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El sacerdote jesuita y escritor Manuel Sainz Marcos nació el 23 de mayo de 1869 en el seno de una humildísima familia en Llenín (Cangas de Onís), en el sitio llamado La Granda. Alfonso Mestas Suero nos dice en El Auseva que en su niñez llegó a pedir limosna, al no alcanzar el jornal de su padre para el sostenimiento de la familia, hasta que se ocupó como pastor de ovejas en los montes cercanos, de los que era propietario Sebastián de Soto Cortés quien, viendo la afición del niño por la lectura, su talento natural y memoria, costeó su educación[1].
En el Colegio Nuestra Señora de Covadonga cursa el bachillerato. Este sobresaliente establecimiento educativo, fundado en Cangas de Onís en el año 1878 por el presbítero Antonio Sánchez Otero[2], tuvo una importancia capital en la conformación del ideario conservador en los ámbitos religioso y social del concejo y su consiguiente traslación al espacio político e institucional. Los políticos conservadores José de Abego Sánchez y José González Sánchez fueron profesores del colegio y este último sustituyó como director a Sánchez Otero cuando fue nombrado canónigo de la catedral de Oviedo. Abego, sempiterno diputado provincial, y González, alcalde durante dos décadas, protagonizaron la política local durante el primer cuarto de siglo en Cangas de Onís.
Moldeado por la excelencia, disciplina e ideario de su educación canguesa, nace en Manuel Sainz Marcos una fuerte vocación religiosa y cursa con notable aprovechamiento la carrera eclesiástica, ingresando en la Compañía de Jesús, en Loyola, el 10 de noviembre de 1886.
El P. Sandalio Diego nos dice que, terminado su noviciado, estudió cuatros años de Letras humanas, dos en Loyola y otros dos en Burgos. Luego tres años de Filosofía y cuatro de Teología en Oña, separados por cuatro años de magisterio en Loyola, en donde explicó Gramática, Humanidades y Retórica. Hace la tercera aprobación en Linz (Austria), pasando el año siguiente en Valkenburg (Holanda), consagrado al estudio de la Sagrada Escritura. Cursa dos años más en la Facultad de Estudios Orientales de la Universidad de Beirut (Siria), aprendiendo las lenguas bíblicas, hebreo y griego, cuyo conocimiento consolidará en sus viajes por Siria y Egipto y durante su larga residencia en Palestina. Nombrado, a su regreso a España, profesor de Sagrada Escritura, desempeñó este cargo hasta su muerte: cuatro años en el Colegio Máximo de Oña (Burgos) y otros ocho, a partir de 1911, en el Seminario Universidad Pontificia de Comillas (Cantabria)[3].
Manuel Revuelta nos dice que el padre Sainz fue “un hombre que demostró sus cualidades de exegeta en valiosos escritos y al mismo tiempo su amenidad expositiva en las interesantes charlas bíblicas que daba con auxilio de diapositivas” y lo considera “el precursor de los profesores especialistas que van a aparecer desde entonces impulsando un estilo genuinamente universitario.”[4] Redunda en su elocuencia el periódico El Aldeano, en la gacetilla que dedica a sus discursos en las iglesias de San Martín de Grazanes y Santo Tomás de Llenín durante la semana santa del año 1912 donde predicó “con verdadera unción evangélica los principales hechos de la pasión de Jesús” y añade: “de fácil palabra y elegante dicción, en todas las pláticas y sermones que pronunció, cautivó a los oyentes, conmoviéndoles y demostrando dicho padre, los profundos conocimientos que atesora”[5].
Como escritor colabora en varias revistas publicadas por su orden religiosa, como Razón y Fe donde firma numerosas reseñas bibliográficas y diversos artículos, entre los cuales nos resulta muy próximo, geográficamente, el titulado “La cuna de la Reconquista española” al tratar sobre Covadonga y los lugares próximos al santuario aunque no de todos pues, extrañamente, omite a Abamia, primer lugar de enterramiento de Don Pelayo. Escrito en el año 1918, motivado indudablemente por los fastos del duodécimo centenario de la batalla, es buena muestra de lo que se ha llamado covadonguismo. Tras grandilocuente párrafo de nuestro paisano Vázquez de Mella, fija el alcance y significado de los términos, al menos en su intención y pensamiento. Reproduzco el fragmento, aún siendo extenso, pues nos da a entender con precisión la ideología del autor:
Al hablar de España, entiendo la España única, de antiguo conocida por un solo nombre, la que abraza la península entera, no España y Portugal, ni España y Andalucía, ni España y Aragón y Cataluña; única geográficamente con toda su riquísima variedad geológica, topográfica, climatológica; única etnológicamente con toda su diferencia y mezcla de razas, con su persistencia de tipos prehistóricos y con sus mudanzas y combinaciones caprichosas; una en su historia desde la época prehistórica, cuyo estudio y desarrollo es tan reciente como prodigioso y eminentemente español; una en su historia primitiva, en la púnico-cartaginesa, en la romano-pagana, y, sobre todo, esencialmente una, brillantísimamente, profundísimamente, rapidísimamente unificada en la historia romano-cristiana; una en la monarquía visigótica, una en la desgracia de la invasión agarena, y maravillosamente reunida y acrisolada en la secular prueba de la Reconquista; una en la exploración y evangelización de nuevos mundos, y una y por siglos invencible contra toda Europa, y aun hoy día una en la decadencia que la aflige, pero una todavía en el espíritu nacional católico de un pueblo que, malísimamente gobernado, conserva aliento para mantener su independencia y señorial grandeza. España es gran nación, e importa poco que en el mercado vocinglero del gran mundo se le regatee ese título, porque no se borra por siglos de menos esplendor. Lo que hace al caso es reanimar el sagrado fuego del hogar, de la patria chica y de la grande, y del espíritu hondamente cristiano y religioso que nos fraguó, que nos dio temple, que nos engrandeció y nos hizo tan amables a los buenos como temibles a los malos y envidiosos; el que todavía es en toda España, aun considerada por el lado político y secular, la gran palanca, el profundo secreto de vigor y resurgimiento nacional, prenda de concordia y esperanza de grandes empresas. Por algo los enemigos internos y externos de la verdadera España se esfuerzan en deprimir el espíritu religioso y degradar el vigor moral y la estima en que hemos de tener a la madre España que nos dio el ser, noble y gloriosa madre de nobilísima progenie, si hay patria noble en el mundo[6].
Proseguimos.
En su obra Las Parábolas del Evangelio y el Reino de Jesucristo, que es la Iglesia, de carácter vulgarizador, estudia la naturaleza y definición de las parábolas y recorre su historia, tanto profana como sagrada. Consta de tres partes principales: una introducción que estudia las cuestiones generales de las parábolas evangélicas, un cuerpo central, donde hace una exposición de todas ellas y un epílogo, en el que trata su interés[7]. El principal valor de esta obra es la exégesis que realiza de cada una de las parábolas, de las que el autor, “con envidiable perspicacia y tino certero investiga, halla y expone el sentido propio y preciso”, en palabras del también jesuita José M. Bover[8]. Por el contrario, al agustino Celso G. Morán la obra, en la que esperaba encontrar “una sencilla y jugosa exposición de las celestiales enseñanzas del Mesías”, le causa un triste desengaño ante “el cúmulo de asonancias y la falta de sintaxis” que se nota en ella aún reconociendo los conocimientos poco ordinarios del padre Sainz en esta clase de materias y su variada erudición[9].
El P. Manuel Sainz Marcos falleció en el Seminario de Comillas el 20 de diciembre de 1919, a la temprana edad de 50 años.
Obra publicada
- Las Parábolas del Evangelio y el Reino de Jesucristo, que es la Iglesia. Comentario exegético-práctico por el P. Manuel Sainz, S. J., profesor de Sagrada Escritura en el Seminario-Universidad Pontificia de Comillas, Bilbao, 1915.
El trabajo Estudios de crítica textual y literaria (Roma, Pontificio Instituto Bíblico, 1917), que Constantino Suárez le atribuye[10], no es más que la noticia bibliográfica del libro, así titulado, del sacerdote jesuita Andrés Fernández Truyols.
Artículos:
- “Del Líbano al Antilíbano, de Zahle a Homs”, en Razón y Fe, Madrid, 1907, tomo 19, pp. 94-103 y 350-358.
- “El Nacimiento de nuestro Salvador, según San Lucas. Estado y situación actual de Belén y la gruta”, en Razón y Fe, Madrid, 1911, pp. 5-23.
- “El fin de las parábolas y la reprobación de los judíos”, en Razón y Fe, Madrid, 1912, tomo 34, pp. 277-286.
- “La Sagrada Escritura y la teología. Orientación crítico -histórica en los estudios bíblicos”, en Razón y Fe, Madrid, 1916, tomo 46, pp. 141-153 y 478-493.
- “La cuna de la Reconquista española”, en Razón y Fe, Madrid, 1918, tomo 51, pp. 141-149 y 292-305.
- “Escenario augusto de Covadonga”, en Batalla y Santuario de Covadonga : tradición, monumentos, historia / recopilado por Antonio Alonso Rodríguez ; colaboradores, L. A. Getino … [et al.], [Oviedo] : [s. n.], 1918 (Oviedo : Imp. La Cruz).
Quiero expresar mi agradecimiento a José Manuel Trespando Corredera por la ayuda prestada para concluir esta breve reseña biográfica del escritor y jesuita cangués Manuel Sainz Marcos.
[1] Mestas Suero, Alfonso, “A la memoria de una figura asturiana”, en El Auseva, Cangas de Onís, 2.ª época, año I, núm. 21, 10 de agosto de 1958, p. 7
[2] El Auseva, Onís (sic), año XXV, núm. 1268, 24 de julio de 1915, p. 2.
[3] Nota necrológica publicada por el P. Sandalio Diego en las Cartas de la Provincia de León (v. 1, 1919, pp. 697-699). Esta nota se inicia con un error, al situar su nacimiento en Llonín (Peñamellera Alta, Asturias). Ap. Alonso Díaz, José, “Cien años de estudios bíblicos en Comillas”, en Miscelánea Comillas: Revista de teología y ciencias humanas, 1992, vol. 50, núms. 96-97, pp. 56-58.
[4] Revuelta González, Manuel, “El Seminario y Universidad de Comillas. De La Cardosa a Cantoblanco (1881- 1972)”, en Gil, Eusebio (ed.), La Universidad Pontificia de Comillas. Cien años de historia, 1892-1992, Madrid, Universidad Pontificia de Comillas, 1993, p. 79.
[5] El Aldeano, Corao, año I, núm. 4, 15 de abril de 1912, p. 3.
[6] “La cuna de la Reconquista española”, en Razón y Fe, Madrid, 1918, tomo 51, pp. 141-149 y 292-305.
[7] Algunos de los textos fueron publicados en Sal Terrae, a partir del primer número de la revista, en 1912. Junto a otros, aparecidos en Razón y Fe, conforman este libro, de carácter eminentemente pastoral. Vid.: Alonso Díaz, Cien años de estudios bíblicos en Comillas, p. 57.
[8] Examen de libros: Las Parábolas del Evangelio y el Reino de Jesucristo, que es la Iglesia, por J. M. Bover, en Razón y Fe, núm. CLXIX, septiembre de 1915.
[9] Sección Libros: Las Parábolas del Evangelio y el Reino de Jesucristo, que es la Iglesia, por Celso G. Morán, en España y América, año XIII, tomo III, julio, agosto y septiembre de 1915, p. 268.
[10] Suárez, Constantino, Escritores y artistas asturianos. Índice bio-bibliográfico, Oviedo, 1959, tomo VII, pp. 11-12.