El pasado 21 de octubre de 2024, falleció en Avilés don Fernando Inclán Suárez, al que un amigo definió como jurisconsulto, investigador y agricultor. Natural de Villamondrid, fue durante 35 años juez de distrito y de primera instancia de Pravia. Gran estudioso de la agricultura y ganadería, en todos sus aspectos, era un verdadero especialista en derecho agrario. El señor Inclán fue el autor de muchas de las entradas dedicadas al mundo rural asturiano en la Gran Enciclopedia Asturiana, alguna de las cuales atrajeron tempranamente nuestra atención. Su valiosa comunicación sobre la prensa agraria en Asturias, presentada en el primer Congreso de Bibliografía Asturiana, celebrado en Oviedo en abril de 1989, nos abrió caminos de investigación que aún no hemos recorrido por completo.
Un día pregunté por él a nuestro mutuo amigo, José Manuel Valdés, honorable librero anticuario de El Campillín. Me dijo que don Fernando estaba en la residencia de mayores de Pravia y que me animase a hacerle una visita. Toni Solar, director de la Casa de Cultura de Cangas de Onís y antiguo alcalde praviano, también me alentó en este sentido. Y les hice caso, no sin antes enviarle algunos de los libros que habíamos publicado en Corao. Pasamos una tarde magnífica, charlando de sindicatos agrícolas, de los Ángeles, Sarmiento y Menéndez, impulsores del sindicalismo agrario en Asturias, de libros y también reímos cuando me contó un picaresco caso procedimental que le había ocurrido con un conocido mutuo.
En el año 2008, cuando formábamos parte de la Asociación Cultural Abamia, organizamos en Corao el centenario de la fundación de la Sociedad de Labradores El Despertar. Una celebración que consistió en una exposición y un ciclo de conferencias sobre Corao, El Despertar y el sindicalismo agrario en Asturias. Nuestro deseo era cerrar el centenario con la publicación de un libro sobre El Despertar y el sindicalismo agrícola en Cangas de Onís. El señor Inclán, muy amablemente, nos remitió algunos de sus trabajos bibliográficos para la exposición y las copias fotográficas de una tarjeta de asambleísta para el acto de protesta contra el convenio comercial con Uruguay, que se celebró en Oviedo el 16 de agosto de 1933, y de una magnífica fotografía de la manifestación agraria contra dicho convenio. En esta vemos a Ángel Sarmiento, Ángel Menéndez y Manuel Cadierno encabezando a tan numeroso grupo de personas, que abarrotan la calle de San Francisco y la plaza de la Escandalera, que bien podría decirse que estaba allí reunido todo el campesinado asturiano.
Le pedimos a don Fernando que nos auxiliara con un artículo, a modo de prólogo, para la publicación que teníamos prevista. Un texto que no llegó a ver la luz al faltarnos el apoyo institucional y económico para llevar adelante el libro. No ha de extrañar, acabábamos de enfrentarnos al Ayuntamiento de Cangas de Onís y a la Consejería de Cultura del Principado de Asturias por la nefanda restauración de Santa Eulalia de Abamia. Sin embargo, no puedo olvidar que Julio Santos Escandón, director de la oficina de Cajastur en Cangas de Onís, nos consiguió una valiosa y eficiente subvención.
Como emocionado recuerdo y en agradecimiento de la amabilidad que don Fernando Inclán Suárez tuvo con quienes organizamos el centenario de la Sociedad de Labradores El Despertar, publicamos hoy el texto que nos remitió y que no pudimos imprimir en su momento.
Corao, adelantado en la mejora del campo
por Fernando Inclán Suárez
A inicios del pasado siglo, en Corao (Cangas de Onís), se dieron dos acontecimientos que convirtieron el pueblo en precursor regional de la modernización agraria, en aspectos tan importantes como la enseñanza primaria o la asociación sindical y cooperativa.
Sus promotores, Eduardo Llanos y Ángel Sarmiento, podemos afirmar que, en sus respectivas actuaciones, siguieron el camino abierto por la Ilustración, en el siglo XVIII, en que descollaron Feijóo, desde su convento ovetense, y los asturianos Campomanes y Jovellanos, indicando este que “la agricultura, madre de la inocencia y del honesto trabajo, y, como decía Columela, pariente y allegada de la sabiduría, es el primer apoyo de la fuerza y esplendor de las naciones”.
Ante las deficientes condiciones del edificio -según Fermín Canella, rector de la Universidad de Oviedo, había escuelas peores que los “ventilados atrios de las iglesias”-, Eduardo Llanos funda en su pueblo la “Escuela D. Rodrigo Álvarez de las Asturias”. Se inaugura el 2 de enero de 1900 y en ella el maestro Antonio Nava imparte clases diurnas a los niños y nocturnas a los jóvenes emigrantes en ciernes. Constituye un centro modélico, no solo por su excelente material docente, con premios para los alumnos aplicados, sino, especialmente, por la orientación de la instrucción hacia las necesidades de la vida rural, pretendiendo su modernización, mediante las prácticas de cultivo realizadas en la huerta cercana al Güeña, comparando las cosechas obtenidas en parcelas bien abonadas con las trabajadas de forma rutinaria, así como los resultados económicos, al llevar la contabilidad de ingresos y gastos. Los niños, además, plantaban árboles en el aledaño castañedo, instituyéndose la “Fiesta del Árbol”, e incluso hacían observaciones meteorológicas, que anotaban a diario. Estos adelantos fueron llevados por el fundador a la aldea de Onao, que tenía una pobre escuela temporera.
Hacia 1900, la situación del campo en el Oriente asturiano puede reflejarse con estos datos sucintos: alrededor del 80 % de las tierras agrícolas y la mitad del ganado vacuno, propiedad de contados terratenientes, eran explotados, mediante arriendos casi perpetuos y las usurarias “comuñas”, por un crecido campesinado que aún seguía utilizando el arado romano. La emigración era la única válvula de escape a la miseria imperante.
El imprescindible cambio llegó con el movimiento asociativo, surgido a tenor de la normativa de las leyes de 1887 y 1906. Tras la creación, entre otras, de la Sociedad Agrícola de Piloña, en 1905, y la de “Agricultores de Gijón”, al año siguiente, Ángel Sarmiento funda en Corao el 28 de mayo de 1908 “El Despertar”, que pronto alcanza más de 600 afiliados; poco después organiza una próspera cooperativa de consumo, al tiempo que logra cinco ediles en las elecciones municipales. Posteriormente funda una Biblioteca Popular Circulante y consigue establecer una especie de pensiones de vejez en combinación con el Instituto de Previsión; y en “El Aldeano”, quincenario de la entidad, hace campaña en defensa de los intereses campesinos.
La Sociedad Agrícola “El Despertar” tenía como fin primordial la difusión de la instrucción agraria entre sus afiliados, para el fomento agropecuario, la creación de cooperativas y seguros mutuos y la agilización del crédito agrícola; igualmente pretendía la regeneración de la administración municipal, para minar el caciquismo; la resolución de las desavenencias entre los asociados por medio del juicio arbitral o de amigables componedores; la supresión de viejas tenencias de la tierra y del ganado, caso de los foros y las “comuñas”; e incluso servía de organismo de resistencia en el supuesto de desahucios discriminatorios de colonos, por causas políticas, al prohibir a sus asociados con la expulsión el arriendo o el cultivo gratuito de las fincas o caserías objeto de tal abuso.
“El Despertar”, como sindicato agrícola, estaba adscrito al ideario republicano del Partido Reformista del tribuno gijonés Melquiades Álvarez; y en la amplia base territorial, que era el concejo -en su caso Cangas de Onís-, y en la visión comercial de algunos “indianos” asociados radicó la prosperidad mercantil de estas entidades en general, frente al sindicalismo católico promovido por el canónigo D. Maximiliano Arboleya, fundado en la parroquia, con mucho mayor número, pero todas de vida lánguida.
El éxito de Sarmiento alarma a los terratenientes y acaudalados de la comarca, dado el peligro inminente para sus intereses reaccionarios, por lo que pusieron todos los medios posibles para entorpecer la obra del líder agrario.
En 1911 se constituye la Federación Agrícola Asturiana, que pronto agrupa a 20 asociaciones con unos diez mil afiliados; careció, sin embargo, de actividad sindical, sirviendo tan solo a los intereses comerciales de Ceferino Fernández Melendreras, presidente del Sindicato de Infiesto; debido a la actitud individualista de las entidades más boyantes y a las distintas ideologías nunca se alcanzó en ella la plena integración solidaria -como propugnaba Sarmiento-, capaz de formar un frente común campesino. Esto se logra en 1927, cuando accede a su dirección el joven Ángel Menéndez Suárez -que acabada la carrera de maestro gana unas oposiciones en la Diputación provincial y es jefe de negociado-, el cual, pateando toda Asturias con un afán propagandístico altruista, apoyado por el sincero idealismo de un reducido grupo de presidentes de asociaciones agrícolas, entre los que destacan Gaspar Estébanez, de Gijón, el doctor D. Valentín Rodríguez, de San Martín de Luiña (Cudillero), Bernardo Suárez, de Campiellos (Sobrescobio), Ángel Sarmiento, de Corao-Cangas de Onís, con José Yañez, maestro entusiasta de La Peña (Mieres) y “La Voz del Labrador”, como medio divulgador, consigue que la organización federativa alcance la máxima representación de los hombres del agro asturiano.
Este nuevo impulso federativo arranca del magno mitin celebrado en el Teatro Campoamor, de Oviedo, el 21 de abril de 1927, presidido por el fogoso cura gallego Basilio Álvarez.
Se logran, entonces, grandes mejoras: la constitución del Jurado Mixto de la Leche, frente a los abusos de las empresas lácteas; un contrato beneficioso con la casa de Abonos Cros; el envío por el Gobierno de masivas dosis de vacunas contra las epizootias de nuestra cabaña; la expedición de ganado a los principales mataderos nacionales; la divulgación del cultivo de la avellana, con auge en Reus; la organización de la Caja de Seguros del ganado para salvar a las mutuas locales, quedando frustrados otros proyectos, como el Matadero provincial o el Banco de Crédito Agrícola. Frutos sonados de esta unión campesina fueron las actas de diputados, como agrarios, de Ángel Menéndez y Ángel Sarmiento en las Cortes Constituyentes de la República y la multitudinaria asamblea celebrada en el Paseo del Bombé, en Oviedo, el 16 de agosto de 1933, en oposición a la ratificación del Convenio Comercial con Uruguay para la importación de carne congelada, perjudicial a la ganadería regional.

Ahora, toda esta doctrina fisiocrática es pura historia. El desarrollo económico de España se logra por medio de la industrialización, sin que la agricultura recibiese semejante promoción y ayuda, por lo que dicho proceso fue tildado por Salvador de Madariaga de olvido total de la aldea. Las consecuencias son evidentes: el desarraigo rural de la juventud, debido, en parte, a la concentración escolar en las villas, cabeza de municipio y el bajo capital humano en el campo -único generador de iniciativas-, reflejado por SADEI en las cuentas económicas de nuestra agricultura con datos de 2005: la relación del número de cotizantes de la Seguridad Social Agraria en activo (11.101) con las explotaciones de ganado vacuno (24.690) da un índice de profesionalización para la región de 0,45, idéntico al del concejo de Parres. Salvo en la marina y el interior occidentales y Cabrales, donde su famoso queso, rentable, mantiene aún a gente activa rural (0,85), en el resto los índices comienzan a ser preocupantes: Nava (0,28), Grado (0,35), Piloña y Villaviciosa (0,40), Cangas de Onís (0,51), Siero (0,15), Mieres y Morcín (0,05). Se vislumbra el fin de la agricultura familiar en Asturias, lo que ha de redundar en la conservación de la Naturaleza.
Año 2008