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Las transformaciones que el mundo rural asturiano ha experimentado desde la entrada de España en la Comunidad Económica Europea, el 1 de enero de 1986, se perciben con claridad. En poco más de una generación hemos visto una drástica disminución de la población ocupada en el sector agrícola y ganadero, siendo cada vez más escasas las personas que en los pueblos se dedican a estas labores ante la migración a otros sectores económicos, hostelería, comercio y construcción principalmente.

La sustitución del ganado vacuno de producción lechera por el ganado de carne, la desaparición del pastoreo en los Picos de Europa, pese a la demanda y buenos precios del queso con denominación de origen, una escasísima cosecha de productos agrícolas autóctonos, cada día más solicitados en el sector hostelero como característica diferencial de la gastronomía local, el nulo aprovechamiento de las producciones frutales y la dependencia de las subvenciones públicas, que en ocasiones adormecen más que estimulan, caracterizan la economía agrícola y ganadera en Asturias.

Esta menguante cultura rural mantiene sin embargo algunas costumbres, adaptadas a los nuevos tiempos pero en lo esencial sin grandes variaciones respecto al uso tradicional, entre las que se encuentra la de acudir a las ferias y mercados de ganado. Pocos acontecimientos son capaces de transmitir, como lo hace una feria ganadera, la antropología social y cultural del mundo rural, sin artificios o teatralizaciones turísticas. Una feria, si todavía es pujante, nos introduce en un singular foro en el que se congregan ganaderos, tratantes y curiosos, trascendiendo la mera compraventa.

Entre los diversos lugares que aún reúnen de forma multitudinaria a los ganaderos del norte de España se encuentra Corao, en el concejo de Cangas de Onís (Asturias), donde se celebran anualmente varios eventos ganaderos, algunos de gran importancia como la feria de Santu Medero, el 3 de marzo, y la Feria Mayu, en la actualidad más conocida como la Feriona, el 26 de mayo. Citando al semanario cangués El Auseva, diremos que las ferias de Corao son dignas de ser descritas por la admirable pluma de José María de Pereda, como hizo con las ferias de su tierra en sus Escenas montañesas o en Don Gonzalo González de la Gonzalera, pero Corao también tuvo quien glosara las excelencias de las suyas. Un poema en lengua asturiana de Bernardo Alonso, el Tarrín de Sebarga, en el que traza con original gracia tipos y situaciones, nos introduce en la atmósfera abigarrada y heterogénea que envuelve al Castañéu de Corao, el sitio, a pie de pueblo, que acoge entre sus ya escasos castaños centenarios, año tras año, al nutrido conjunto de personajes que protagonizan el gran espectáculo costumbrista y etnográfico que es una feria de ganado.

Las ferias nacen en Europa Occidental durante la Edad Media, ligadas al crecimiento del comercio y a la demanda de artículos que la economía local no produce. La etimología de la palabra feria nos remite a días festivos, a solemnidades religiosas en las que surge, paulatinamente, el comercio de animales, géneros y cosas que termina por prevalecer sobre los aspectos piadosos configurando relevantes mercados que se celebran anualmente, a diferencia de los locales, en parajes públicos y días señalados. Los mercaderes concurren a poblaciones cuya ubicación geográfica favorece el trato comercial durante varios días, franco de impuestos y contribuciones, y bajo la protección de las autoridades locales, propiciando el desarrollo de núcleos urbanos mayores.

En el siglo XII se documentan las primeras ferias en el norte de la península ibérica: Belorado[1] (Burgos) en 1116; Valladolid en 1152; Sahagún en 1155 y Carrión de los Condes en 1169. Juan Uría Maqua, en su artículo Una feria asturiana en la Edad Media: la de Cangas del Narcea, señala la escasez de referencias documentales sobre las ferias medievales en Asturias, conociéndose tan solo, además de la que trata (anterior a 1435), las de Llanes (que en 1441 celebra dos ferias al año y un mercado los jueves) y Oviedo (concedida por Fernando IV el 15 de agosto de 1302)[2]. Juan Ignacio Ruiz de la Peña supone que otros mercados medievales asturianos, de los que no consta concesión regia, tendrían carácter consuetudinario sin que existiesen privilegios que los regulasen jurídicamente[3].

El catastro del marqués de la Ensenada, en el año 1752, nos da noticia de tres ferias en Cangas de Onís. Los vecinos, al ser requeridos sobre los mercados y ferias que hay en el concejo, responden que

todos los domingos hay una especie de mercado con concurrencia de gente de los lugares circunvecinos de esta villa de Cangas como capital del concejo, en donde francamente[4] se venden varias cosas comestibles y otras correspondientes a tiendas del aire; que suelen haber tres ferias que son a tres de mayo, a veintiséis de julio y a catorce de septiembre, no rindiendo otro útil que un real por marcar la vara de medir a cada uno de los mercaderes que concurren a ellas, las que suplen ciento ochenta reales vellón unos años con otros por usar la astucia de medir a una vara cuatro o cinco de ellos, cuyo derecho se divide entre juez y escribano de ayuntamiento actual.

Las fechas se corresponden con la feria de Santa Cruz, que se celebraba el 3 de mayo[5], Santa Ana, el 26 de julio, y la exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, todas ellas en la localidad de Cangas de Onís. El 18 de junio de 1798, Felipe de Quanda García, párroco de Santa María de Cangas de Onís, contesta a las preguntas que le formula Tomás López para su diccionario. A la décima contesta que “hay tres ferias, una delante de la iglesia parroquial, día de Santa Ana, y las dos junto a la capilla de Sta Cruz en el tres de mayo y catorce de septiembre en que solo se comercian géneros de lana para uso del país.”[6]

Esto plantea cierta sorpresa pues no se cita la feria de Santu Medero, en Isongu, de cuya existencia tenemos certeza documental veinticinco años después y que, según las declaraciones de sus vecinos en 1814, se realiza desde tiempo inmemorial siendo improbable que se ignorase la fecha de su fundación si fuera posterior a la realización de las preguntas del Catastro de Ensenada. Acaso solo se mencionaron las ferias que se celebraban en la capital del concejo.

La prensa, que se consolida en Cangas de Onís en las últimas décadas del siglo XIX, nos brinda concisas crónicas de las ferias finiseculares. Frenética era la labor que temprano en la mañana de los días de feria desarrollaban carruajes de todas clases compitiendo duramente por trasladar a los feriantes desde la villa canguesa al frondoso castañéu, incapaz pese a su extensión de acoger tantos visitantes. Carruajes que en ocasiones debían volverse sin acceder al pueblo pues poco antes, en el tramo llamado de Tornamila, medio metro de barro acumulado hacía intransitable la carretera[7]. Un tal Melquiades, firmante de la crónica publicada en El Auseva el 31 de mayo de 1891, escribe: “Vencido por la tentación, el martes muy de mañana salí a la calle, donde me vi solicitado por cien distintos coches, que se hacían ruda competencia en cuanto al precio, comodidades y velocidad en el transporte. Consultada la bolsa, subí a uno, cuyo auriga prometía llevarme de balde, y además un trago de sidra en el parador que llaman La Venta.  Aunque sin ver confirmado el anuncio del convite, y previo pago de una peseta a la llegada del viaje, halléme en Corao, en diez minutos, en medio de la feria”[8].

Allí, en las “renombradísimas” ferias, consideradas “sin disputa” como las más importantes de Asturias, ferias “que pueden competir con las demás de la península”[9], según los testimonios de los ganaderos y tratantes que recorren los feriales del norte peninsular, halla el ganadero, tratante o simple curioso, de todo cuanto se desee. Si el buen tiempo acompaña, en el espacioso campo ferial, por donde vaga una muchedumbre inmensa, se acumula una ingente cantidad de reses, ganado vacuno y caballar principalmente, junto a la más variada gama de comercios ambulantes: barracas de comidas, de bebidas, tiendas de ropa y calzado, puestos de dulces, etc. que compiten con títeres y clownes sin chiste, con músicas de charangas gallegas, de gaiteros y sarasates locales, e incluso con una “compañía dramática, gimnástica y cómica” que en el año 1895, acudiendo al reclamo de la multitud allí congregada, ofrece sus funciones en Corao, contribuyendo a hacer más agradable y divertida la estancia de los forasteros, en un lugar donde no faltan sitios para comer y dormir.

También la picaresca tiene su espacio, con los mendigos que lucen sus llagas y su miseria, con los sacamuelas y sus misteriosos elixires, con las ruedas de la fortuna, cuyos propietarios timan a los incautos, o con los trileros que con su negocio de tres naipes lo hacen igualmente. Esta plaga, un enjambre de vividores que ocupa las avenidas de la feria —según el citado Melquiades— asaltaba a los transeúntes gritando con voz destemplada: “¡A perro chico la tirada! ¡Seis tiradas un real!”, ofreciendo más allá, “en tentadora rifa, a todo el que llevaba un real de más, excelentes cuadros, representando unos, la Degollación de S. Tirso Apóstol (textual), otros a Santiago en la batalla de la Clavícula (ídem) y así por el estilo, anunciaban en castellano híbrido, multitud de estampas y estampos, para tentación de los gangueros”.

Los gitanos, incluidos en este mundo pícaro y tratados discriminatoriamente por la prensa local, acuden en gran número a las ferias[10]. La razón de esta numerosa afluencia, según me contaba Bonifacio Fernández Pubillones décadas después, era que los gitanos de todo el norte de España venían a reunirse en la feria de Corao. Procedentes de Galicia, Valladolid, Benavente, el País Vasco, etc., se concentraban unos quince días antes de la feria en las afueras del pueblo: en las márgenes del ríu Chicu, en el castañéu de Canaloriu, en los castañedos del camino de Isongu. Esta reunión tenía como fin, amén del propiamente comercial, el concertar matrimonios entre las diversas familias gitanas, llegando a celebrarse alguno en Corao, en bares que se convertían durante las bodas en territorio vedado a los payos.

Pero toda esta atmósfera que envuelve a la feria no puede ocultarnos la razón de ser del evento: el comercio de ganado. Algunos días antes de las fechas establecidas, comienza a notarse animación entre quienes tienen previsto acudir a la feria, sea a vender ganado, si los animales salieron del invierno en buenas condiciones de venta, sea a comprarlo o simplemente a ver que se cuece en el ámbito ganadero asturiano. En esos días previos comenzaba a pasar el ganado por la entonces villa de Cangas de Onís en dirección a Corao. La feria basa su éxito en el ganado vacuno, aunque también se negocia el caballar. Las transacciones y los precios a que se producen están sometidos a variantes no siempre fáciles de discernir. Así en el año 1892, con gran concurrencia de forasteros y abundancia de ganado vacuno y caballar, se realizan muchas transacciones, pero con precios bajos en el ganado vacuno, lo que el periodista no comprende que ocurra en Asturias, pues si pasase en Cádiz, Gibraltar o Tánger, donde el ganado padecía la enfermedad conocida como epizootia se entendería pero aquí no existía. Más evidente era el perjuicio que causaba a los ganaderos, como a comerciantes, figoneros y músicos, la presencia de la lluvia en los días de feria, especialmente en la del mes de mayo que siempre se esperaba con ansiedad, dado que en ella se vendían las reses, por lo general, a precios altos, marcando el devenir de la temporada. Aunque si hace su aparición  en las fechas previas, de tal manera que se asegure buen y abundante pasto, el precio del ganado puede experimentar importantes alzas, como en el año 1893, cuando “pocas cabezas de ganado vacuno o caballar se veían sin la correspondiente marca, que indica venta. Grande y general era el contento”[11].

A Corao acuden muchos tratantes que abastecen importantes plazas “donde las carnes alcanzan elevado precio” —escribe El Auseva—, compradores de Santander, Álava o Vizcaya, como el ganadero de Bilbao que en el año 1898 se llevó 180 bueyes.

Igualmente vienen ganaderos de Liébana y Sajambre y de todas partes de Asturias, de los pueblos y concejos cercanos, por supuesto, de la marina de Llanes a través del puerto de Piedrahita, de Ribadesella y Colunga, piloñeses, casinos y también ponguetos que según dice Lin de la Melliza, corresponsal en Ponga del semanario El Auseva, van a Corao “con objeto de traer una pareja de bueyes para trabajar en el verano y venderla en octubre”, pues aunque el ganado se deprecia, “les es de mucha necesidad una yunta en el verano para no tener que bajar las vacas de la majada en la mejor época para recoger la yerba”[12]. Estas ferias, cuya fama llega a las más largas distancias, congregan en el Castañéu infinitas personas que realizan muchas transacciones alcanzando el ganado precios casi siempre altos, como los setenta y cinco duros, precio desusado en la comarca, que se pagaron en el año 1891 por una novilla de treinta meses “por supuesto, de raza del país sin mezcla ni cruce alguno de razas extranjeras”.

Un tratu en la feria de Corao. Segunda década del siglo XX. Fotografía de Modesto Montoto. Cedida por Maximino Blanco del Dago.

En 1894 se pagan algunas cabezas de vacuno, que era “inmejorable”, a “1.100, 1.000 y 800 reales”; cuatro años después, en unas concurridísimas ferias, se amarran el día 26 de mayo en el espacioso campo de Corao “de cuatro mil quinientas a cinco mil cabezas de ganado vacuno”, realizándose muchísimas transacciones a elevados precios, del tal manera que en la segunda jornada apenas se encontraban cabezas sin su correspondiente marca de vendido, pagándose toros en 525 pesetas, y parejas de vacas en 575[13]. Muy diferente es la situación del ganado caballar, pues casi siempre son escasas las transacciones y los precios bajos, claro que si hacemos caso al ya mencionado Melquiades no ha de extrañarnos pues daba lástima contemplarle[14].

La romería, en la tarde del último día, remata la feria; se tira a la barra, se juega a los bolos y los músicos del entorno amenizan el baile con sus gaitas y violines, tocando la música gallega que por entonces se introducía en estas tierras o la tradicional jota del país, acompañada con “el chasquido de los dedos de los bailadores o con las alegres castañuelas”[15]. Para Arturo González, redactor de El Auseva, éste es el momento más hermoso de las ferias de Corao: “bajo sombras y sobre céspedes, baila la gente joven, ora a compás de una danza “que vieno de Buenos Aires”, ora a compás de la música gallega, ya tan conocida de nosotros, o de un ciego que ve y toca el violín desaforadamente. Hay en aquel centro terpsicóreo para todos los gustos; la señorita de pueblo que se adorna con chillonas telas, para los que se cuidan del bien parecer; la de la villa que burla de las estrambóticas maneras de bailar de la joven de la aldea y la aldeana que se ruboriza al sentir el contacto de la mano que estrecha su cintura”[16].

En esa hora, la principal preocupación es que no se produzcan disputas acaloradas ni pendencias. Hay borrachos que duermen bajo los castaños seculares, pero otros aún bullen y vocean en tabernas mal alumbradas por candiles de cobre o antorchas de malolientes humos. En 1821, Benito de Llanos y Noriega, alcalde constitucional de la Jurisdicción de Corao (ayuntamiento independiente de Cangas de Onís), ordena a su jefe de milicia cuidar “que en las danzas u otras diversiones no haya empellones ni otro desafuero, cortando cualquiera disputa en los principios antes que tomando cuerpo sea mas difícil hacerlo”, pues era común la bofetada entre gañanes o de cualquier camorrista a alguna persona pacífica o que se terminasen las romerías a garrotazos. No en vano, el arcediano de Villaviciosa, Miguel Pisador, prohibió en su visita parroquial del año 1778 “poner y vender vino junto o en los pórticos de la iglesia o ermitas en las ferias y romerías a causa de los males ocurridos”[17].

La feria de Santu Medero

La más antigua de las ferias de Corao es la que se celebraba el 3 de marzo, festividad de los santos Emeterio y Celedonio, junto a la capilla de su advocación, popularmente conocida como “de Santu Medero”, en el lugar de Isongu. La capilla está ubicada en el descampado de la ería homónima, a unos doscientos metros de las casas del pueblo. Desde el sitio se divisan, al norte, la ermita de Santa Eugenia (Sobrecueva) y, al este, la vetusta iglesia parroquial de Santa Eulalia de Abamia.

Es muy interesante un documento del año 1777 que nos permite conocer algunos de los productos, especias y paños, que se vendían en la feria así como las largas distancias que los comerciantes itinerantes recorrían para surtirse de ellos. Fue otorgado por Antonia Sáez Pardo, Thomasa Manteona y Ángela Martínez, unas pasiegas presas en la cárcel de Cangas de Onís, que comerciaban varios géneros de mercadería, en compañía de sus vecinas Feliziana Oria y Juana Pardo,

que andan bendiendo por las villas y lugares de este Prinzipado, baxo de este trato y conpañía ocurrieron a comprar vari[os] géneros de chocolate pimienta canela morlés senpitern[a y] otros géneros ala villa de Aro, y desp.s de haverlos compra[do] aduanaron en dha villa y los sacaron de ella vaxo de dos [guías] una de distinto día dela otra y desp.s de haverlas sacado […] q.e llegaron a sus casas hizieron dha unión y comp.a y caminaron bendiendo dhos géneros p.r las villas y lugares de este Prinzipado refrendando dhas guías quando era necesario y donde correspondía como de ellas resulta.

Como quedasen las otorgantes en la feria de Santu Medero con la guía equivocada, mientras sus compañeras pasaban a vender al mercado de Infiesto, el administrador de las renta del tabaco de la villa y concejo de Cangas de Onís, Joseph Flórez del Campo, sin más motibo q.e el que lleban referido, se propasó con bastante tropelía a descaminarle sus géner.s sin dezirles q.e era lo que traían fuera de dha guía conduziéndolas a la zitada cárzel y aunque al tienpo que tomara dha guía la referida Antonia Saez le replicara no traía cosa ninguna contra la renta sin más motibo se propasara a darle de latigazos, con un látigo q.e traía en la mano a vista de gran número de gente que se hallava en dha feria, acusándolas de contrabando[18].

También vendía tejidos Joseph Gutiérrez, vecino de Santibáñez de Ecla (Palencia), fallecido en Corao el 4 de marzo de 1794 y enterrado en Abamia al día siguiente, cuia muerte fue en esta Parroquia a causa de haver venido a la feria de S.n Hemeterio con paño, con o[tros] muchos, la qual feria fue el d[ía] tres de dho mes, en q.e se vio publicamte. a tal hombre con la monstruosidad del carbunco[19].

En 1813, Bartolomé Intriago[20], apoderado de la parroquia de Abamia, fijó edictos publicando que en ese año se había de celebrar la romería o feria en Corao. Los vecinos de Isongu emprenden acciones legales para defender la permanencia de la feria en su vecindad y, convocados en junta plena, acuerdan otorgar su poder a Manuel de Labra para que los represente ante el jefe político y tribunales que sean competentes para que “la romería o feria del expresado San Emeterio se celebre en el sitio acostumbrado de la circunferencia de la capilla sin removerla en manera alguna”. La escritura, que pasó a testimonio de Diego Fernández Reconco de Sama, está fechada en Cangas de Onís el 21 de febrero de 1814. Por ella sabemos que concurren con frecuencia al “santuario del glorioso San Emeterio” personas devotas que ofrecen y dan algunos sacrificios en limosnas y que, todos los años, el día tres de marzo se celebraba una romería con tan numeroso gentío que desde tiempo inmemorial asistían a ella mercaderes y trajineros para el beneficio o venta de sus géneros…”[21]

Aunque desde hace muchos años la feria se celebra en Corao, sin que sepamos el año en que se produjo el traslado definitivo, la demanda de los vecinos de Isongu tuvo éxito en aquel entonces pues el 3 de marzo de 1821 Benito de Llanos Noriega, alcalde del Ayuntamiento Constitucional de la Jurisdicción de Corao, publica un bando con motivo de la celebración de la feria:

D. Benito de Llanos Alcde. Unico Constitucl. de esta jurisdicion de Corao,

Encargo á los concurrentes á esta feria que guarden el mayor orden procediendo / con verdad y lisura en sus tratos absteniendose de disputas acaloradas y penden- / cias, y prestando obediencia á la muy honrada Milicia Nacional en cuanto ella / procúre conserbar la tranquilidad publica segun le está encomendada pr. nues- / tro sabio Gobierno y pr. las instrucciones que me ha parecido conducente comuni- / carle: Corao y Marzo 3,, de 1821 = Por su mandado

Benito de Llanos           Antono. Jose del Rey

Al tiempo, ordena al jefe de la milicia local que pase con la fuerza de su mando al sitio de Santu Medero donde se realiza la feria:

Por cuanto la tranquilidad publica esta encomendada pr. nuestro sabio Go- / bierno á la milicia Nacional que debe obrar bajo las ordenes de la autoridad civil: / Encargo á V. con la mas estrecha responsabilidad que páse con la fuerza de su mán- / do ál Sitio de S. Emeterio donde hoi se celebra una feria y alli procurara V. pr. cuan- / tos medios prudentes le sean dables que se conserbe el orden y la tranquilidad para lo cual no permiti- / rá juego alguno de suerte ó azar ó fulleria; cuidara de que en las danzas ú otras / diversiones no haya empellones ni otro desafuero cortando cortando cualqa. dis- / puta en los principios antes que tomando cuerpo sea mas dificil hacerlo; vela / rá sobre que no haya robos disponiendo su fuerza en pequeñas partidas de ma- / nera que pueda atender á todas partes y dandoles las ordenes y señal que á V. / le parezca para que en caso necesario se reunan todas al punto donde V. coloque / la principal fuerza: sobre todo prestará V. todos sus ausilios á la ?a. [¿milicia?] desem- / peñando así las obligaciones de un buen gefe y un buen ciudadano.[22]

A finales del siglo XIX, al menos, la feria ya se celebra en Corao durante dos días[23], el 3 y 4 de marzo, en grande y hermoso campo que se ve invadido “por toda clase de comerciantes desde el barquillero que corre de un lado a otro ofreciendo su mercancía, hasta el vendedor de paños que en puesto fijo vocifera sus artículos” sin que falten los taberneros y las pipas de sidra de las que se hace extraordinario consumo, rueda-fortuneros y demás trashumantes que no olvidan estas acreditadas ferias[24].

De 1912 es una crónica de la feria de Santu Medero que nos ofrece un panorama más amplio de la celebración al incluir los actos que transcurren en Isongu: un baile en una casa particular la víspera de la feria, amenizado por José Blanco, el músico de Bode, que toca valses, polkas y demás piezas hasta las dos de la madrugada, y a la mañana siguiente, en la capilla de los santos, la misa solemne, procesión y subasta de un gran ramo de pan ofrendado por una joven del pueblo.

Terminada la función religiosa, el cronista regresa a Corao presentando la feria al mediodía gran animación con extraordinaria afluencia de gente en el castañéu de los Campos, gracias a un buen tiempo inusual en esas fechas. En la tarde apacible, animadísima romería con dos grandes bailes animados por tres músicos incansables que tocan para 149 parejas de bailarines, según recuento del articulista que en la noche recorre los establecimientos de Corao donde contempla el triste espectáculo que algunos jóvenes y viejos protagonizan, encenagados en el vicio del alcohol[25].

La Feria Mayu

Bien distinta es la razón de que no se citase en las respuestas del Catastro de Ensenada (1752) a la más pujante de las ferias asturianas en la actualidad, la Feria Mayu o Feriona, pues aún no se celebraba. En efecto, el 4 de mayo de 1802 el rey Carlos IV concedió permiso

á los lugares de Santianes y otros de la parroquia de Sta. Eulalia de Avamia, en el concejo de Cangas de Onis, Principado de Asturias, para celebrar en el lugar de Corao un mercado semanal, y dos ferias anuales en los dias 26 de Mayo y 26 de Setiembre de cada año[26].

De esta última feria no existen noticias, más allá de lo que recoge Pascual Madoz en su obra Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España, publicado en 1847. En la notas sobre Corao dice: “Se celebran en este pueblo dos ferias, la una el 26 de mayo y la otra el 26 de septiembre, consisten las especulaciones en ganados, paños, telas bastas, calzado de madera (madreñas), utensilios de labranza, y otros frutos y manufacturas del país”.

El mercado semanal fue trasladado a Cangas de Onís en 1838, cuando los vecinos de los pueblos de la parroquia, representados por Benito de Llanos Noriega y Francisco Asón Hevia, aprueban dicho traslado a la capital, tras acuerdo con el Ayuntamiento, persuadidos de la utilidad que recibe el concejo en general al hacer coincidir el expresado mercado de ganado con el que se celebra los domingos en Cangas de Onís de “venta de los artículos que produce el país y otros que se introducen”[27].

A finales del siglo XIX, la prensa local califica a la feria del día 26 de mayo como la más importante de Asturias. Sea o no cierta esta apreciación, era indudable su relevancia que animó a concejos próximos como Parres y Colunga a crear ferias en fechas muy próximas para aprovechar la presencia de los tratantes y compradores foráneos que se desplazaban desde todo el norte de España a la feria de Corao.

En el año 1891 se funda en Arriondas la feria de Santa Rita, que se celebra los días 23, 24 y 25 de mayo. Se creó para toda clase de ganados y artículos de comercio de todas clases y servía como punto de reunión para los compradores y vendedores que acudirían a Corao por lo que ya orientaban el rumbo de los precios en esta feria. En los periódicos de la época se alude al inesperado éxito de esta feria que se celebraba en el campo denominado de El Barco donde se instalaban los puestos, tiendas y barracas de todo tipo de vendedores que allí acudían. Se proporcionaban pastos gratuitos a los ganaderos forasteros en prados donde se podía recoger el ganado durante las noches y se amenizaba su estancia en con fuegos artificiales, banda de música, gaiteros que recorrían las calles de Arriondas, la presencia de un globo aerostático, bailes campestres y de sociedad, carreras de cintas a caballo y en “velocípedo”, carreras de burros con premios en metálico, rifas entre las personas que conduzcan ganado de venta a la feria, demostrándose así el gran esfuerzo que el municipio de Parres realizaba por engrandecerla.

Tres años después, se crea en Colunga la feria de Loreto, los días 18, 19 y 20 del mismo mes de mayo, también para aprovechar el tirón de las ferias coraínas. Se daban facilidades a los comerciantes e industriales que deseasen instalar sus tiendas y puestos en el recinto ferial. Los pastos “gratis y abundantes”, también con festejos y veladas para amenizar la estancia.

Por contra en Cangas de Onís la situación es muy otra. Así, la feria de Santa Cruz, llamada de la mantega, que se celebraba en la capital del concejo el día 3 de mayo se había perdido. Y las de Santa Adelaida, en el mes de octubre, por la indiferencia de comerciantes, ganaderos y corporación municipal habían decaído lastimosamente, de tal manera que en 1894 se pueden dar por desaparecidas, pues el día 17 de octubre había en el campo de San Antonio, ¡cuatro vacas!, de las que se vendió una[28]. Esta feria se celebraba acto seguido de las de la Cueva en Infiesto y de San Pedro de Alcántara, en el vecino concejo de Onís, que mantenían su pujanza, con gran concurrencia de ganados y personas, lo que atribuía el cronista al cuidado que los ayuntamientos respectivos tenían con sus ferias. El temor de que las ferias de Corao, por la apatía municipal, perdiesen crédito y terminaran como las hasta entonces celebradas en la villa de Cangas de Onís, embargaba a los redactores de El Auseva que conminan al consistorio a anunciarlas en tiempo oportuno y a dar recompensas a los ganaderos que asistan. En el número del 10 de marzo de 1895 se lee:

Ciertamente, y lo decimos henchidos de satisfacción, que las tales ferias no han menester reclamos, pero de esto a que se las tenga en olvido por quien más interés puede tener en su conservación y fama, hay diferencia grande, y de aquí nuestras quejas al Municipio que ni por los periódicos ni por medio de anuncios se digna dar cuenta de los días de su celebración, ni de la importancia que revisten para estas comarcas, cuya principal riqueza consiste en el ganado vacuno. (…)

Y tengamos en cuenta, que en otros pueblos, unos cerca y otros distanciados, se crean y se han creado ferias, que bien pudieran sumir en el olvido las que de más fama gozaron, siendo tardías todas las gestiones que para levantarlas se hicieran más tarde. Sabemos (al menos creemos que así sucederá) que ferias como las de Corao, es dudoso que se pierdan, pero podrían mermarse en su fama y concurrencia si se las deja a la memoria de los ganaderos, que bien pudieran olvidarlas acudir a otras más cercanas que otros anuncian con bombo y platillos[29].

La feria, que se celebra durante tres días, congrega aumentada la heterogénea muchedumbre de Santu Medero. De 1897 es la Reseña de la Feria de Corao, una composición en verso de Bernardo Alonso[30], el Tarrín de Sebarga, que describe con particular gracia lo que era esta feria a finales del siglo XIX asegurando que de tou cuantu quieras has de fayar en Corao[31].

Tres años después, el maestro Antonio Nava y los alumnos de la escuela D. Rodrigo Álvarez de las Asturias, fundada por Eduardo Llanos, comenzaron una estadística del movimiento de ganados en la feria de mayo de Corao que concluye en 1907, año en que se cierra la escuela. Está firmada por el maestro el 31 de mayo de este año y la recogemos en la siguiente tabla[32].

Analizando las cifras se hace evidente que el día 25, víspera de San Felipe, es el más flojo de los tres días, por la propia dinámica de la feria y por la competencia que supone la de Santa Rita, en Arriondas. El día grande es el 26 de mayo, en el que se alcanzan las mayores cifras de ganado presente en el ferial, y el 27, aunque disminuyen, se mantiene un buen número de cabezas. Las máximas de los años analizados se dan en el año 1905 que es excepcional: en vacuno 4.968 reses (2.273 más que el promedio de estos ocho años) y en caballar y asnal, 1.060 cabezas (403 más).

Feriantes en Corao, fotografía de Montoto publicada en la revista Asturias de La Habana en el año 1915.

En consonancia con la importancia de estos dos días de feria, la Compañía del Tranvía de Arriondas a Covadonga ponía en circulación, los días 26 y 27 de mayo, trenes especiales que salían de la primera de las localidades por la mañana, regresando desde la estación de Sotu Cangues a las siete u ocho de la noche. Se expedían billetes de ida y vuelta a precio reducido[33].

Un siglo después, la Feria Mayu continúa siendo una feriona. Si en la sesión ordinaria del Ayuntamiento de Cangas de Onís del 15 de mayo de 1923, Ángel Sarmiento contestaba a su compañero concejal Sánchez Suco que el sitio en que las ferias de Corao acostumbraban a celebrarse “no pertenece al municipio debiéndose a simple tolerancia de sus dueños el que las ferias se celebren en ellos”[34], en la actualidad una buena parte de los mismos son de titularidad municipal.

El frondoso Castañéu de las crónicas ha desaparecido en buena parte, convertido en un cementerio de troncos huecos. En los meses de enero y febrero de 2025, el Ayuntamiento de Cangas de Onís ha realizado una actuación que supuso la retirada de la mayoría de los vetustos castaños, secos unos y con apenas un hálito de vida otros, y su sustitución por una veintena de castaños híbridos traídos de Galicia. Una intervención que ha cambiado de manera radical el paisaje vivido por los vecinos, pero que con los cuidados precisos y un seguimiento riguroso del estado de la plantación quizá permita que las nuevas generaciones lo disfruten, como hasta ahora hemos hecho nosotros.

En la actualidad, las ferias de Corao, con su entrópico discurrir, parecen cada día más un anacronismo regido por estrictas normativas europeas que han transformado la agricultura y ganadería de Asturias sin asegurar expectativas de futuro, un mundo rural que año tras año pierde campesinos. Las ferias existirán mientras los haya pero el campo asturiano ya se asemeja a un castañéu muerto. ¿Quién vendrá a repoblarlo?

Francisco José Pantín Fernández


[1] En esta localidad burgalesa se asentaban en el siglo XVII personas naturales de nuestro concejo.

[2] Uría Maqua, Juan, “Una feria asturiana en la Edad Media: la de Cangas del Narcea” en Asturiensia medievalia, Oviedo, Universidad de Oviedo, núm. 8, 1995-1996, pp. 381-392.

[3] Ruiz de la Peña, Juan Ignacio, Las polas asturianas en la Edad Media. Estudio y diplomatario. Oviedo, Universidad de Oviedo, 1981, p. 208, nota 38.

[4] Es decir exentas del pago de impuestos.

[5] Muchas escrituras de Diego de Labra están fechadas el día 3 de mayo “junto a la ermita de Santa Cruz”.

[6] Merinero, María Jesús & Barrientos, Gonzalo, Asturias según los asturianos del último setecientos (Respuestas al interrogatorio de Tomás López), Oviedo, Principado de Asturias, 1992, p. 69.

[7] El Auseva, Cangas de Onís, año V, núm. 217, 2 de junio de 1895, p. 3.

[8] Íd., año I, núm. 7, de 31 de mayo de 1891, p. 3.

[9] “Las mejores de la provincia en ganado vacuno”. Íd. año IV, núm. 165, 3 de junio de 1894, p. 3; “De las más concurridas de la provincia”. El Carbayón, Oviedo, año XIX, núm. 5836, 1 de junio de 1897, p. 1.

[10] El Auseva, Cangas de Onís, año IX, núm. 425, 28 de mayo de 1899, p. 3.

[11] Íd., año III, núm. 111, 28 de mayo de 1893, p. 3.

[12] Íd., año I, núm. 6, 24 de mayo de 1891, p. 2. “Correspondencia”. Carta que Lin de la Melliza escribe desde Ponga el 21 de mayo de 1891.

[13] Íd., año VIII, núm. 373, 29 de mayo de 1898, p. 3.

[14] Íd., año I, núm. 7, 31 de mayo de 1891, p. 3.

[15] Íd., año IV, núm. 165, Cangas de Onís, 3 de junio de 1894, pág. 3

[16] Íd., año V, núm. 217, 2 de junio de 1895, p. 1. “Apuntes de la feria”, por Arturo González, Rotuar.

[17] Archivo de la parroquia de Santa Eulalia de Abamia (hoy en el Archivo Diocesano de Oviedo), Fábrica 1718-1835, fól. 127.

[18] Archivo Notarial de Cangas de Onís. Escritura ante Rafael García, en las casas de Ayuntamiento de Cangas de Onís, a 6 de marzo de 1777. Poder a favor de Agustín García Gutiérrez, vecino y procurador de número de la Real Audiencia de la ciudad de Oviedo.

[19] Archivo de la parroquia de Santa Eulalia de Abamia, Difuntos 1786-1795.

[20] Bartolomé Toribio de Intriago González de la Torre. Corao, bautizado el 20 de abril de 1760 — ? Alcalde del Ayuntamiento Constitucional de la Jurisdicción de Corao en el año 1822. En los padrones de hidalguía de Cangas de Onís de los años 1794 y 1817 figura, junto a su mujer  María González de Teleña, como hidalgo notorio de casa y solar conocido, armas poner y pintar.

[21] Archivo Notarial de Cangas de Onís. Escritura que pasó a testimonio de Diego Fernández Reconco de Sama, fechada en Cangas de Onís a 21 de febrero de 1814. Sobre anulación del traslado de la feria de Santu Medero a Corao.

[22] Bando e instrucciones a la Milicia Nacional que da don Benito de Llanos, alcalde único constitucional de Corao, con motivo de la celebración de la feria de Santu Medero. Fechados ambos el 3 de marzo de 1821.

[23] En 1899 se dice que son tres días y en 1895 solo uno, pero varias noticias señalan como días feriados el 3 y 4 de marzo. El Auseva, Cangas de Onís, año XX, núm. 99, 5 de marzo de 1893, p. 3; año XX, núm. 205, de 10 de marzo de 1895, p. 3; año VIII, núm. 361, 6 de marzo de 1898, p. 3 y año IX, núm. 413, 5 de marzo de 1899, p. 2. Antonio Nava, maestro de la escuela de Corao, anota en 1904, en la crónica que envía a Eduardo Llanos a Londres, que la feria estuvo muy desanimada los días 3 y 4 de marzo por la nieve, repitiéndose de modo extraordinario los días 16 y 17 del mismo mes. Crónica local de la Escuela D. Rodrigo Álvarez de las Asturias.

[24] El Auseva, año XX, núm. 153, Cangas de Onís, 11 de marzo de 1894, pp. 2-3 yaño XX, núm. 205, de 10 de marzo de 1895, p. 3.

[25] El probón de les anguiles, “La fiesta de Santu Medero”, en El Aldeano. Defensor de las Asociaciones Agrícolas, Corao, año I, núm 2, de 15 de marzo de 1912, p. 2. Los párrafos finales del artículo revelan la autoría de Ángel Sarmiento González, que se retira a su casa hastiado, “con dolor en el alma, pensando que nosotros mismos por ignorancia o vicio, somos culpables de la mayor parte de las desgracias que nos ocurren”.

[26] Gazeta de Madrid, núm. 38, 11 de mayo de 1802, p. 454. De este tiempo es el llamado Mercáu los gochos en la capital del concejo, como nos consta por una instancia presentada por Francisco Cortés Posada al Ayuntamiento de Cangas de Onís el 8 de diciembre de 1828 sobre los perjuicios que le causa el mercado de cerdos que se celebra los domingos durante los meses de noviembre, diciembre, enero y febrero, delante de su casa y de otros edificios de su propiedad. En el escrito dice que el mercado se comenzó a establecer “hace como veinte y seis o veinte y ocho años”.

[27] Archivo Notarial de Cangas de Onís, caja 104-1, fóls. 179 y 180. “Ratificación hecha por los Diputados de la parroquia de Abamia del acuerdo de traslación del mercado de ganados a esta Villa” [de Cangas de Onís], escritura pública que pasó ante el notario Francisco García Ceñal, en dos de octubre de 1838.

[28] El Auseva, Cangas de Onís, núm. 185, de 21 de octubre de 1894, p. 2

[29] Íd., año V, núm. 205, de 10 de marzo de 1895, p. 1.

[30] Bernardo Alonso González, apodado el Tarrín de Sebarga, nació en el concejo de Amieva a principios del siglo XIX. Poeta en bable, autodidacta, publicó en la prensa provincial algunas de sus composiciones, como “Las Elecciones” o “La Feria de Corao”. El Tarrín de Sebarga debía ser de Cirieñu pues en un poema en castellano dedicado al natalicio del príncipe de Asturias, en el año 1907, dice lo siguiente: … / que así lo desea el que escribe / este basto y tosco verso / Bernardo Alonso González / que es vecino de Cirieño, / su edad 95 años / en agosto venidero, / que no tiene más bandera / que ser monárquico entero / y católico cristiano / su título verdadero. Y firma: El Tarrín de Sebarga / Cirieño, 20 de mayo de 1907. Falleció el 7 de abril de 1909, a los 97 años de edad. Fue durante muchos años secretario del juzgado municipal de Amieva.

[31] La descripción tanto puede corresponder a la feria de marzo como a la de mayo pero el poeta pregunta al amigo si acabó con la siembra y además lo invita a comer salmón, lo que nos hace suponer que se trata de esta última.

[32] Publicada en El Auseva, Cangas de Onís, año XVII, núm. 845, 8 de junio de 1907, p. 3.

[33] El Auseva, Cangas de Onís, año XIX, núm. 947, 22 de mayo de 1909, p. 3; año XXI, núm. 1051, 20 de mayo de 1911, p. 3.

[34] Archivo del Ayuntamiento de Cangas de Onís, libro de actas del pleno que se inicia el 10 de octubre de 1923, fól. 43r-43v.