Etiquetas

, , , , , , , , , , , ,

Es sabido que el Museo de Bellas Artes de Asturias ha aceptado el legado de Maximino Blanco del Dago, lo que supondrá la finalización de la obra iniciada en la casa que fue de Roberto Frassinelli Burnitz, en Corao. A la espera de los proyectos arquitectónico y museístico, parece claro que habrá variaciones respecto al planteamiento que Maxi Blanco desarrolló en el Museo de la cerámica y los relojes Basilio Sobrecueva (Muñíu, La Riera de Covadonga).

Sin embargo, su colección de cerámica tendrá, indudablemente, un protagonismo destacado en el futuro como lo tuvo en el pasado, tanto en el museo como en la fenomenal exposición «La cerámica en el Museo Basilio Sobrecueva», realizada por el Ayuntamiento de Oviedo en la Plaza Trascorrales y en el Café Español del 22 de octubre al 29 de diciembre de 2001. El artículo de Maximino Blanco del Dago, que hoy rescatamos, fue publicado en el catálogo de dicha exposición.

La cerámica asturiana en el Museo Basilio Sobrecueva, por Maximino Blanco del Dago

El Museo Basilio Sobrecueva alberga unos fondos cerámicos que sobrepasan las 2.500 piezas. Esta amplia colección es el fruto de una labor de coleccionismo e investigación sobre la cerámica de más de treinta y cinco años.

Está formada en su mayoría por piezas antiguas de alfares extinguidos de toda España, incluyendo algunas extranjeras. Igualmente, existe una sección destinada a materiales cerámicos de construcción, en la que destaca la parte destinada a la tejería. Esta colección está considerada como una de las colecciones más importantes del norte de España.

Por ser esta nuestra tierra, quizá la representación más extensa y completa sea la de la cerámica asturiana que supera el número de 800 piezas. Asturias es una región húmeda, con abundancia de agua, grandes bosques y zonas mineras, de gran tradición en el trabajo de la madera y los metales. Debido a estas circunstancias, el barro ha sido uno más de los materiales empleados en los ajuares domésticos, que tuvo que compartir su lugar y competir con los utensilios de madera y metal.

La cerámica asturiana está realizada para el uso domestico, pues en muy pocas ocasiones se realizaron piezas exclusivamente decorativas, ya que estaba destinada a las clases menos privilegiadas. Las mesas de las familias más acomodadas disponían de vajillas de Talavera y otros centros alfareros españoles, e incluso de otros países.

Al no tener necesidad de almacenar agua en las casas, y cuando era necesario hacerlo se utilizaban piezas de madera como la herrada, las piezas cerámicas son de tamaño reducido, realizándose en casos excepcionales piezas de “gran tamaño”, desde el punto de vista de la producción asturiana, pues en otros lugares serían piezas de tamaño medio. La tinaja tanto para contenido de líquidos como de despensa no se fabricó en esta región.

Asturias, ceramológicamente hablando, se puede dividir en tres zonas claramente diferenciadas, donde la cerámica ha influido de modo particular. En la parte occidental prevalece la cerámica negra realizada en Llamas del Mouro (Cangas de Narcea); en la zona centro, la cerámica negra, de similares características a la anterior, realizada en Miranda de Avilés y la cerámica de Faro; en Oviedo y en el oriente de Asturias, predomina esta última.

La cerámica asturiana en relación con la cerámica peninsular, tiene muchas connotaciones comunes: cerámica negra por reducción como la realizada en Llamas del Mouro y en Miranda de Avilés, se realizó en Quintana Redonda (Soria), en las localidades catalanas de La Bisbal, Berdú y Quart, también en Galicia y sobre todo en Portugal, cuyo mayor exponente es la realizada en Vila Real. Las formas de las piezas elaboradas en estos alfares en cuanto a diseño no tienen nada que ver con la asturiana, pero sí su proceso de elaboración, de tal modo que en las piezas de Vila Real es tan similar su terminación con algunas asturianas que pueden llegar a confundirse a simple vista.

Por el contrario, la cerámica sin baño de Faro, es un producto fácil de diferenciar del resto, pues no existe en España material parecido. Respecto a la cerámica con baño estannífero realizada en Faro y Cangas de Onís, por tratarse de una cerámica muy primitiva, nos recuerda a las piezas más antiguas realizadas en los alfares aquellas zonas donde la dominación árabe fue más extensa en el tiempo. Debemos recordar que el baño en la cerámica lo introdujeron las árabes en España y después se extendió al resto de Europa. De todas maneras este tipo de cerámica ya era conocida en España antes de la invasión musulmana debido al comercio, pero fueron los árabes los grandes artífices de la cerámica vidriada, así las primeras piezas realizadas en España tuvieron gran fama en Europa, conociéndose con el nombre de málica.

Cerámica con baño estannífero que nos recuerda a la asturiana, es la de Teruel, Villafeliche y Muel en Aragón, la de Paterna en Valencia, la zamorana de Olivares y otras de La Rioja y el País Vasco.

La cerámica de Llamas del Mouro.

Probablemente sea esta la cerámica más conocida fuera de la región. La característica fundamental es el color negro con decoración listada con brillo metálico y algunos dibujos geométricos incisos en franjas, decoración que se consigue con el bruñido de la pieza con un palo cuando la pieza no está seca del todo. Su color negro se obtiene a base de cerrar todas las entradas de aire del horno para que se consuma el oxígeno que existe en el interior del mismo, en un proceso llamado reducción, durante el cual el humo se impregna de tal manera en el barro que lo vuelve de color negro, destacando las partes bruñidas.

Tonel. Llamas del Mouro.

Las piezas que se realizan en estos alfares son todas para el ajuar doméstico: tonel para agua, que es la pieza más característica por su forma ovoide, feridera o botía, para la elaboración de mantequilla, vedrios, barreños grandes para la matanza, queseras, moldes perforados para facilitar el desuerado en la fabricación del queso, o botijos. Al ser esta una zona vinícola, por otra parte la única de Asturias, se realizaban piezas especiales para el consumo de este producto como los cachos, que son cuencos para beber el vino, y las jarras de vino. Piezas de uso doméstico son también las cazuelas y pucheros para el fuego, la tarreña, para meter la matanza en grasa o las mieleras.

Se realizaban otras piezas utilizadas en construcción como los tubos para las traídas de agua y desagües, y algunos remates para el tejado de los hórreos.

Su mercado natural era en la zona occidental y central de Asturias, si bien en la zona oriental aparecen algunas piezas de esta cerámica, sobre todo botijos, llamados jarros prietos, que tenían fama de dar un agua muy fresca. Esta cerámica también se vendía en la vecina provincia de Lugo.

El museo cuenta con una extensa colección de piezas de la cerámica de Llamas del Mouro, estando bien representada.

La cerámica de Miranda de Avilés.

Esta cerámica de Miranda de Avilés es muy similar a la de Llamas del Mouro, en cuanto a sistema de elaboración, con las mismas características de cocción y terminación, aunque variando un poco las formas. La presencia de la mica como componente del barro con que se realizan estas piezas, hace diferenciarla de la de Llamas del Mouro a simple vista, aunque no en todas las ocasiones es tan fácil, sobre todo en piezas de formas parecidas o raras.

Cántara de dos asas. Miranda de Avilés.

De las piezas realizadas en los alfares de Miranda, las más características son la cántara de dos asas y el tonel, este parecido al de Llamas del Mouro, pero más corto y de forma globular, con la boca más grande. Otras piezas producidas son la botía, el vedrio, las ollas, los pucheros y los botijos o porrones. También se hicieron tubos para la conducción de agua.

Su mercado era reducido, limitándose a la zona de Avilés y centro de Asturias.

El número de piezas con que cuenta el museo, no es muy numeroso pero es suficiente, para darnos una idea global de esta cerámica.

La cerámica de Faro.

El centro de producción más importante de toda Asturias fue Faro, pequeña aldea situada en la parroquia de Limanes a seis kilómetros de Oviedo, que llegó a tener en el siglo XVIII sesenta alfares según el catastro del Marqués de la Ensenada.

Se combinaba el trabajo del barro con la agricultura y ganadería, obteniéndose como resultado una economía sana y fuerte. La actividad principal de la zona giraba alrededor del barro, siendo las demás labores complementarias. Al existir un numero tan importante de centros de producción alfarera y fabricar casi todos los mismos productos, se produjo una gran competencia, que redundó en un mayor esmero en la terminación de las piezas, así como en una más amplia variedad de formas y tamaños.

En Faro se producían dos tipos de cerámica, uno de barro color pardo oscuro, a veces casi negro, con aspecto metálico, color que se obtenía con una mezcla de tres barros y la alta temperatura a que se metían las piezas en el proceso de cocción en el horno. Y otro tipo de cerámica, la vidriada, bien con cubierta de plomo, menos frecuente, y la de baño estannífero más o menos blanco y decoración en colores verde (óxido de cobre), violáceo (manganeso) sobre todo utilizado como dibujo, y amarillo (antimonio). La decoración casi siempre con motivos vegetales, a excepción de la famosa “páxara” animal mitad pájaro, mitad pez, representada sobre todo en las almofías (fuentes).

Barbón. Faro.

Las piezas sin baño eran producidas para el uso doméstico, siendo una de las más características el cántaro para agua de tres asas llamado barbón. Otras fueron la botía, pieza muy representativa y utilizada en todos los hogares rurales para obtener la mantequilla, que tiene un agujero o espita en la parte baja para quitar el suero, extrayéndose aquella por la boca, la cazuela con o sin tapa para la lumbre alta, los pucheros de una y dos asas para la lumbre baja, la penada, que es un cántaro pequeño para agua que solían llevar las mujeres al ir a trabajar en el huerto, la quesera, molde de queso con orificios para desuerar, las jarras de sidra de diferentes formas y tamaños, las chocolateras, los jarros o botijos, diferentes piezas de cocina de pequeño tamaño y un sinfín de juguetes.

Plato. Faro.

Las piezas bañadas con estaño, las más representativas, fueron: la escudiella o escudilla, el plato por excelencia de Asturias, cuenco más o menos abierto donde lo mismo se tomaban los líquidos que se comía el potaje, la fuente, plato muy hondo y esférico, la almofía, plato hondo grande, la penada, pieza para agua, el jarru o botijo, aceiteras, orinales, etc. Dos piezas raras y únicas son los jarros en forma de gallo y gallina.

Gallo/gallina. Faro.

Se comercializaban en toda Asturias, con mayor difusión en las zonas central y oriental, y también en la parte norte de León.

Dispone el museo de un gran fondo de cerámica de Faro, con toda la variación de formas y tamaños. Es la mejor representación de cerámica asturiana dentro de la colección.

Dispersión de la cerámica de Faro.

A finales del siglo XVIII, comienza la industrialización en Asturias, Faro tenía por entonces un gran numero de alfares, pasaban de sesenta, la competencia era dura y la producción difícil de vender. Había que competir con otros materiales, en especial con las baterías de cocina de fundición, las familias más acomodadas van sustituyendo los cacharros de barro por piezas de hierro, que aunque de precio elevado, son mucho mas resistentes y duraderas. Más tarde al ser recubiertas interiormente de porcelana, las harán mucho más higiénicas, quedando los productos del barro relegados a las familias más desfavorecidas, sobre todo en el medio rural.

Los alfareros comienzan a dispersarse por el oriente de Asturias, estableciéndose en distintos puntos y fundando pequeños talleres de alfarería en pueblos y zonas rurales: en Pola de Siero, Ceceda, Piloña, Cangas de Onís, Ovio (Nueva de Llanes), La Franca (Ribadedeva), etc. La relación de parentesco de los alfareros del oriente de Asturias con los de Faro es clara y manifiesta, aún los descendientes de aquellos mantienen los apellidos de las familias alfareras farucas.

La cerámica de Cangas de Onís.

De todos estos asentamientos de los alfareros procedentes de Faro, son los del concejo de Cangas de Onís los que tuvieron mayor implantación y resonancia. Es posible que el efecto aglutinador que la capital del concejo ejerce sobre los concejos limítrofes y la influencia del mercado dominical en la villa, que desde siempre reúne gran número de personas procedentes de variados lugares, actuasen positivamente sobre los alfareros de la zona, estimulando la demanda de los productos por ellos elaborados.

Cuatro fueron los centros alfareros de la zona de Cangas de Onís: Soto de Dego (Sotu Deu), Cangas de Arriba (Cangues d’Arriba), el Pozo de los Lobos (El Pozu los Llobos) y Pandesiertos, lugares todos ellos que distan muy pocos kilómetros de la capital. En estos centros se sigue utilizando como herramienta de trabajo el torno de mano.

Soto de Dego que, pese a pertenecer al concejo de Parres, por su ubicación entra dentro del ámbito de influencia de Cangas de Onís, se encuentra situado en la ribera del Sella, a muy poca distancia del llamado “puente romano”.

El último alfarero de Soto de Dego está inmortalizado en un hermoso cuadro del pintor cangués José Ramón Zaragoza, perteneciente a su trilogía titulada “los oficios de la ribera” (en este caso la del río Sella). En él, figura el alfarero trabajando en una rueda de mano debajo de un hórreo, a su alrededor se ven diversas piezas secando.

El alfarero, óleo de José Ramón Zaragoza.

El barro trabajado en Soto de Dego es más rojizo que el de los otros alfares de Cangas de Onís, diferenciándose las piezas realizadas en este lugar de la restante producción canguesa. Hacían el mismo tipo de cerámica que en Faro: cerámica sin baño y bañada, como en todos los alfares de Cangas de Onís utilizaban la galena para el vidriado de plomo. Las piezas elaboradas con baño de estaño son imposibles de distinguir de las de Cangas de Arriba y el Pozo de los Lobos.

Cangas de Arriba, el barrio alto del actual Cangas de Onís, es el primitivo enclave de la ciudad, que con el tiempo cedería protagonismo a la zona baja, conocida antiguamente como el Mercado de Cangas. Queda constancia de esta actividad, en uno de sus barrios, denominado “barrio de los alfares.”

En este centro alfarero se elaboró la misma cerámica que en el resto, conservándose piezas de los tres tipos de cerámica faruca.

Son piezas dignas de destacar un puchero de gran tamaño de un asa de color negro, una cazuela con baño de estaño y decoración verde y una cazuela de gran tamaño con baño estannífero interior, utilizada para cuajar la leche para la elaboración del queso. Característica de este alfar es una jarra especial elaborada para tomar sidra, conocida con el nombre de “puxu”.

El Pozo de los Lobos se encuentra a la salida de Cangas en dirección Covadonga, a la margen derecha del río Güeña, estando situado poco antes, y a la margen izquierda, el Cortijo de la Gargantiella, finca donde se ubicó la fabrica de loza fundada por José Antonio Ruenes en el siglo XVIII. En este alfar solamente trabajó una familia, siendo los restos de las piezas que se encontraron del mismo tipo que los de los centros anteriormente reseñados.

Pandesiertos es el lugar donde mayor numero de alfareros trabajaron juntos en la zona de Cangas de Onís. Allí todo el pueblo, si bien pequeño, se dedicó a la alfarería, combinando el trabajo con las tareas del campo y la ganadería, como ya hemos dicho ocurría en otros lugares.

Característica especial de la cerámica de Pandesiertos, es que en su mayor parte era elaborada por mujeres. Trabajaban un barro de tanta finura que les permitía hacer unos cacharros de paredes muy delgadas y gran calidad.

Las piezas elaboradas son muy variadas. Se realizan piezas sin baño, de muy distintas formas, y piezas vidriadas con plomo, sobre todo cazuelas de gran tamaño, de las cuales cuenta el museo con una gran colección, y también piezas con baño de estaño, de las que hay una gran producción de escudillas (~ escudielles), pucheros y cazuelas con tapa, fuentes con decoración de la páxara, etc.

Es marcada la diferencia en la decoración de algunas piezas con baño de estaño realizadas en Pandesiertos, de la del resto de Asturias, pues es totalmente distinta, más variada e incluso con reminiscencias de motivos vadinienses, tribu prerromana que habitó el valle del río Güeña. Otra característica de este centro, es que el baño de estaño es más pobre dejando transparentar el color del barro, quedando así el baño de un color rosáceo.

Piezas representativas son un barreñón de gran tamaño, una sopera con tapa sin decoración, una sopera pequeña en amarillo y verde, una botía bañada en estaño, una fuente con trisquel y algunas escudillas.

Cazuelina o sopera pequeña. Pandesiertos.

En una excavación efectuada al realizar obras de ampliación de una vivienda apareció un casquero con gran cantidad de tubos vidriados interiormente con plomo, para conducción de agua. Es la primera vez que tenemos conocimiento de que se haya fabricado tubería en Pandesiertos, la cantidad de fragmentos encontrados así como piezas casi enteras demuestra que fue uno de los productos principales a que se dedicó este alfar.

En algunas publicaciones aparece como centro alfarero de Cangas de Onís, el situado en el pueblo de Tornín, que se encuentra a cinco kilómetros de la capital, en la carretera que conduce a León por el puerto del Pontón. Debemos desmentir esta noticia, pues en este lugar nunca existió tal centro alfarero, sí hubo, por el contrario, un cacharrero, apodado “el cacharrero de Tornín”, que se dedicaba a la venta de cacharros procedentes de Jiménez de Jamuz (León). Tenía un puesto los domingos en la plaza de Cangas, que yo aún recuerdo, transportando con un burro los cacharros.

La colección de cerámica de Cangas de Onís perteneciente a este museo es única en Asturias.

La loza preindustrial en Asturias.

Se denomina loza preindustrial, al producto cerámico intermedio entre la cerámica estannífera y la loza. El barro utilizado sufre un proceso de elaboración más minucioso, consiguiendo una materia prima más fina, obteniendo un bizcocho (pieza de barro obtenido en la primera cocción) de pasta fina y lisa. Con este barro se pueden hacer piezas a molde como suceden con algunos platos.

Fueron varias las fábricas de loza que se instalaron en Asturias. Cabe destacar la fábrica de Villar, en Pola de Siero, la de Regla, en Oviedo y la del Cortijo de Gargantiella, en Cangas de Onís. El objetivo de estas fábricas era conseguir un producto que pudiera competir con lozas finas como la talaverana, tan divulgada por la península.

Cerámica del “rayu” o de Vega de Poja.

Se conoce por este nombre a la cerámica de cubierta blanca y decoración en azul cobalto, realizada en la zona de Pola de Siero.

Cerámica de gran calidad, baño de estaño grueso y fino, de formas agradables a la vista y al tacto, con decoraciones sencillas, de color azul cobalto, por lo general de temas vegetales y geométricos, en algunas ocasiones con pájaros y peces. En la última época se elaboran piezas con decoración realizada con trepas y cuños, se hacen por encargo algunas piezas personalizadas y fechadas, como los tres botijos que se conservan en esta colección. En este momento final se incorpora el color amarillo en la decoración, pero solamente como relleno.

Esta cerámica tuvo gran difusión en Asturias,  exportándose a otras provincias y a las colonias americanas. Compitió con la cerámica de Talavera en esta región, de tal manera que incluso se llegó a conocer por este nombre, al igual que uno de los barrios de Vega de Poja, donde se elaboraba.

Los orígenes de esta cerámica se remontan al siglo XVIII, la familia Cónsul, de origen francés, creó una fabrica de cerámica en el Palacio de Villar (Pola de Siero), fueron sus fundadores Juan Nepomuceno Cónsul y Requejo y Antonio López Dóriga.

Trataron de hacer una loza fina, que compitiera con las lozas españolas y europeas, que por esos tiempos se comercializaban en el norte de España. La experiencia fabril del Palacio de Villar duró poco tiempo. Desaparecida la fabrica, los empleados comenzaron a trabajar en sus casas, formando pequeños talleres, realizando las mismas piezas que habían hecho en la fabrica.

Botijo. Vega de Poja.

Las piezas se utilizaban para el servicio de mesa, las más características son: las botías, las jarras de distintos tamaños, para el vino, el agua y la leche, las fuentes, los platos hechos a molde, los cuencos, los orinales y los botijos.

La muestra de cerámica del “rayu” expuesta en el Museo Basilio Sobrecueva sobrepasa las doscientas piezas, representando toda la variedad de formas y decoraciones.