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José Antonio Ruenes fue un personaje excepcional que estaría enterrado en el olvido de no ser por varias menciones hechas por Gaspar Melchor de Jovellanos en sus diarios, la mayoría relacionadas con temas culturales y, en especial, con tres estelas vadinienses recogidas en su posesión de La Gargantiella, en las afueras de Cangas de Onís. 

Su figura, sin embargo, trasciende el mero coleccionismo arqueológico: diversas noticias literarias y algunos documentos notariales nos permitirán configurar una fragmentaria, pero sugerente, biografía[1].

Familia

Joseph Antt.o Ruenes Fernández nació en Benia de Onís el 5 de julio de 1737, hijo del matrimonio formado por Lorenzo Ruenes Suárez de la Cueva y María Fernández Villoria, vecinos de dicho lugar.

Los Ruenes eran naturales y vecinos del lugar de Avín, en el concejo de Onís, e indudablemente se trataba de una familia acomodada y culta que pudo proporcionar a José Antonio una esmerada educación. El padre fue quien, en 1772, dio respuesta al cuestionario sobre Onís que el eminente geógrafo Tomás López había enviado para la elaboración de su Diccionario geográfico de España. Fue asimismo uno de los fundadores, treinta años antes, de la Real Congregación de Nuestra Señora de Covadonga en Madrid, junto a otros muchos naturales del concejo, entre ellos su hermano Juan Antonio, que destacó como uno de los miembros más activos durante los primeros años de vida de la cofradía[2].

Los hermanos Lorenzo y Juan Antonio Ruenes figuran asimismo como cofrades de la Cofradía de Hermanos Devotos de las Ánimas del Purgatorio de la parroquia de Santa Eulalia del concejo de Onís. En tal calidad intervinieron en la revisión de las antiguas ordenanzas de 1676, imprimiéndose, a su costa y de otros cofrades, las nuevas, aprobadas por el ordinario de la ciudad y obispado de Oviedo el 28 de junio de 1751, con el título Constituciones, y ordenanzas para el govierno de la Cofradia de Hermanos devotos de las animas del Purgatorio, que está en la parroquia de Santa Eulalia, del Concejo de Onís, Principado de Asturias.

Carrera jurídica y servicio en la casa de Alba

José Antonio Ruenes Fernández se graduó como abogado de los Reales Consejos el 27 de agosto de 1765 y se estableció en la villa y corte de Madrid. Con el tiempo llegó a ser académico de la Real Academia de Derecho español y público de Santa Bárbara y de la Real Academia de Sagrados Cánones, Liturgia, Historia y Disciplina eclesiástica de San Isidoro. No iniciaría los trámites para ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid hasta diez años después de graduarse, el 15 de febrero de 1775, siendo admitido en la junta celebrada el 28 de octubre de ese año[3].

Fernando de Silva Álvarez de Toledo, XII duque de Alba, pintado por Antonio Rafael Mengs. Fundación Casa de Alba.

Durante la década que media entre ambas fechas, o al menos en buena parte de ella, estuvo al servicio de la casa de Alba, destacando su desempeño como corregidor de Piedrahita de la Sierra (Ávila) donde el XII duque de Alba, Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, estaba terminando de construir el palacio de estilo neoclásico diseñado por el arquitecto francés Jacques Marquet. Será utilizado como residencia veraniega, en especial por la XIII duquesa, María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, quien invitó al palacio a destacadas figuras de las artes y las letras españolas: Francisco de Goya, Juan Meléndez Valdés y Gaspar Melchor de Jovellanos, entre otros.

Su actuación como corregidor debió ser altamente satisfactoria para el duque, que lo promueve a la secretaría de su casa. El secretario era su persona de confianza: examinaba los sucesos ocurridos en los estados ducales, despachaba la correspondencia, atendía las peticiones recibidas y se constituía en instancia intermedia entre el aparato administrativo y el señor, al que consultaba para actuar de acuerdo con sus intereses. Ejercía las responsabilidades que le eran delegadas en materia de gobierno y, si así lo disponía el duque, también en justicia y administración de rentas.

En 1774, cuando Ruenes le solicite su exención del cargo, Fernando de Silva y Álvarez de Toledo tendrá palabras elogiosas para su empleado del que alaba su honradez, legalidad y aptitudes, recompensándole con 600 ducados anuales para su manutención mientras no se le proporcione una colocación más adecuada a su carácter: 

hallándome entendido de que D.n Josef Antonio Ruenes mi Secretario en quien concuren las prendas de mucha onradez legalidad, pureza y suficiencia y que no se adequa asu xenio eynclinaciones al referido enpleo ebenido en exsonerarle de el porque asu voluntaz hiba sin disgusto consinandole para su manuntencion el xsituado de seyscientos ducados annuales mientras selo aproporciona otra alguna colocacion decente […] Madriz seys de Nobienbre de mil setecientos setenta y quatro[4]

Regreso a Asturias: vida, propiedades y actividad pública

Antes de abandonar el servicio en la casa de Alba, Ruenes contrajo matrimonio por poder el 25 de mayo de 1773, en la iglesia de Santa María de Cangas de Onís, con Manuela Antonia González de Alles, hija de Fernando González de Alles y María Ignacia Porrero de la Bárcena, vecinos de la parroquia. El cura asienta en la partida matrimonial que Joseph Ruenes era abogado de los Reales Consejos, secretario del duque de Alba y vecino de Madrid. Sabemos que en 1775 residía en el número 2 de la calle de la Espada.

De regreso a Asturias, Ruenes se dedicó a administrar sus bienes, radicados en los municipios interiores del oriente de Asturias: Parres, Cangas de Onís, Onís y Cabrales. Adquirió propiedades, en especial en el concejo de Parres (por ejemplo, un molino harinero sobre el río Cayarga, cercano a su posesión de Mesariegos), arrendó otras (como la venta de la Cruz de Raos, en las proximidades de Puertas de Cabrales) y otorgó censos. Tras el fallecimiento de su suegro en el año 1779, le sucedió en el cargo de mayordomo del conde de la Vega del Sella. 

La Gargantiella, en la década de 1960. Gentileza de Elías J. González Llerandi.

Residió con su esposa en la casa de La Prida, propiedad del conde, hasta 1781, cuando convienen con la viuda de Fernando González de Alles su marcha a Puertas de Cabrales, pasando el matrimonio a habitar la quinta de La Gargantiella. Se dedicó entonces a mejorar la posesión comprando castañares o construyendo un molino de dos molares en el año 1787. Esta obra llevaba aparejada la construcción de una estanquera para su servicio en el río Güeña y le acarreó un pleito promovido por los colegiales de Covadonga, Fernando de Noriega Robredo y otros ante el tribunal de Oviedo, por considerar que interceptaba el paso de la pesca.

Más oscurecida está la fundación de una fábrica de loza. El Almanak Mercantil o guía de comerciantes para el año 1798 nos dice que en Cangas de Onís existía una fábrica de loza ordinaria y sabemos por Pascual Madoz que seguía activa a mediados del XIX. Un siglo después, Celso Diego Somoano encuestó a personas de edad que habían trabajado en actividades cerámicas. Le informaron que la fábrica se hallaba en La Gargantiella, en la orilla derecha del río Güeña, a unos seiscientos metros del núcleo urbano de Cangas de Onís[5]. Sin embargo, carecemos de base documental y considerar a José Antonio Ruenes como su promotor, pues fue el único vecino de La Gargantiella desde 1781 hasta 1803, no deja de ser una hipótesis de trabajo.

En el padrón de hidalguía de la villa de Cangas de Onís y lugar de Mercado de 1794, Ruenes y su esposa figuran como hidalgos notorios. Una década después residían en el barrio de Villoria, en Benia de Onís. Cuando pasan al concejo aledaño, arriendan y dan en quiñón unas casas una de vivir y otra de ganado mayor y otra q.e esta pegada junto a casa y un orio de seis pies frente a casa mas seis dias de vuies lavrantios y de una queriade castanares q.e sitia en treminos de la gragantiella…[6].

Dada su trayectoria, la participación en la vida pública del concejo de Cangas de Onís habría de resultarle sencilla. Los hermanos García Ceñal creían que Ruenes era el autor de un informe muy notable, un pliego de reparos que el municipio de Cangas de Onís hizo en 1783 a un proyecto de ordenanzas del Principado.

En el año 1792 fue juez primero por el estado noble, y durante su mandato se reformó o adecentó el viejo ayuntamiento. Para perpetuar el recuerdo de estas obras, mandó colocar una lápida con un texto de su autoría que el párroco Felipe de Quanda transcribe en carta a Tomás López:

MUNICIPI † UN CANGAS
DE ONIS QUONDAM
SEDES REGIA PELAGII FAFILE
ATQUE ILDEFONSI COGNOMEN
TO CATHOLICI HAS AEDES  PUBLI
CAS D.D. REPARAVIT ANNO MDCCLXXXXII

La lápida se conservaba en 1846, cuando Madoz publicó el tomo V de su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, y desapareció antes de que Sebastián de Soto Cortés la registrara con alguna variante, indicándonos sus medidas: 60 cm de largo por 40 de ancho. La vidriera existente en la escalera interior del actual ayuntamiento evoca aún su texto: Sedes regia Pelagi Fafile atque Ildefonsi cognomento catholici.

El 17 de febrero de 1804 fallece Manuela González de Alles, quedando viudo Ruenes a la edad de 66 años. Habría de durar poco en este estado, puesto que el 11 de marzo de 1805 otorgó testamento en Porquerizo (Ribadedeva) ante Ángel Francisco de Noriega, dejando como única y universal heredera de sus bienes a Micaela de Hoyos y Noriega, su segunda esposa. 

José Antonio Ruenes falleció en la madrugada del 7 de diciembre de 1806 y fue enterrado al día siguiente en el cementerio de su parroquia natal, Santa Eulalia de Onís. La existencia de dos testamentos (había otorgado otro, juntamente con su primera esposa, el 3 de febrero de 1803 ante Juan Antonio Fernández, escribano de Onís) suscitó controversias entre los herederos nombrados en uno y otro, según deja anotado Rodrigo Fernández Castañón, parroco de Santa Eulalia, en la partida de defunción: Havia hecho dos testamentos sobre cuya preferencia, y validez principian alteraciones entre los respectivos señalados Herederos…

Hombre de letras y coleccionista de antigüedades romanas

Con todo, nuestro interés principal se centra en la faceta cultural de José Antonio Ruenes Fernández al que Juan Agustín Ceán Bermúdez, el gran amigo y primer biógrafo de Jovellanos, califica como persona muy recomendable por su instrucción y buen gusto en ciencias y artes[7]. No se puede obviar que Ruenes, como secretario del XII duque de Alba, persona relacionada con ilustrados franceses y españoles y director de la Real Academia Española, debió estar en contacto con notables personalidades de la cultura de finales del siglo XVIII.

Ceán menciona a Ruenes como académico de la Historia y dice que es poseedor de una escogida librería[8] a la que él, Jovellanos y otros ilustrados asturianos –como el canónigo Carlos González de Posada– recurrieron en ocasiones. Su amor por los libros queda acreditado por un hecho revelador: cuando en 1775 se haga la información sobre su filiación, limpieza de sangre y oficios para ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid, llamó a declarar como testigos, entre otros, a Matías Escamilla y Miguel de Resamano, mercaderes de libros en la capital.

En su biblioteca figuraba un manuscrito del tratadista de pintura Lázaro Díaz del Valle, que prestó generosamente a Jovellanos para su copia. El polígrafo gijonés, a quien Ruenes conocía desde años atrás, vio el autógrafo en Cangas de Onís en julio de 1795 como anota en sus diarios:

Más que esto vale un manuscrito de Lázaro Díaz del Valle con noticias de varios pintores españoles, trabajado desde 1657 a 1659. ¡Qué tesoro para Ceán! Le repasamos y le llevo para copiarle; resta confrontarle con el Palomino y ver si le disfrutó, si le copió o si no fue conocido; en todo caso, es un curioso hallazgo…[9].

De vuelta en Gijón, Jovellanos escribe a Ceán el 2 de agosto de 1795: 

En poder de nuestro antiguo amigo Ruenes hallé un manuscrito cuyo título es: Memoria de algunos hombres excelentes que ha habido en España en las artes del dibujo, sacada de un manuscrito de don Lázaro Díaz del Valle, año de 1659. Ya concebirás fácilmente cuánta sería mi sorpresa, cuánto mi gusto y cuánto mi deseo de leerle. Al hacerlo, me hallé, como era natural, con los mismos nombres y las mismas especies que hay en Palomino; pero una más detenida reflexión me hizo sospechar que hay en él, no sólo noticias, sino autores de que aquel no hace mención[10].

Titulado Origen E Yllustracion del nobilissimo y Real Arte de la Pintura y Dibuxo, inauguró en España el género biográfico artístico, al modo de Giorgio Vasari, y fue utilizado por Antonio Palomino en El Museo Pictórico, y Escala Óptica y por el propio Ceán en su Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España.

El canónigo González de Posada también recibió la ayuda de Ruenes en sus trabajos literarios. Así, cuando habla del Dictamen Jurídico Político fundado en divinas y humanas letras… de Domingo Uriarte Argüelles, dice: Yo le tengo manuscrito, copiado del que está en la librería del Duque de Alba, por favor de su Secretario Don José Roenes. Al referirse a Juan Antonio Roza Quintana, autor de Cuadernillo utilísimo para todos aquellos que compren o vendan trigo, cebada y otros panizos… (Madrid, por Antonio Muñoz del Valle, 1660) escribe: Le he visto en poder de D. José Roenes… y me dijo que su Autor era asturiano[11].

Ruenes va a demostrar, también, su interés por las antigüedades romanas que aparecen en su tierra natal. En el siglo XVI se tienen las primeras noticias de la existencia de lápidas romanas en Corao, información que procede de dos ilustres escritores: Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, y Tirso de Avilés, canónigo de la catedral de Oviedo. Al primero le afirmaron los viejos de Corao que conocieron mas de veynte piedras que avia escritas. El segundo, que reitera el comentario, añade: an tenido también en el camino una columna de las con que solían señalar las millas. Lamentablemente, cuando Morales pasó por Corao solo pudo ver tres inscripciones porque el resto se han consumido enlos edificios[12].

José Antonio Ruenes fue el primero en recoger y conservar las estelas vadinienses del valle del Güeña. Sabemos por Felipe de Quanda y Garza, párroco de Santa María de Cangas de Onís, que era poseedor de tres inscripciones romanas que tenía colocadas en la quinta de La Gargantiella. Lo escribe al geógrafo Tomás López en carta fechada el 22 de octubre de 1798:

El P.e Risco publicó una lapida que D.n Josef Ruenes vec.o desta y dese Yle. Col.o de Abogados conserva en una pared dela casa, o Quinta dela Gargantilla cerca deste Pueblo; alli mismo acaba de colocar otras dos lapidas, cuia copia acompaño en los papeles n.o 1.o y 2.[13]

Estela de Fusco Cabedo. Fotografía: David Martino García.

La estela mencionada por el párroco Quanda como publicada por el padre Risco es la de Fusco Cabedo, encontrada en Corao y conocida al menos desde el año 1782 como se desprende de la carta enviada por José Antonio Ruenes a Gaspar Melchor de Jovellanos el 24 de mayo de ese año:

Esta misma tarde paso a copiar la inscripción que dije a V.S. de Corao, pues la otra está bien cerca de Santa Cruz, en una casería, y es regular quiera verla V.S. más en su original que en copia, bien que elegirá lo que guste, pues la tendrá también. Ambas son sepulcrales, y ésta es muy parecida a otra que halló Sandoval junto a Burgos, y aquélla tiene la particularidad de una señal de cruz encima, que nunca pude conciliar con su dedicación puramente gentílica de D. M. M.[14].

En esa misma carta le comenta que por la tarde quedará efectuado el andamio que V. S. se sirve encargarme y que al día siguiente hará copiar la consabida inscripción, que ya advertí maltratada en varias partes, con la mayor claridad de la ventana desembarazada de la tabla. La pintura de las letras tiene muy poco que hacer, pues son mayúsculas romanas semejantes a las de otras inscripciones de esta nación. Se está refiriendo a la lápida fundacional de la capilla de Santa Cruz, en Cangas de Onís, y Ruenes, como mayordomo que era del conde de la Vega del Sella, patrono de la ermita, podía llevar a cabo las operaciones que menciona.

Gaspar Melchor de Jovellanos vio esta inscripción el 25 de septiembre de 1790 en su visita al concejo de Cangas de Onís desde el vecino de Llanes. El año anterior, Manuel Risco había publicado que había sido descubierta en Corao junto al camino, la qual se conserva hoy en una pared de una quinta propia de Don Joseph Antonio Ruenes… [15]. Por lo tanto, Jovellanos invierte los términos cuando anota en su diario:  En Corao vimos la inscripción de Gargantiella de M. Fusco Cabedo[16]. Su texto dice así: M(onumentum) Fusci | Cabedi | Ambati · f(ilii) | Vadinie | nsis | an(norum) XXV | h(ic) s(itus) e(st) y se traduce: Monumento sepulcral de Fusco Cabedo, hijo de Ambato, vadiniense de 25 años. Aquí yace[17]. Esta bella estela, de fines del siglo I o inicios del siglo II d.C., es para David Martino García, autor de Epigrafía romana de Cangas de Onís : las estelas vadinienses (Corao, Ayuntamiento de Cangas de Onís, 2025), uno de los ejemplos paradigmáticos del conjunto vadiniense.

De la mencionada carta de Ruenes a Jovellanos se desprende que el fragmento encontrado en Cangas de Onís también era conocido en el año 1782. Había aparecido, según nos dice Felipe de Quanda, sirviendo de paso de escalera a un molino imediato ala capilla de S.ta Cruz de Cang.s y la colocó Ruenes donde la otra del P.e Risco[18].

Estela de Dovidena. Fotografía: David Martino García.

El hallazgo de la tercera de las estelas que reunió José Antonio Ruenes en La Gargantiella, la de Dovidena, fue, muy probablemente, posterior. Felipe de Quanda menciona que fue encontrada en una tierra labrantia término del Lugar de Coraín, conc.o de Cangas, y la colocó D.n Josef Ruenes, donde la otra, que copia el P.e Risco, en su españa sagrada[19]. Dice así: Posuit Sever | a matri suae D | ovidenae an | norum LV ae | ra CCCC | LXXIV y se traduce: Lo puso Severa para su madre Dovidena, de 55 años, en la era 474. Esta lápida de época tardía, seguramente del siglo IV, ha sido considerada como cristiana por algunos autores. Es notable y única en el conjunto vadiniense, según Martino, porque su texto se lee desde abajo hacia arriba y a partir de la tercera línea las letras se grabaron invertidas.

La relación de Ruenes con la epigrafía vadiniense no termina aquí: copió para Jovellanos de la estela de Fla(via) descubierta junto a la capilla de Santa Marina en Gamonéu de Onís. Así lo recoge el patricio gijonés en su diario, el 24 de julio de 1795: Visita de Ruenes: me ofrece una inscripción romana hallada en Santa Marina, ermita junto al lugar de Gamonedo[20]Dos días después, anota: En tertulia, Ruenes, que me trae copia de la inscripción de Santa Marina. Mal copiada… es preciso copiarla mejor[21].

José Antonio Ruenes no fue un simple curioso que recogió estelas romanas, sino un intermediario activo entre el hallazgo local y los eruditos ilustrados, que se preocupó por su interpretación comparándolas con otras inscripciones conocidas, convirtiéndose así en un eslabón en la cadena científica de nuestro conocimiento sobre la epigrafía vadiniense. Las tres inscripciones que recogió en La Gargantiella pasaron a poder de otro coleccionista cangués y continuador suyo, Antonio Cortés Llanos, que en 1868 cedió la estela de Dovidena al Museo Arqueológico Nacional, a petición de su director José Amador de los Ríos. En 1888, la lápida de Fusco Cabedo ya se encontraba en el excelente conjunto que Sebastián de Soto Cortés tenía en su palacio de Labra y, por último, el fragmento procedente de Cangas de Onís desaparecerá sin que se conozca su paradero. En la actualidad, las dos estelas conservadas forman parte de la colección del Museo Arqueológico de Asturias, en la que también se encuentra la de Fla(via), comprada por Soto Cortés a un vecino de Gamonéu en 1876.

Hemos dado una estructura a los escasos datos conocidos de la vida de José Antonio Ruenes, unos accesibles en ediciones impresas, otros en viejas escrituras al alcance tan solo de especialistas como don Celso, nuestro añorado cronista, pero es evidente que su retrato biográfico queda incompleto porque carecemos de la documentación que nos permita evaluar su integración en la sociedad canguesa o su importancia en el panorama cultural asturiano de su tiempo. Quizá en los archivos de las casas señoriales a las que sirvió existan documentos que propicien un acercamiento más profundo a su vida y obra, mientras tanto nos conformaremos con saber que fue un administrador reconocido por su trabajo, con una notable cultura, que le permitió relacionarse con destacadas figuras de la ilustración asturiana, y el pionero en la salvaguarda del patrimonio epigráfico romano de nuestra comarca.

Francisco José Pantín Fernández

Artículo publicado en el Boletín de Fiestas de San Antoniu, Cangas de Onís, SFC, 2026.


[1] Recientemente, el Ayuntamiento de Cangas de Onís ha publicado Epigrafía romana de Cangas de Onís : las estelas vadinienses (Corao, 2025), de David Martino García, quien estudia de manera exhaustiva las inscripciones romanas de nuestro concejo. Su altruista trabajo me ha servido de acicate para esclarecer un tanto la vida de Ruenes, pero el artículo no hubiese sido posible sin los previos trabajos de investigación de don Celso Diego Somoano que me han facilitado enormemente la búsqueda de documentación. Por último, quiero agradecer a Luis Coya Aláez, Luz Tamés, Elías J. González Llerandi y al personal de la Casa de Cultura de Cangas de Onís su contribución a la realización de esta pequeña reseña biográfica.

[2] Ha existido cierta confusión en la bibliografía con el nombre de José Antonio Ruenes al que los hermanos Enrique y Victoriano García Ceñal, en su artículo sobre Cangas de Onís en Asturias de Bellmunt y Canella (Gijón, 1897, tomo II, p. 28), mencionan como Juan Antonio, nombre de su tío Juan Antonio Ruenes Suárez de la Cueva y de su abuelo Juan Antonio Ruenes Alonso, lapsus que se trasladará a otros autores que los siguen. Por su parte, José Miguel Caso González anotará erróneamente, en las Obras completas de Jovellanos (Oviedo, 1986, tomo III, p. 131), que fue cura de Cangas de Onís.

[3] Biblioteca del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, [Libros de expedientes de incorporaciones], pp. 65-88. Ruenes, José Antonio. Expediente de limpieza de sangre incluyendo genealogía, partidas de bautismo e informe de testigos. Colegiado número 1868. Véase en www.europeana.eu

[4] Archivo notarial de Cangas de Onís, caja 278/1, protocolos de Juan Antonio Fernández, 8 de junio de 1803. El licenciado Josef Antonio Ruenes da poder a Ypolito Manuel de Quanda, agente de negocios de los Reales Consejos y vecino de la villa de Madrid, para que en su nombre y representación acuda a los tribunales para reclamar de la herencia y herederos de María Teresa del Pilar, última duquesa de Alba, que se le paguen 600 ducados de vellón en cada año con los réditos vencidos desde su fallecimiento.

[5] Pérez Vidal, J., “La cerámica popular española, zona norte”, en Publicaciones del Instituto de Etnografía y Flolklore “Hoyos Sáinz”, Santander, Diputación provincial de Santander, 1974, vol VI, pp. 44-46. Los datos le fueron proporcionados por Celso Diego Somoano, a la sazón presidente del Centro de Iniciativas y Turismo de Cangas de Onís. En cuanto a la producción, don Celso pudo saber de sus informantes que se fabricaban platos, escudillas, fuentes y botijos, estando algunas de las piezas recubiertas en la parte alta del exterior y en el interior por un baño blanco, siendo la base exterior de barro rojo o negro. La decoración se limitaba a algunas rayas blancas, azules o amarillas y algunos dibujos geométricos. El nombre de la finca servía como marca de fábrica en el asiento de las piezas que en la misma se producían, e incluso servía para designar estos productos. La fábrica dejó de funcionar a finales del siglo XIX, según unos, o en 1905, según otros.

[6] Archivo notarial de Cangas de Onís, caja 83, protocolos de José Manuel Tolivia, 24 de agosto de 1804. José Antonio Ruenes da La Gargantiella en arriendo y quiñón de toda fruta a José Martínez y Manuela Borbolla.

[7] Ceán Bermúdez, Juan Agustín, Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España, Madrid, Real Academia de San Fernando, 1800, tomo primero, p. IX.

[8] La heredará su sobrino, el abogado Ramón Sarro Ruenes. Sobre este personaje, véase: Autobiografías de asturianos de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, Oviedo, Real Instituto de Estudios Asturianos, 2009, tomo V, estudio y recopilación por José Luis Pérez de Castro, pp. 87-92.

[9] Jovellanos, Obras completas, Oviedo, 1999, tomo VII, p. 406. Todas las referencias a la correspondencia y los diarios de Gaspar Melchor de Jovellanos están tomadas de la edición de sus obras completas realizada por el gran jovellanista José Miguel Caso González, natural de Sotu Cangues, y sus continuadores. 

[10] Id., 1986, tomo III, p. 129.

[11] González Posada, Carlos, Biblioteca Asturiana o Noticia de los Autores Asturianos, Gijón, Colegio de la Inmaculada, 1980, Monumenta Histórica Asturiensia, VIII, edición preparada por José M.a Fernández-Pajares, pp. 37 y 74, respectivamente.

[12] Morales, Ambrosio de, La coronica general de España, Alcalá de Henares, en casa de Iuan Iñiguez de Lequerica, 1574, p. 203. Tirso de Avilés, Libro de las mas principales Antigüedades que ay en el Principado de Asturias asi de las que estan fuera de Oviedo como las que dentro de ella se hallan, manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, núm. 6070, f. 22.

[13] López, Tomás, Diccionario geográfico de España: Asturias, manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, núm. 7295. Carta de Felipe de Quanda a Tomás López, fechada el 22 de octubre de 1798. Se refiere a la estela de Dovidena (papel núm. 1) y el fragmento de Cangas de Onís (núm. 2).

[14] Jovellanos, Obras completas, Oviedo, 1985, tomo II, p. 217.

[15] Risco, Manuel, España Sagrada. Tomo XXXVII. Antigüedades concernientes a la región de los Astures Transmontanos desde los tiempos más remotos al siglo X, Madrid, 1789, p. 48.

[16] Jovellanos, Obras completas, Oviedo, 1994, tomo VI, p. 104. Esa noche compartió tertulia en el palacio de los Cortés con Ruenes, el párroco Quanda y el excusador, Manuel Fernández, que había sido criado de su hermana Juana.

[17] David Martino García es el autor de las transcripciones y traducciones de los textos.

[18] López, op. cit., papel núm. 2.

[19] Id., papel núm. 1.

[20] Jovellanos, Obras completas, Oviedo, 1999, tomo VII, p. 402.

[21] Id., pp. 405-406.