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Basilio Sobrecueva, Corao, Maxi Blanco del Dago, Museo Basilio Sobrecueva, Museo de Bellas Artes de Asturias, Roberto Frassinelli
Hace treinta años, el 2 de junio de 1995, Maximino Blanco del Dago inauguraba el Museo de la cerámica y los relojes Basilio Sobrecueva, quijotesca empresa que culminaba la recuperación de la memoria de su antepasado, fundador de la relojería de Corao, oscurecida por un relato distorsionado de este destacado capítulo de las artes industriales en Asturias.
Creó el museo con el objetivo de divulgar la cultura asturiana en sentido amplio, aunque centrado en la historia local, y de mostrar su colección de cerámica asturiana y alfarería española iniciada durante su etapa universitaria en Madrid. Las más de seiscientas piezas asturianas, de los siglos XVIII, XIX y XX, proceden de los principales centros asturianos a los que unió la producción de ensombrecidos alfares de su concejo natal: Pandesiertos, el Pozu los Llobos y Cangues d’Arriba.
Lo instaló en Muñíu, lugar próximo a Covadonga, donde había adquirido diversas propiedades que rehabilitó durante cuatro años. El conjunto estaba compuesto por una vivienda rural, tres cuadras, un hórreo y terrenos a ambos lados de la carretera de Cangas de Onís al santuario. Fue en el último año cuando decidió afrontar la aventura museística, ofreciendo una alternativa en el concejo, turístico por excelencia, pero carente de oferta cultural. Emilio Marcos Vallaure, en ese tiempo director del Museo de Bellas Artes, alentó y orientó la “generosa apuesta por Asturias” de Maxi Blanco.
El museo propiamente dicho constaba de dos plantas. La primera dividida en tres salas; dos de ellas dedicadas a la cerámica asturiana (unas trescientas piezas de Faro, Llamas del Mouro, Miranda de Avilés, Piloña, Pola de Siero, los alfares cangueses y Sotu Deu), además de una pequeña representación de cántaros de agua de todas las comunidades españolas. La tercera estaba destinada a la fase inicial de la relojería de Corao, protagonizada por Basilio Sobrecueva Miyar. En la planta baja se ubicaban la sala de exposiciones temporales, el despacho-biblioteca y el almacén.
Durante una década, Maxi organizó interesantes actividades, como la exposición sobre Covadonga (1996); el segundo Congreso de Ceramología (1997) que contó con la asistencia de algunos de los más destacados estudiosos (directores de museos, coleccionistas e investigadores) de la cerámica en España; creó una escuela, cuyos cursos fueron impartidos por Nacho y Vanesa Artime Vega, alfareros de Faro; y en el año 2001 presentó en Oviedo, con el patrocinio de su Ayuntamiento, la espléndida exposición «La cerámica en el Museo Basilio Sobrecueva», exhibida en la Plaza Trascorrales y en el Café Español.
En 2004, ante la imposibilidad de mantener abierto el museo sin ayudas oficiales, Maxi Blanco tomó la decisión de cesar en su actividad pública y cerró sus puertas, aunque durante un tiempo pudo visitarse con cita previa. Una oferta de compra del complejo de Muñíu y la oportunidad que se le presentó de adquirir la casa de Cambre en Corao, donde habitara Roberto Frassinelli, provocó un cambio de rumbo. Emprendió la rehabilitación del edificio con la vista puesta en su inauguración en 2008, pero la crisis económica que se desató ese año y una grave enfermedad truncaron su propósito de comenzar de nuevo con un concepto más privado, de casa-museo.

Maxi Blanco falleció el 20 de abril de 2012. En su testamento legó al Museo de Bellas Artes de Asturias el edificio parcialmente restaurado de Corao y sus colecciones de cerámica, relojes y dibujos de Frassinelli, entre otros bienes. Una decisión que estimo acertadísima. El carácter científico de dicha institución y de sus trabajadores, específicamente formados para la gestión cultural, y la sinergia que se generará con el acervo histórico de Corao, enriquecerá y fijará la identidad de esta sede en el concejo de Cangas de Onís, convirtiendo al museo en el lugar ideal para su conservación, estudio y promoción como complemento de los programas de exposiciones temporales y de acción cultural y divulgativa propios del Bellas Artes.

Los hechos demuestran que la transición de una colección museográfica, desde el particular que la creó o desde sus herederos, al dominio público resulta una cuestión ardua, a veces polémica y en la mayoría de los casos fracasada, bien sea porque lo reunido no armoniza con la planificación cultural de los organismos oficiales, bien porque el coleccionista ha establecido condiciones discordantes con la discrecionalidad política, por presentar el legado impedimentos que comprometen el bien público, o simplemente porque el propietario no ha dispuesto un destino conveniente. En Cangas de Onís tenemos un ejemplo paradigmático con la pérdida para el concejo de las excepcionales colecciones (arqueológica, bibliográfica, numismática, de instrumentos musicales…) que Sebastián de Soto Cortés atesoró en el palacio de Labra.
La historia está llena de personas con intereses culturales que a lo largo de sus vidas fueron reuniendo un estimable patrimonio. Cuando la riqueza del coleccionista es suficiente se logra la creación de instituciones como la Fundación Selgas-Fagalde (El Pito, Cudillero) que alberga un extraordinario conjunto artístico. Ahora bien, estos son casos excepcionales, pues lo común es que las colecciones privadas terminen siendo vendidas, tras el fallecimiento de su creador, por anticuarios o subastadores. Sin embargo, en ocasiones se opta por su conservación y se aspira a transferirla a los organismos públicos y aquí nos encontramos, muchas veces, con verdaderos nudos gordianos.
Es por ello que quiero destacar la labor de la heredera de Maxi Blanco, su hermana Mariavi, no solo por el tesón y el sacrificio demostrado para hacer realidad la voluntad de su hermano, sino también por su visión e inteligencia para allanar todos los obstáculos que dificultaban la aceptación del legado por el Museo de Bellas Artes de Asturias. La donación de la excepcional espada de Sobrefoz, un objeto único con más de 3.000 años de antigüedad, cuya presentación pública en el Museo Arqueológico de Asturias contó con la presencia de Adrián Barbón, presidente del Principado, propició una actitud favorable, amén de otras iniciativas en el mismo sentido. María Victoria Blanco del Dago contó con la generosa colaboración del bufete de abogados Menéndez y Varona. Laura y Alfredo han sido un apoyo jurídico inestimable y figuras fundamentales para articular sus deseos. Además, en este momento decisivo se encontraba al frente de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias la canguesa Berta Piñán Suárez. La asunción de la manda testamentaria de Maxi Blanco fue el último acto de su mandato.
La dirección del Museo de Bellas Artes de Asturias traerá cambios y mejoras sustanciales al proyecto inicial. Corao y Cangas de Onís se van a beneficiar de los abundantes fondos propios de este museo que en manos de profesionales de la cultura (curadores, investigadores, conservadores y artistas) van a dotar al nuevo equipamiento de la vida necesaria para convertirlo en una institución atractiva, amalgamadora de la historia local con el arte asturiano y universal. El pueblo, el edificio y la pequeña finca que lo acoge son lugares excelentes para establecer en la sede de Corao una “antena” que irradie cultura en todas direcciones y para lograrlo se está trabajando en los proyectos arquitectónico y museográfico. Ni siquiera sabemos aún el nombre que tendrá, aunque no dudo que se respetará la memoria del donante y figurará Basilio Sobrecueva, del modo que se considere, no vaya a caerse en la equivocación de preferir a Frassinelli, cuando su presencia en el proyecto impulsado por Maxi ha sido sobrevenida.
Un último apunte. Corao y el concejo de Cangas de Onís reciben una donación transcendental para su patrimonio cultural, un regalo que reta a los vecinos y al Ayuntamiento a contribuir en su conservación y acrecentamiento porque no solo ganamos unos edificios y colecciones artísticas, sino también una institución que los gestionará con total garantía, algo fundamental para adherirnos al legado de Maxi Blanco del Dago.
Francisco José Pantín Fernández
Artículo publicado en el Boletín de Fiestas de San Antoniu, Cangas de Onís, SFC, 2025, pp. 66-69.
Ojalá no tengamos que esperar otros 15 años en que sea realidad
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