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Mi agradecimiento al Institut Amatller d’Art Hispànic por la cesión de esta fotografía.

La capilla de Santa Rosa de Viterbo fundada en el año 1696 por Francisco de Noriega, cura párroco de Santa Eulalia de Abamia, fue construida junto al Palación de Corao, una de las casas solariegas de la familia Noriega a la que pertenecía su promotor. Ni una ni otro existen hoy en este lugar, pues fueron desmontados en la década de 1980. Afortunadamente la capilla fue trasladada a Labra y reconstruida, sin el atrio, en la finca del palacio de los Soto, donde se encuentra en la actualidad.

Francisco de Noriega Soto era hijo de Juan de Noriega de Corao y de Eugenia de Soto. Clérigo presbítero, fue teniente de cura de Santa Eulalia de Abamia, su parroquia natal, antes de ser nombrado párroco de la misma, a partir de febrero de 1687. Falleció entre el 16 de mayo de 1700, cuando actúa como padrino en el bautismo de Diego de Sobrecueva de Labra, y el 29 de junio de dicho año, momento en el que el excusador de la parroquia de Abamia, Toribio de Coro, bautiza a un niño con licencia de su ilustrisima i del Sr probisor. Pero no he podido encontrar su partida de defunción en los libros parroquiales.

Aunque son muy escasas las noticias que tenemos sobre esta capilla, sabemos que se construyó tras el fallecimiento del fundador si bien la inscripción fundacional identifica claramente la autoría:

HIÇO ESTA CAPILLA EL LI
CENCIADO DON FRANCISCO DE
NORIEGA IJO DESTA CASA I QVRA DE ABAMIA
AÑO DEL SEÑOR DE 1696

Inscripción fundacional en el interior de la capilla de Santa Rosa de Viterbo.

La capilla la edificaron Juan Manuel de Noriega Soto y su esposa, Ana María de Soto Intriago, como leemos en el testamento del primero, del año 1717: “Y asimismo con lo que hemos habido de don Francisco de Noriega mi hermano cura que fue de esta parroquia hicimos la capilla de Santa Rosa…”[1]

Esta ermita forma parte de un conjunto de capillas rurales en la parroquia de Abamia que comparte características comunes: la de Santa Eugenia en Sobrecueva, la de Santu Medero en Isongu, y la de San Nicolás en Corao. Todas tienen planta cuadrada con cubierta a cuatro aguas y pórtico a los pies, cerrado en el lado norte, donde se coloca la espadaña (salvo en el caso de Santa Eugenia que la tenía al sur, antes de su restauración, pero tan estrecha que más bien parecía un contrafuerte). Santa Rosa no es una excepción. Orientada al oeste, su planta cuadrada medía aproximadamente el doble que el atrio, cerrado por un murete de mampostería sobre el que descansan dos columnas toscanas con pedestales esculpidos que sostienen el tejado a tres aguas. En la fachada principal se abre un vano de remate semicircular, cerrado por puerta cancel de madera tallada y con barrotes. Los lienzos laterales presentan ventanas saeteras coronadas por veneras. En la espadaña, que prolonga el muro norte, se abre un arco de medio punto que antiguamente comunicaba la capilla con el predio de la familia Noriega y, en lo alto, el hueco para la campana. El conjunto muestra un aspecto bello y elegante.

En el interior, la capilla presentaba un retablo que fue desarmado y en parte destruido durante la Guerra Civil Española. Por las pruebas de nobleza para el hábito de Santiago realizadas a Juan de Noriega Robredo sabemos que en el altar existían dos escudos que representaban las armas de las casas de Noriega y de Soto, a las que pertenecían Juan Manuel de Noriega Soto y Ana María de Soto Intriago, herederos del fundador y constructores de la ermita. Además de la efigie de Santa Rosa de Viterbo, sabemos que existían las imágenes de otros santos: Nuestra Señora del Carmen, San Nicolás y San Ramón Nonato.

Vista parcial del retablo de la ermita de Santa Rosa. Cedida por Ildefonso Noriega y Carmen Meneses.

Juan Manuel de Noriega había estado casado en primeras nupcias con Catalina de Soto, quien le señaló en su testamento que sobre ciertos bienes fundase un aniversario de misas perpetuo, “y dichas misas se han de decir en la ermita de San Nicolás de este dicho lugar y si los vecinos de él pusiesen en eso alguna repugnancia y no tuviesen dentro de dos años del fallecimiento de dicha mi mujer, que esa [la casa de Noriega] tenga la elección de que se digan en donde le pareciese ornamentando para que el sacerdote a cuyo cargo estuviese decir dichas misas, decirlas con la decencia que se requiere cumpla con decir en la ermita de Santa Rosa de Viterbo que está delante de esta mi casa de morada, y en este caso, mi sucesor en esta casa y más mis bienes cumpla digo compre una imagen del glorioso San Nicolás de Bari y la ponga en el altar de la capilla de Santa Rosa de Viterbo que está delante de esta casa, por la mucha devoción que dicha mi mujer tenía con dicho santo…[2]” 

En 1719, Ana María de Soto relaciona las diversas líneas que han de heredar en sus bienes y en los de Juan Manuel de Noriega su marido y en caso de faltar y acabarse las líneas referidas “suceda en dichos bienes la capilla de Santa Rosa sita en este lugar que está delante de esta casa, con la obligación y carga de que el capellán de ella haya de decir una misa cada semana por el anima de dicho mi marido y por la mía y en este caso, nombro por patrono de dicha capellanía a don Felipe de Soto, o al sucesor que fuere dueño de la Casa de mis padres, el cual y sus sucesores tengan la facultad de nombrar capellán de dicha capellanía el que les pareciese más a propósito.”[3]

En el inventario de capillas de Santa Eulalia de Abamia que se hace en la visita del año 1746, leemos: “En esta parroquia hay fundadas las ermitas del Ángel, Santa Ana, San Blas, San Cosme y Santa Rosa, las cuales están bien reparadas, y encarga su Merced [Vicente García de la Peña, abogado de la Real Chancillería de Valladolid, Visitador General del Partido por el Obispo de Oviedo, Gaspar Vázquez Tablada] a los que se titulan patronos de ellas las cuiden y reparen en adelante para su conservación, de todo lo necesario.”[4]

El patronato de la capilla de Santa Rosa de Viterbo correspondía a la casa de Noriega. De fecha relativamente cercana, año 1841, es la presentación que hace Benito de Llanos y Noriega en su hijo Eduardo Llanos Álvarez de las Asturias de los patronatos de legos de Santa Rosa de Corao y del Santo Ángel de Corao Castiellu, tras el fallecimiento del presbítero Pedro de Labra[5]

Con estos exiguos datos no se puede trazar un relato adecuado sobre la capilla de Santa Rosa de Viterbo, fundada hace tres siglos por el sacerdote Francisco de Noriega, pero ello no es óbice para que dediquemos unos párrafos a este bello exponente de nuestro patrimonio arquitectónico.


[1] Archivo Histórico Nacional. Secc. Ordenes Militares, Santiago, Juan de Noriega Robredo, leg. 97 mod., testimonio del testamento de Juan de Noriega, abuelo paterno del pretendiente. Protocolo de escrituras públicas que pasaron ante Domingo Sarro, año 1717, fol. 232. El archivo de los escribanos Sarro estaba depositado en 1813 en casa de Bartolomé de Intriago, en Corao, por disposición del alcalde constitucional de Cangas de Onís.

[2] Íd., testimonio del testamento de Juan de Noriega menor, abuelo paterno del pretendiente. Protocolo de escrituras públicas que pasaron ante Domingo Sarro, año 1717, fol. 232. 

[3] Íd., testimonio del testamento de Ana María de Soto, abuela paterna del pretendiente en 2º orden. Protocolo de escrituras públicas que pasaron ante Domingo Sarro, año 1719, fol. 184.

[4] Libro de fábrica de Santa Eulalia de Abamia, 1718–1835, fols, 63 vto. y 64. Visita del año 1746. Relación de capillas de la parroquia.

[5] Según notas de Celso Diego Somoano. Archivo Notarial de Cangas de Onís, protocolos de Francisco García Ceñal. Cangas de Onís, 2 de enero de 1841. Presentación de los patronatos de legos de Santa Rosa de Corao y Santo Ángel de Corao Castillo en Eduardo Llanos. La escritura la otorga Benito de Llanos, poseedor de los vínculos, mayorazgos, capellanías, etc. que fundaron sus causantes. Su madre, Antonia Noriega Robredo, siendo viuda de D. Bernardo Llanos Cifuentes, coronel que fue del Regimiento Provincial de Oviedo, presentó el 14 de diciembre de 1805 en Pedro de Labra la capellanía del Santo Ángel de la Guarda, que había fundado en Corao Castiellu el presbítero Gómez de Noriega y Labra, reducida a legos con fecha 27 de septiembre de 1794, y también el patronato in solidum del aniversario que había fundado su abuelo Juan de Noriega por encargo de su mujer Catalina de Soto con la carga de 52 misas locales en cada año que se habían de celebrar en la capilla de Santa Rosa de Corao en obsequio del glorioso San Nicolás con su dotación de 52 celemines de pan de renta anual.