 1944. Se le asigna el número 73.683. Organiza la célula comunista y tras la marcha del Campo de Portolés y Turiel, se convierte en el responsable político. Con la ayuda de un kapo, antiguo miembro de las Brigadas Internacionales, se encarga del reparto de carbón y, aprovechando, lo cambia por alimentos y medicinas con los elementos corrompidos del Campo, cosa que le permite sobrevivir y salvar a otros muchos. Enferma de tuberculosis que luego acabaría con él. Convive con otros asturianos (Fernández, Fombona, García…) y más tarde se les une su amigo del alma, Barrio, que se les va lentamente y luego es incinerado en la fosa común. Félix escribe en su larga carta a Elisa del 47:
Dachau, como para otros Buchenwald u otro de los campos alemanes ha dejado seguramente su huella en mi… pero fue impotente, pese a todo su gigantesco aparato, para empañar los sentimientos de solidaridad, justicia, derecho… Sin embargo guardo de Dachau un recuerdo penoso: tengo en mis ojos los espectáculos horribles del crematorio, aún huelo la fetidez de los bloques cerrados…[16]
Dachau fue liberado por los americanos el 29 de abril del 45. Félix llega a París el 3 de junio, ingresando ese mismo día en el primero de la larga lista de hospitales y sanatorios que recorrería hasta morir (Hospital de la Salpêtrière, París). Adelina López Mier, entonces en Barcelona con Elisa, atraviesa los Pirineos a pie y se encuentra de nuevo con él un 17 de agosto de 1945. Mientras, Maruja Martínez Tuero —que ya había roto su relación con Félix— se había casado, después de dos consejos de guerra y años de cárcel en Asturias, con otro camarada comunista, también con consejos y años de prisión. Siguen para Félix, enfermo de muerte, años de clínica constante. También para Adelina, que se moviliza de sanatorio en sanatorio. De vez en cuando disfrutan de unos días en que él está mejor o de un fin de semana en el que ella recorre cientos de kilómetros para poder verle apenas unas horas.
Se casan. De esas relaciones esporádicas, nace en 1947 otro Félix Llanos.
En los últimos años se relaciona mucho con Elisa, su hermana del alma como él dice. Le escribe cartas exigentes de todo: de algunas diferencias personales y políticas que tuvieron[17], del desgarro y la incomprensión interior-exterior, del deseo de que si faltan él y Adela, Elisa cuide de Félix. A la recíproca, el autor de estas notas biográficas, hijo de la enfermera Elisa que, siempre represaliada, nunca pudo ejercer como tal, le hacen al nacer ahijado civil de Félix Llanos.
Como puede, Félix se sigue relacionando con su hermana Amalia que entonces sobrevive, con muy poca cosa, en la Bretaña.
Félix Llanos Alonso muere en Saint-Bauzille-de-Putois (L’Hérault) el 23 de octubre de 1951. Reposa desde entonces en la parte de cementerio civil destinada a las bajas de las dos grandes guerras. Un escueto “Mort pour la France” figura bajo el nombre, con una orla de la bandera francesa y siempre que alguien puede, con un ramo de flores de la tricolor republicana.

Para los que lo conocieron fue una persona muy culta, atenta, simpática, sensible y cariñosa; y un charlatán empedernido. Para algunos fue además una persona de gran valor y audacia, con una inteligencia fuera de lo común, duro y hombre de acción, con un “profundo sentimiento de fraternidad proletaria y humana”[18]. Pero siempre, sobre todo para los que sabemos de sus escritos familiares, con un gran sentimiento de culpabilidad cristiana, como si a pesar de todo algo le quedara a él (también a sus hermanos) de su madre Amalia.
En todo caso, aquel niño rubio que corría de pequeño por Corao en la casona de los antiguos Noriega-Llanos reposa como se le reconoció en vida más allá de la frontera, como Héroe de Eysses y de Francia (y por tanto del mundo que, con los claroscuros que se quiera, ganó —y se ganó— en el 45). Como ocurrió con los cerca de 25.000 españoles republicanos que dejaron la vida en los campos nazis o por sus efectos.
Dachau me ha matado de una muerte lenta. Dachau ha destruido mi cuerpo. Pero el campo no ha podido doblegar la pureza de mi conciencia comunista… Morir poco a poco no es cosa fácil. Pero después de Dachau, no me da ningún miedo[19].
Texto biográfico escrito por Romà Torrents i Llanos, sobrino de Félix Llanos Alonso. Publicado en Pantín Fernández, Francisco José & Meneses Fernández-Baldor, María del Carmen (Coords.), Hombres y Mujeres de Abamia, Corao, Asociación Cultural Abamia – Ayuntamiento de Cangas de Onís, 2012, pp. 213-222.
Notas y bibliografía[20]
[1] Leandro Llanos Ugartemendia había tenido dos hijos anteriores (José María Llanos Valle y José Ramón Llanos… ¿segundo apellido?) que no ocultó a Amalia y a los que reconocería como suyos al volver de Cuba. Y acaso hubo una hija anterior, en Chile.
[2] Son apenas seis cuartillas a dos caras manuscritas por Elisa Llanos de un intento de libro que le reclamé y que empezó ya muy tarde y enferma. Comienza narrando la emoción de la llegada de la República; atrás le quedaron cientos de poemas y notas sueltas que voy ordenando.
[3] Sería esa vez o acaso otra posterior en la que su tío Ramón Alonso Miyar, militar, aviador (y en el 36 rebelde franquista) consiguió sacar a Félix de la cárcel donde podía haber sido “paseado”. La familia Llanos Alonso se dividió cruelmente por la guerra pero siempre se quisieron, se respetaron y se ayudaron como pudieron.
[4] Carta de Carlos Aparicio a Juan Ambou, que cita en su libro, y en la que explica la decisión de Félix de quedarse en Asturias. Vid. nota decimoctava.
[5] En septiembre del 39 (huido ya Félix) caen 102 militantes comunistas. La responsable política era Maruja Camblor, que fue condenada a muerte (luego la pena le fue conmutada a la de 30 años de prisión).
[6] Maruja fue novia de Félix muchos años. Existen datos de uno y otro en el material familiar de las hijas de Maruja Martínez Tuero. El sumario del Consejo de Guerra contra ella, octubre 1940, y en el que fue condenada decía: “De filiación marxista, se significó por su propaganda revolucionaria, estando en contacto con los cabecillas durante el período rojo y posteriormente a la Liberación del Norte estuvo en comunicación con los huidos en los montes, procurando el salvamento y pase a Francia del cabecilla Llanos novio de la procesada y posteriormente recibió y transmitió a otros elementos comunicaciones de dichos huidos en beneficio del Partido”. Maruja ejerció entre otros sitios en Caes y en Quintueles (donde la llamaban “la Señora”). Sufrió cárcel cinco años y luego, por lo menos hasta el 65, vigilada y bajo informe. Se la homenajeó, junto a otros maestros republicanos y entre ellos Félix Llanos, en el año 2006, con un acto y una placa en el Colegio Jovellanos.
[7] Félix sin embargo da la que se supone versión real en la libreta a Elisa Llanos (nota 7): “El 4 de agosto marcho en taxi a Bilbao como “pasajero” de una señora que llevaba un crío a consultar un especialista de los huesos. Esta señora, antigua franquista o algo peor, se rehabilitaba haciendo trabajos de este género”.
[8] Material familiar, en particular libreta manuscrita escrita por Félix Llanos a su hermana Elisa Llanos en enero de 1947. Parte del relato que sigue es extraído de esa libreta en la que, condenados a no poder verse nunca más, Félix escribe a Elisa lo que le ocurrió desde la caída de la Asturias republicana. Otra versión de Félix (periodo 1937-1945), excluidas frases familiares y expresiones de afecto personal, está disponible en internet.
[9] En los últimos meses de 1940 se cifra en 220.000 el número de republicanos españoles que nutrieron las compañías de trabajadores extranjeros. Félix explica la posición resistente de los comunistas que hasta donde fue posible se negaron a participar en esas compañías, en definitiva bajo tutela alemana.
[10] El Unitarian Service Committee (USC) se fundó en 1940 por Robert Dexter como una organización internacional no sectaria con el propósito de asistir a refugiados europeos perseguidos por la Alemania nazi. Hoy en día, como UUSC, sigue siendo una organización internacional activa en la lucha por la defensa de los derechos humanos.
[11] Pons Prades, Eduardo, Republicanos españoles en la segunda Guerra Mundial, 1975. Luego editado en “La Esfera de los Libros”, abril 2003. Pons Prades recoge ampliamente datos de Félix y sobre todo la insurrección del 19 de febrero de 1944 en Eysses. Sin embargo, explica reiterada y erróneamente: “En vísperas de ser deportados a Alemania, Félix Llanos, el valeroso jefe del comando de la muerte, expira”.
[12] Íd. anterior. Y además, Jaladieu, Corinne & Lautissier, Michel, Centrale d’Eysses : douze fusillés pour la République, París, Association pour la mémoire d’Eysses, 2004. También el artículo del diario Público, “Una prisión para liberar a Francia”, de Andrés Pérez, corresponsal en París, 24 de enero 2012. La enfermería de la prisión fue el lugar clave para preparar la insurrección… Los antiguos presos de Eysses consiguieron años después el reconocimiento del país en tanto que Unidad Combatiente de las Fuerzas Francesas del interior.
[13] Íd. dos notas anteriores. Además Félix explica en “la libreta”: “Varias tentativas infructuosas alertaron al enemigo… A eso de las 11 recurren al grupo de españoles… les espanyols viennent! Decían los franceses del lado este, como si fuera certitud de éxito”.
[14] En Compiègne reciben exhaustos, entre canciones, la noticia de la invasión de Normandía.
[15] Pons Prades, Republicanos españoles, Jaladieu & Lautissier, Centrale d’Eysses, “Libreta a Elisa” y relato en la red de Félix Llanos.
[16] Félix escribe en su libreta a Elisa: “… ni un sólo comunista se envileció, aunque algunos murieron y otros muchos sobrevivieron en medio de una espantosa miseria… y entre los españoles no hubo ningún caso de prostitución, robo o chivatería”.
[17] Alguna pista sobre lo que encierran las últimas cartas de Félix a Elisa y, a la inversa, en Cabrero Blanco, Claudia, Mujeres contra el franquismo (Asturias 1937-1952) : vida cotidiana, represión y resistencia. Oviedo, KRK, 2006. El desencuentro de Félix y Elisa tuvo algunas consecuencias políticas.
[18] Ambou, Juan, Los comunistas en la resistencia nacional republicana : (la guerra en Asturias, el País Vasco y Santander), Madrid, Editorial Hispanoamericana, 1978. Juan Ambou, fue consejero de Instrucción Pública del Consejo Soberano de Asturias 1936-1937. Carta del también maestro Carlos Aparicio que menciona Juan Ambou: “En el campo de Dachau fue incinerado otro querido camarada nuestro, Joaquín Barrios. Llanos salió con vida, pero ya condenado a muerte por la tuberculosis. Nos volvimos a ver a su regreso de Alemania, en 1945, en París. Estaba en un hospital para tuberculosos. Nos veíamos con frecuencia. O yo iba a verle a uno de los hospitales o sanatorios donde se encontraba, o él venía a verme a mi domicilio. A pesar de que sabía perfectamente la gravedad de su estado, de que era ya incurable, Llanos nunca perdió el humor. Charlaba, hacía bromas como siempre, estudiaba, sin dejarse abatir. Su salud declinaba de día en día. Vino su mujer, Adelina, de la que tuvo un hijo, llamado también Félix, y fue trasladado a otro sanatorio lejos de París. Ya no volví a verle. Nos despedimos por carta. Yo fui a vivir a mediados de 1951 a Viena (Austria), y al poco tiempo recibí una carta de su mujer informándome del fallecimiento de Félix Llanos.
[19] Ultimas líneas de la libreta a su hermana Elisa Llanos Alonso (Corao, 1908 — Sant Pere de Ribes, 1976).
[20] Otras fuentes: Laruelo Roa, Marcelino, La libertad es un bien muy preciado: consejos de guerra celebrados en Gijón y Camposancos por el Ejército Nacionalista al ocupar Asturias en 1937 : testimonios y condenas, Gijón, 1999. Estrella Argentina Fernández Inguanzo, recordando a su padre Horacio cita en algún momento la ayuda de Félix escondiéndola a ella y sus hermanos en el 36. Otras fuentes, citadas por Ambou en su libro, no consultadas por este autor y sin datos bibliográficos disponibles: Alberto Fernández, Españoles en la Resistencia y Miguel Ángel, Los guerrilleros españoles en Francia.