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por José Manuel Trespando Corredera

INTRODUCCIÓN

A través de diversos legajos conservados, podemos constatar como desde tiempos antiguos el Solar de Soto mantuvo el privilegio de que en su demarcación se llevasen a cabo las elecciones a cargos del concejo. Dato este que no pasó desapercibido para algún que otro rey de armas, como es el caso de José Alfonso Guerra y Villegas que en sus escritos habla de la posesión por parte de los Soto de la capilla de la advocación de San Andrés, lugar donde en los meses de marzo eran convocados los regidores para la elección y nombramiento de jueces, procuradores y demás oficios del concejo de Cangas de Onís, según lo había instituido Gutierre Álvarez de Soto, gran servidor de la corona de León, a quien los genealogistas dan por primer ascendente y «tronco» de la Casa de Soto.

El apresamiento del escribano del número y ayuntamiento de Cangas de Onís Gonzalo de Teleña el 9 de febrero de 1661, acusado de realizar informaciones de hidalguía a ciertos vecinos de Las Rozas y Margolles a cambio de dádivas y sobornos, origina el requisamiento de una parte de la documentación de su escribanía para ser trasladada a la Real Chancillería de Valladolid e incorporarla como prueba en la causa llevada contra él y aquellos otros que de manera directa o indirecta estuvieron relacionados con la alteración de las pruebas de nobleza[i]. Gracias a este acontecimiento, inusual en esa época, se han podido localizar padrones de pecheros e hidalgos de Cangas de Onís del s. XVII[ii] que se creían desaparecidos, recuperando así una parte importante de la historia canguesa y donde por primera vez se hace referencia a vocablos hoy en desuso que tuvieron gran relevancia en la distribución geopolítica de Cangas de Onís en los albores de la Edad Moderna. Nos estamos refiriendo a los términos «cuarto» y «cualla», empleados para designar aquellas divisiones territoriales del concejo que agrupaban en su perímetro a una serie de lugares y pueblos asociados.

En el padrón de calle hita de 1650 aparece por primera vez la relación de hidalgos y pecheros subdividida en cuatro grupos llamados «cuartos»: cuarto de Intriago, cuarto de Labra, cuarto de Agüera[iii] y cuarto de Cangas. Si prestamos atención a la distribución parroquial canguesa podríamos decir, salvo excepciones, que el cuarto de Intriago correspondería a la zona geográfica comprendida en las parroquias de San José de Zardón, San Martín de Grazanes y San Pedro de Con. En el cuarto de Labra tendríamos Santa Eulalia de Abamia y San Bartolomé de Labra, su hijuela. En el cuarto de Agüera estarían San Martín de Margolles, San Vicente de Triongo y San Pedro de las Rozas. Y por último, el cuarto de Cangas englobaría a la actual parroquia de Santa María de Cangas.

Entre los legajos que se recaban a Gonzalo de Teleña se encuentra una relación de pecheros u hombres buenos labradores del repartimiento de la moneda forera del año 1646[iv]. Lo significativo de este documento no es en sí el padrón de pecheros, seguramente anexo en su origen a un padrón de calle hita de ese mismo año, sino que en él aparece un modo diferente de organizar los lugares de Cangas, ya que dicho repartimiento no se hace por cuartos, sino por medio de lo que se designa como «cuallas». El padrón inicia su elaboración en lo que denomina «cualla de abajo», englobando en ella a los pecheros residentes en el área de los ya mencionados cuartos de Agüera y Cangas, para a continuación proceder a relacionar a los labradores que integran la denominada «cualla de arriba», es decir, aquellos que residen en los cuartos de Labra e Intriago. En ambos casos se indica la correspondiente aportación económica que cada labrador ha de hacer al repartimiento y los meses en que deben abonar el impuesto.

De los padrones requisados y trasladados a la Real Chancillería de Valladolid, más acordes a la obligatoriedad de los empadronadores de nombrar «al hidalgo por hidalgo, y al Clérigo por Clérigo, y al pechero por pechero, y al cuantioso por cierto»[v], y dada la escueta información que en ellos se refleja, no se pueden extraer datos significativos para un estudio demográfico cangués de mediados del XVII, pues en ellos solo se indica el nombre y estado de los cabezas de casa, sean hidalgos o pecheros, y la existencia de los hijos bajo ese techo, sin especificar el número, género o estado de estos. Pese a ello, el análisis de estos legajos aporta datos que nos perfilan los linajes locales más prominentes de un periodo en el que la escala más baja de la nobleza adquiere un importante ascenso social al acaparar los cargos que rigen el concejo. Sus fuentes de ingresos, saneadas por el valor de sus rentas y la institucionalización del mayorazgo que evita la división de bienes entre los descendientes, reafirman de forma significativa su posicionamiento social. Los estimables beneficios de la tierra son un sistema de ingresos seguro para este grupo, mediante el aforamiento de sus propios terrenos o el subaforamiento a otros renteros de foros que ellos mismos acuerdan con los monasterios de Villanueva y Covadonga.

Un dato que llama la atención en estos padrones, dentro del grupo hidalgos notorios de casa y solar conocido del cuarto de Agüera, es la diferenciación que los empadronadores hacen al designar a determinados individuos como «escuderos hidalgos»[vi], marcando así una distinción jerárquica entre estos últimos y el resto de los de su estado. Aunque la bibliografía consultada no especifica claramente el matiz que los distingue del resto de hidalgos, podríamos estar, en su origen, ante aquellos escuderos[vii] que, aunque nobles, estuvieron al servicio de otros que ostentaban un mayor poder y en nuestro caso, tal vez, ante los descendientes de aquellos repobladores de Triongo que vinieron acompañando a Alfonso I[viii].

La primera cita sobre estos escuderos de Margolles la encontramos en el Libro Maestro Viejo[ix] del monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva donde aparece una nota al margen indicando que «no binieron los escuderos de margolles, sino solo siete y quienes fueron a comer en esta casa» y a continuación «protestas contra los de margolles. N13 y N14». No se vuelve a mencionar nada tocante a estos escuderos a lo largo de este libro, en el que se relacionan los encabezamientos de los foros del monasterio. No volveremos a encontrar ninguna referencia a estos hidalgos hasta un libro formado en 1729[x] donde entre la relación de escrituras y papeles estantes en el cenobio volvemos a encontrar otra nota al margen, esta vez tachada, que indica «Requerimiento que hizieron Los de Margolles al Abbad y monxes sobre que se les debia dar a comer el segundo Dia de Pascua de Spiritu Santo y testimonio de lo que paso. Lib. Viexo numº 14», sin que esta nota aporte nada nuevo a lo ya dicho ni aclare el conflicto que dio lugar a las mencionadas protestas.

La respuesta a quienes fueron estos escuderos la encontraremos en dos pequeños legajos traspapelados entre los documentos eclesiásticos del monasterio, ambos fechados el 15 de mayo de 1606 y encabezados por una nota que indica «Margolles, sobre la olla». El primero de ellos[xi], un traslado realizado por el escribano Andrés Fernández de Cuadroveña, describe el requerimiento de Juan de Villar, señor de la Casa de la Temprana, por si y en nombre de los demás escuderos del lugar de Margolles, reclamando al monasterio dos comidas ‑una el lunes de pascua y otra el día de San Pedro‑ que según costumbre y de un tiempo a esa parte se les venía dando por considerarse descendientes de los fundadores del monasterio. Comidas que les fueron negadas por el abad del convento, por estimar que la fundación del monasterio de Villanueva[xii] había correspondido al «yerno y la hija del infante pelayo». Tras varios requerimientos y las correspondientes negativas por parte del abad, se unió a la reclamación Julián de Soto[xiii], en su nombre y en el de los descendientes de la Casa de Soto. El segundo legajo[xiv], fue redactado en la misma fecha por el escribano ovetense Juan del Fresno, quien describe los hechos acaecidos con posterioridad a los relatados en el primer legajo y nos narra como Juan de Villar y los demás escuderos, en contra de la voluntad del abad y mayordomo del convento, tomaron por fuerza “la olla” y otras viandas de las que dieron cuenta.

La exigua información existente sobre Julián de Soto la encontraremos en los documentos que se hallan fuera del concejo de Cangas de Onís, pues lamentablemente en el archivo de protocolos cangués son muy escasas las referencias a este individuo. La pérdida y el deterioro de las escribanías que dieron fe de los eventos acaecidos en el concejo en los inicios del s. XVI como las de Diego de Labra, Gonzalo de Teleña, Pedro González de Teleña, José de Palacios, etc. cuyos legajos, escasos y salvo excepciones muy mal conservados, no ayudan a la labor de investigación. De escribanías previas, como las de Toribio de Bada o Gonzalo Pérez de las Rozas, por citar algunas, solo se tiene conocimiento de su existencia.

Se sabe de este Julián de Soto que era hijo de Francisco de Soto y por tanto nieto del escribano Gonzalo García de Soto el Mozo quien residía en el lugar de Soto de Cangas junto a María Fernández de Soto, su mujer. Ésta falleció el 5 de abril de 1568, siendo ya viuda, dejando por hijas de su legítimo matrimonio a María González y Catalina Fernández, y por varones a Gonzalo, Juan, Francisco, estos dos últimos escribanos, y Pedro de Soto, prior de Nuestra Señora de Covadonga[xv]. Gracias a su testamento y a la documentación concerniente a la disputa entre sus hermanos Juan y Francisco, relacionada con el finiquito de los bienes del prior, tendremos noticias de la Casa de Soto y su relación con el monasterio de Villanueva.

No debió de existir una relación cordial entre Pedro y su hermano Juan porque en el momento de realizar Pedro su testamento deja bienes al resto de sus hermanos omitiéndole por completo y no así a su hijo homónimo, escribano como su padre. Esta enemistad pudo surgir en los últimos años de vida del clérigo pues no parece que existiera en 1577 cuando este hace donación[xvi], ante el escribano Antonio de Intriago, de cuatro quintos de todos sus bienes a Juan y a Francisco, sus hermanos, entre los que se encuentra la casa de La Riera donde en esas fechas residía el prior. Sabemos del abad que en los últimos años de su vida, finales del s. XVI, tenía su residencia en la «casa de la sierra» sita en Soto de Cangas, alternando esta morada con otra casa que tenía en Llerices, donde vivía junto con María, su «criada». De ella sabemos que era hija de María de Aleos y madre de Mayor y María, a quienes el clérigo cita en su testamento[xvii] como «sus criadas» pese a que en realidad eran sus propias hijas como deja claro una nota marginal del documento que indica «hijas del prior». La paternidad de la primera queda confirmada en un documento sin fechar que se encuentra entre los legajos testamentarios de María Fernández de Soto[xviii] relacionado con los bienes que quedaron por fin y muerte de su hijo Francisco, donde leemos: «pagaron francisco de soto y su mujer a gutierre de labra para casar con mayor hija del prior porque cuando el prior la caso con el dicho gutierre de labra, asi lo dejo constar en la escritura que se hizo de dote». De la otra hija, María, queda constancia en el testamento de María Fernández del Cueto[xix], mujer de Francisco de Soto, sobrino del clérigo, cuando indica «mando a maria hija del pryor la saya negra que era de mi madre». Entre las partidas testamentarias de Pedro de Soto hay una de trescientos cincuenta ducados que va destinada a sus hijas para dotarlas en sus respectivos matrimonios[xx].

Tras la muerte de Pedro de Soto y tener que hacerse efectiva la dotación a sus hijas[xxi], Francisco de Soto aporta en el momento para completar la dote ochenta ducados, desentendiéndose de tal obligación su hermano Juan «que no quiso pagar nada». Es la reclamación de estos ducados la que da origen a que se inicie entre ambos hermanos un pleito que llega a la Chancillería de Valladolid[xxii], y es a través de los documentos aportados a este pleito, junto con el testamento del propio Pedro de Soto, donde se ve la interacción de los Soto con el monasterio de San Pedro de Villanueva[xxiii], así como los privilegios de enterramiento que tuvieron los miembros de este linaje, como bien quedó de manifiesto en el litigio que se llevó a cabo entre miembros de la familia Soto y los monjes del monasterio por los derechos de la almagrera de la ería del Noval, sita en el lugar de Labra[xxiv]. Litigio que finalizó con el acuerdo entre Bartolomé Antonio de Soto y el abad benedictino, recuperando el convento sus propiedades y obligándose a mantener en el futuro dos lápidas de esta familia. Una de ellas, rasa y con las armas de la Casa de Soto[xxv], que dejará la impronta del grupo familiar más notable del concejo cangués cuyos miembros siempre fueron tratados como «hidalgos notorios de casa y solar conocido de armas poner y pintar».

A lo largo de los siglos, muchos han sido los historiadores, genealogistas y reyes de armas que han gastado tinta y papel en describir la descendencia del linaje de la Casa de Soto. Ente ellos podemos destacar a José Antonio Guerra y Villegas, quien situó esta Casa, en sus orígenes, en el «lugar de Soto, concejo de Cangas de Onís, junto a la Peña de Covadonga, donde el Rey Don Pelayo fue legítimamente aclamado por rey en año de 718». Guerra y Villegas cita a este linaje[xxvi] como uno de los más ilustres de la historia de España, junto con Juan de Mendoza[xxvii] y Pedro Salazar[xxviii]; centra la fundación de su casa solariega, una de las más infanzonadas y de mayor posición de aquel siglo, cerca del sitio donde celebraron la elección regia y donde más tarde el infante Pelayo recibió juramento de fidelidad de los suyos en lo que se conoce como el Campo de la Jura; lugar este y en sus aledaños, donde hasta los primeros años del s. XIX[xxix] se mantuvo la tradición de tomar posesión de varas de justicia los cargos concejiles designados por insaculación.

Gracias a diversos legajos conservados, podemos constatar como desde tiempos antiguos el Solar de Soto mantuvo el privilegio de que en su demarcación se llevasen a cabo las elecciones a cargos del concejo. Dato este que no pasó desapercibido para algún que otro rey de armas, como es el caso de José Alfonso Guerra y Villegas que en sus escritos habla de la posesión por parte de los Soto de la capilla de la advocación de San Andrés, lugar donde en los meses de marzo eran convocados los regidores para la elección y nombramiento de jueces, procuradores y demás oficios del concejo de Cangas de Onís, según lo había instituido Gutierre Álvarez de Soto, gran servidor de la corona de León, a quien los genealogistas dan por primer ascendente y «tronco» de la Casa de Soto.

Podemos suponer que la implicación de los Soto en la designación del infante Pelayo y su apoyo en los primeros progresos de la reconquista les permitiese gozar desde los primeros tiempos de especiales preeminencias, como tener primer lugar de asiento en la parte del evangelio de la iglesia del lugar de Soto al igual que en el convento benedictino de San Pedro de Villanueva, donde además tenían el derecho de «capilla, entierro, tumba y armas». Queda claro que aún sin pertenecer al grupo de los escuderos hidalgos de Margolles, tenían los Soto ante el monasterio de Villanueva mayores privilegios que los primeros, siendo agasajados los lunes de pascua de Espíritu Santo con una espléndida comida y con otros diversos actos que conllevaban el reconocimiento y preeminencia de su linaje.

Diego Barreiro[xxx] coincide con Guerra y Villegas en cuanto al origen, ubicación de la casa solariega y en el hecho de que se reconociese su alcurnia por medio de una comida los lunes de pascua por parte de los benedictinos de Villanueva, lugar donde tenían «su capilla y entierro con tumba y armas y tres sepulturas». Pero difiere en la cuestión del nombramiento de cargos concejiles en el interior de la capilla de San Andrés, pues mantiene en sus certificaciones que lo que se elegía en ella el primero de enero de cada año era el clérigo que tendrían los señores de Soto, quien como obligación debía de dar «una bebida de entrada y reconocimiento del señorío: y el martes de pasqua del Espiritu Sancto, assimismo el clerigo nombrado ha dado y da de comer al señor y vecinos del solar de Sotto» y se reitera Barreiro en que en marzo de cada año, los que se eligen en el solar fundado por Gutierre Álvarez de Soto, y no en la capilla, son jueces y regidores.

Hasta cierto punto no les falta razón a ambos genealogistas en sus afirmaciones, pues todo parece indicar que con anterioridad a la venta de regimientos por parte de la Corona, era en la capilla de San Andrés donde los primeros domingos de marzo de cada año se llevaba a cabo la elección de cargos concejiles y el nombramiento de su capellán. Fue tras la enajenación de cargos por parte del antiguo régimen a finales del s. XVI cuando el nombramiento de capellán cayó en desuso, realizándose a partir de entonces tan solo el nombramiento de varas de justicia por parte de los regidores.

Una aclaración a este punto la encontraremos en los testimonios dados por los testigos presentados en 1587 para las pruebas de nobleza de Rodrigo de Soto, un vecino de Celaya (México) y natural de lugar de Soto de Cangas, cuando indican:

que por el primer domingo del mes de março de cada un año los veçinos e moradores del dho lugar de soto y de los demas lugares de dho conçejo de cangas de onys sean juntado y juntan en una capilla de la advocacion de señor santo andres questa en el dho lugar de ssoto y es de los señores de la dha cassa y esta junto a ella y ansi juntos an nombrado e nombran los jueces ordinarios y alcaldes de la santa ermandad y regidores antes quel rrey nuestro señor bendiese los regimientos. Y ansi mesmo nombran otros ofiçiales del dho conçejo y los nombrados en la dha parte y sitio an usado y ejerçido los dhos ofiçios cada qual al que le cupo y en esta parte se a hecho y haçe el dho nombramto de ofiçiales y no en otra alguna y los dueños de la dha cassa y sus deçendientes legos an thenydo e tienen prehemiençia de nombrar e an nombrado un capellan el primero día de mayo de cada un año para que sirva a la dha capilla y el que an nombrado la a serbido y llebado los frutos e las rrentas que le son anejas e perteneçio antes lo qual han hecho y haçen como presenteros y patroneros del dho benefiçio y capilla y los dhos decendientes y dueños de la dha cassa y solar que en dho lugar y concexo an bibido an sido nonbrados por jueçes ordinarios del estado de los onbres hijos dalgo de dho conçejo por ser avidos y tenidos por tales hijosdalgo y desçendientes de dho solar y cassa[xxxi].

Notas

[i] Trespando Corredera, José Manuel, Apresamiento de un escribano, [s.l.], el autor, [2005].

[ii] Trespando Corredera, José Manuel, Padrones de Hidalguía del concejo de Cangas de Onís, Corao, Asociación Cultural Abamia, 2009.

[iii] En ocasiones podemos encontrar este cuarto designado como «Cuarto de la Reja» o «Cuarto la Uera». Ejecutoria del pleito litigado por Lucas del Villar, juez ordinario en el concejo de Cangas de Onís (Asturias) por los hijosdalgo, con Pedro Celorio, vecino y regidor de dicho concejo. Año 1653. AChV, Registro de Ejecutorias, caja 2789, pieza 75.

[iv] «La moneda forera es un tributo que se pagaba en España desde mui antiguo en reconocimiento del señorio Rl y se cobraba por cada cabeza que fuese suijuris una cierta quantia de mrs de siete en siete años. todo lo cual se halla en un Libro intitulado Registro de los Reyes Católicos de España que cita varias cedulas y privilegios con fha de fines de 1500 y principio de 600». Noticias de Asturias. Tomo II. BN, manuscrito Mss/9170, s. XVIII, p. 62v.

— Aunque era un tributo que por lo general se pagaba cada septenio, hubo sus excepciones «que la moneda forera no se cobrasse de cinco en cinco años, sino de siete en siete como se solia cobrar». Atienza, Diego, Repertorio de la nueva recopilación de las leyes del reyno. Libro IX, título XXXIII, ley XXIII. f. 350v. Año 1581. BN, manuscrito R/34186(3).

[v] Atienza, Diego, Op.cit.Libro IX, título XXXIII, ley X. f. 348v.

[vi] En el periodo comprendido entre 1650‑1656 son mencionados como escuderos hidalgos en el lugar de Margolles: Alonso del Palacio; Alonso González del Palacio; Álvaro Díaz de Noriega «mayor en días» (✝︎); Álvaro Díaz de Noriega «menor en días»; Cosme del Palacio; Cosme Díaz de Noriega «el viejo»; Cosme Díaz de Noriega; Cristóbal de Noriega; Gaspar de Noriega Soto; Juan de Noriega «el mayor» (✝︎); Juan de Noriega «el menor»; Juan de Villar de Margolles “«el mozo» (✝︎); Juan de Villar de Margolles «el mozo» (otro); Julián del Palacio; Pedro de Noriega «menor en días»; Simón de Noriega Soto; Toribio de Noriega Soto. En los lugares de Llano y Viña se cita también a Cristóbal García de Llano, Diego García de Llano y Lucas de Villar.

[vii] «ESCVDERO: El hidalgo que lleva el escudo al cavallero, en tanto que no pelea con el, y el que le lleva la lança que suele ser joven le llaman, page de lança. En la paz, los escuderos sirven a los grandes señores, de aconpañar delante sus personas, asistir en la antecámara, o sala: otros se estan en sus casas, y llevan acostamiento de los señores, acudiendo a sus obligaciones a tiempos ciertos. Oy dia mas se sirven dellos las señoras, y los que tienen alguna passada huelgan mas de estar en sus casas que de servir, por lo poco que medran, y lo mucho que les ocupan». Covarrubias Orozco, Sebastián de, Tesoro de la lengua castellana o española. Madrid, por Luis Sánchez, 1611, p. 369.

[viii] Las crónicas alfonsinas, versiones Rotense y A Sebastián, nos hablan de la repoblación de la antigua zona asturiana de Primorias «cercana al teatro inicial de la Reconquista», mencionándose como perteneciente a este territorio el lugar de «Triunico que es sin duda el actual Triongo, entre Arriondas y Ribadesella». Gil Fernández, Juan, Moralejo, José L. y Ruiz de la Peña, Juan I. Crónicas Asturianas. Oviedo, Universidad de Oviedo, 1985, pp. 208‑209.

[ix] AHN, Clero Secular Regular, Libros del monasterio de San Pedro de Villanueva, Benedictinos. , libro 9432, ff. 92r. y 93v.

[x] Ibíd, libro 19881, f. 88r.

[xi] Vid. Anexo A: “Margolles, sobre la olla. Requerimiento contra los de Margolles en 15 de mayo de 1606, Sobre la comida que se debe a los hidalgos de la Casa de la Temprana. Nº 14”, Papeles Varios, S. XVI, AHN, Clero Secular Regular, Legajos del monasterio de Villanueva (Benedictinos), legajo 5268.

[xii] «D Alonso el Primero Llamado el Catolico. Fue hijo de D Pedro Duque de Vyzcaia. Entro en el reino por casar con Hormensinda, hija de D. Pelayo […] Reedifico Templos caidos y profanados con la supersticion de los Infieles edificando algunos de nuevo y entre ellos la sumptuosa Iglesia y Monasterio de Benitos de S. Pedro de Villanueba, dotandole con cuantiosas posesiones». Serna, José Antonio de la, Historia breve de los cincuenta Reyes de Asturias, León, Castilla y Reynos Unidos, desde el Rey D. Pelayo, despues de la pérdida de España, hasta el Sor Felipe Quarto. BN, manuscrito Mss/7043, s. XVIII, vol. 1, pp. 18v‑20r.

[xiii] Hijo del escribano Francisco de Soto y de María Fernández del Cueto, vecinos de Soto. Sobrino de Juan de Soto, escribano, y de Pedro de Soto, abad de Covadonga. Se casó con María de Soto de Labra ‑citada también como María García de Soto‑, hija del escribano Pedro González de Soto de Labra y de Inés Fernández de Labra, vecinos de Labra.

[xiv] Vid. Anexo B: “Margolles, sobre la olla. Requerimiento y protesta contra los de Margolles en 15 de mayo de 1606. Testimonio sobre las protestas. Nº 14”, Papeles Varios, S. XVI, AHN, Clero Secular Regular, Legajos del monasterio de Villanueva (Benedictinos), legajo 5268.

[xv] María Fernández de Soto había otorgado testamento en Soto de Cangas el 12 de abril de 1563 ante el escribano Gutierre Alonso de Soto, dejando por universales herederos a «pedro de soto, prior de covadonga, e a juan de soto, escribano, e hijos de gonzalo garcia e a francisco de soto e a maría gonzalez e a catalina fernandez, mis hijos». Testamento de María Fernández de Soto, mujer de Gonzalo García de Soto, escribano difunto. AHA, Documentación de la familia González Cutre, caja 11504, apartado 1.

[xvi] Donación intervivos hecha por Pedro de Soto Prior de Covadonga a favor de sus hermanos Francisco y Juan, año 1578. AHA, Documentación del Palacio de Labra, caja 19047, apartado 8.

[xvii] Testamento de Pedro de Soto, otorgado en Soto en 8 de agosto de 1583. AHA, Documentación de la familia González Cutre, caja  11504, apartado 3/2ª.

[xviii] Testamento de María Fernández de Soto, mujer de Gonzalo García de Soto, escribano difunto. AHA, Documentación de la familia González Cutre, caja  11504, apartado 1.

[xix] Traslado del testamento de María Fernández, mujer de Francisco de Soto. AHA, Documentación de la familia González Cutre, caja  11504, apartado 6/1º.

[xx] «yten digo que por quanto me sirvieron mayor y mª mis criadas hijas de mª hija de mª de aleos que por ser donzellas dueñas hijasdealgo e para ayuda de se casar ocurrri al rrey don pfelipe ntro señor que me hiziese merced de mandar liçencia para las dotar el qual visto my petición proveyo sus çedulas rreales por las quales me da lliçençia en trescientos y çinquenta ducados doscientos para una y çiento y çinquenta para la otra». Testamento de Pedro de Soto, otorgado en Soto en 8 de agosto de 1583. AHA, Documentación de la familia González Cutre, caja  11504, apartado 3/2ª.

[xxi] «de manera que sea acabado de hinchir los dosçientos y çinquenta ducados y ansy myºs los dhos çiento e çinquenta en otra çedula se hinchan de los dhos mys byenes y estos dichos dotes despues de cumplidas mys deudas y enterramyº y ofiçio sea lo primero pagado e sacado del globo dellos». Ibíd.

[xxii] Pleito de Francisco de Soto, de Cangas de Onís, Juan de Soto, de Cangas de Onís. Francisco de Soto, escribano, reclama 80 ducados a Juan Soto, escribano y juez ordinario, quien los debe como heredero de la mitad de los bienes de Pedro de Soto, hermano de Francisco y prior del Monasterio de Nuestra Señora de Covadonga, Francisco dio el dinero como fiador de la dote de una criada de Juan. AChV, Pleitos Civiles, Fernando Alonso (fenecidos), caja 1267, pieza 7.

[xxiii] «mando por cuanto teníamos de costumbre cada un Lunes de Pascua del Espíritu Santo ofrecer en San Pedro de Villanueva sendas ofrendas». Ibíd., nota 20.

[xxiv] Trespando Corredera, José Manuel, “La almagrera de Labra : La piedra del escándalo”, en Abamia, cien años de abandono, Corao, Asociación Cultural Abamia, 2004, pp. 31-35.

[xxv] «acordando dos lapidas una principal en que pusiese una lapida rasa, con las armas de su casa y otra junto a ella por si sucediese morir en breve dos personas de su casa». Papeles Testamentarios Testamentos. S. XVI‑ S. XVIII (1558‑1816). AHN, Clero Secular Regular, Legajos del Monasterio de Villanueva (Benedictinos), legajo 5275.

[xxvi] Guerra y Villegas, José Alfonso, Minutas de linajes de España. BN, manuscrito Mss/11775, vol. 2, pp. 215r‑221r.

[xxvii] Mendoza, Juan de, Minutas de linajes de España. BN, manuscrito Mss/11739, pp. 392‑396.

[xxviii] Salazar Girón, Pedro, Originales genealógicos y blasones. Quinta parte Pedro Salazar, rey de armas de Felipe IV y Carlos II. BN, manuscrito Mss/3460, p. 5v.

[xxix] «conocido con el nombre de Campo de la Jura, donde en memoria de tan grande acontecimiento, tomaban posesión de sus varas las Justicias de Cangas hasta 1812».Saavedra y Moragas, Eduardo, Pelayo : conferencia dada el 6 de febrero de 1906 en la Asociación de Conferencias de Madrid, [S.l.] : [s.n.], 1906 (Madrid : Tip. Española), p. 17.

[xxx] Barreiro, Diego, Certificación de nobleza y escudo de armas de los linajes Rivas, Sotolongo, Rojas y Ortega, dada por el rey de armas Diego Barreiro, a petición de Carlos Rivas Sotolongo y sus hermanos. Año 1665. AHN, Códices, libro 1408.

[xxxi] Pleito de hidalguía de Rodrigo de Soto. AChV, Sala de Hijosdalgo, caja 1403, pieza 6.