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Breves sueltos salpican las páginas de El Auseva, el emblemático semanario de Cangas de Onís, mencionando las idas y venidas de Fernando de Labra de Francisco e Ildefonso de la Fuente Noriega, “nuestros distinguidos paisanos y ricos propietarios establecidos en Cádiz”. Veraneo de emigrantes que con sus familias retornaban vacacionalmente al terruño.

Ignoro las circunstancias que propiciaron su asentamiento en nuestras antípodas peninsulares y a pesar de esta y otras muchas carencias en mi indagación, he querido acercarme a la historia de estos dos cangueses que rigieron negocios destacados por su profesionalidad y buen hacer, y merced a su inteligencia y laboriosidad supieron granjearse el crédito necesario para convertirse en conocidos y populares comerciantes en tierras gaditanas. Unidos no solo por su patria chica, sino también por lazos familiares[i], participaron de manera activa en la vida económica y comercial de Cádiz, en los ramos de ferretería y, muy especialmente, construcción naval que a partir de la última década del siglo XIX provocó la transformación de la ciudad.

Tan solo encuentro como antecedentes suyos, residentes en Cádiz, a Pedro González de Teleña, mercader en el último tercio del siglo XVIII[ii] y a Pedro Noriega Alonso, de Onao, al que se menciona en el padrón de hidalguía de Cangas de Onís del año 1817 como “ausente en el comercio de Cádiz”[iii].

Fernando de Labra de Francisco

Fernando de Labra de Francisco nació en Celoriu (Abamia, Cangas de Onís) el 23 de abril de 1840, hijo de Benito de Labra Tejuca, de la parroquia de Santa Eulalia de Abamia, y de María de Francisco Noriega, feligresa de San Pedro de Con.

Su familia paterna tenía su solar en Corao Castiellu, figurando en los padrones del concejo de Cangas de Onís como hidalgos notorios de casa y solar conocido, armas poner y pintar. En la casa de La Cantera de dicho lugar, existe un escudo de armas: partido, muestra en el primer campo un castillo con tres flores de lis en triángulo, y en el segundo, las armas del apellido Labra. Esta piedra, fechada en el año 1763, presenta una leyenda que dice: “Armas de Labra y G.a”, apellidos del matrimonio formado por Diego de Labra y María García, trastatarabuelos de Fernando de Labra. Sus abuelos Diego de Labra González y Francisca Tejuca Soto se establecieron en Celoriu entre los años 1827 y 1831. Diego de Labra Tejuca, tío de Fernando, es uno de los tatarabuelos de la gran poeta cubana Carilda Oliver Labra.

Su madre era hija de Fernando de Francisco Suero, regidor del Ayuntamiento de Cangas de Onís y empadronador en el año 1817,  y de Manuela Noriega Teleña. Figuran como hidalgos notorios de casa y solar conocido[iv].

Avecindado en Cádiz, Fernando de Labra fundó un establecimiento instalado en un espacioso local de la antigua calle de Murguía, hoy Cánovas del Castillo,

con el objetivo inicial de dedicarse exclusivamente a la venta de camas de hierro. La feliz acogida que el público dispensara a los artículos de esta firma animó a su fundador a proyectar empresas de más vuelo, y, a este efecto, fue ampliando su esfera de acción hasta conseguir la introducción, por primera vez en Cádiz y probablemente en España, de los muebles de rejilla, construidos con madera curvada, importados directamente de las más reputadas fábricas alemanas.[v]

Concuerda mal la fecha de fundación del establecimiento indicada por el Libro de oro del comercio, navegación, industria y banca de España, el año 1854, con la fecha de su nacimiento, el 23 de abril de 1840, lo que supondría haber inaugurado su negocio a la edad de 14 años, dato inadmisible que pudiera deberse a un error de imprenta que adelantase la fecha en un decenio, pues el artículo “Sobrinos de Fernando de Labra y Compañía”, publicado en el mencionado libro, prosigue informándonos de que el favor de la clientela hizo necesario el traslado de los almacenes y oficinas a un local de mayor capacidad que permitiera un mejor servicio y una mayor comodidad para los compradores, verificándose en el año 1869, al mudar el negocio al número 3 de la calle Sagasta, establecimiento que por un lado se abría a la calle San Pedro y por el otro llegaba hasta el callejón del Tinte, esquina a la plaza de Mina.

Pocos años después, la firma “toma más expansivos derroteros” ampliando sus negocios con la adquisición en el puerto gaditano, en la zona que se denomina segunda aguada, de almacenes que fueron convenientemente habilitados para la elaboración y el envasado de aceite, con el propósito de suplir la carestía dominante en el mercado y también suministrarlo a los buques que arribaban al puerto. El éxito de esta iniciativa permitió “después de esforzadas gestiones, producir aceite en cantidad que permitía exportar un excedente cuantioso a las repúblicas de Ibero-América, especialmente a Cuba”, aceite que se comercializa bajo la marca Auseva.

Almacenes de “Sobrinos de Fernando Labra y Cía”.

Con todo, el bazar o almacén de ferretería en general de Fernando de Labra, tuvo otro importantísimo ramo de negocio como casa proveedora de la construcción naval: el arsenal de la Carraca, la Marina de Guerra española, la Compañía Trasatlántica, el Varadero San Ildefonso de su pariente y paisano Ildefonso de la Fuente Noriega, “además de un gran número de diques y establecimientos marítimos e industriales de las comarcas andaluzas”.[vi]

Fernando de Labra no se limitó a dirigir su negocio, sino que participó activamente, al menos los últimos treinta años de su vida, en todas las organizaciones e iniciativas vinculadas con el comercio gaditano. Fue vocal de número de la Liga de Contribuyentes[vii], accionista y uno de los administradores de la sucursal en Cádiz del Banco de España[viii] y aunque en el diario La Palma de Cádiz del 3 de junio de 1889 se dice que fue nombrado presidente honorario[ix] de la junta creada para lograr la declaración como monumento nacional de la iglesia u oratorio de San Felipe Neri, sede de las Cortes de Cádiz entre los años 1811 y 1814, donde se promulgó la primera constitución española el 19 de marzo de 1812, creo que esto es un lapsus debido a la popularidad del comerciante y que más bien se refiriese a su paisano, otro hijo de Cangas de Onís aunque nacido en Cuba, Rafael María de Labra, diputado a Cortes y padre de la iniciativa[x].

A Fernando de Labra lo encontramos repetidamente citado a lo largo de los años: como socio de la compañía creada para reedificar el Gran Teatro de Cádiz, que un incendio había reducido a cenizas en la noche del 5 de agosto de 1881[xi]; en calidad de miembro directivo de la Cámara de Comercio de Cádiz realizando gestiones en Madrid en 1896, en compañía de los señores José Luis Rodríguez Guerra y Enrique MacPherson, “para recabar del gobierno la concesión para construir un buque de guerra en el astillero Noriega-Vea Murguía”[xii]; en representación de dicha cámara, en 1906 formó parte de la comisión para saludar al ministro de Fomento, Sr. Gasset, junto a Miguel Aguirre y José Vílchez[xiii].

En la tarde del 28 de mayo de 1912, después de celebrarse la última sesión “conforme a la antigua constitución”, Fernando de Labra ocupó la presidencia en la sesión inaugural de la nueva Cámara de Comercio, refundada con nuevos estatutos, siendo elegido tesorero de la primera junta directiva bajo la presidencia de Joaquín Rodríguez Guerra[xiv]. Tres meses después, siendo ya vicepresidente, presidió la sesión extraordinaria causada por el fallecimiento de aquel; representó a la institución en los actos fúnebres y firmó como presidente accidental el telegrama de condolencia dirigido al marqués de Comillas, pues el finado era, además, el máximo representante en Cádiz de la Compañía Trasatlántica[xv].

El 8 de mayo de 1913, Fernando de Labra fallece en Cádiz siendo tesorero de la Cámara de Comercio, vicepresidente del Centro Mercantil e Industrial y vocal de la Junta de patronato de la Escuela de Comercio de la ciudad. Dedicado durante toda su vida a la actividad comercial, constituía su firma “una garantía de honradez y seriedad, y logró con inteligencia y laboriosidad adquirir cuantiosa fortuna”[xvi]. Su multitudinario entierro se verificó el día 9, con participación en el cortejo fúnebre de las cofradías de la Veracruz, Humildad y Paciencia, Nuestra Señora del Carmen y del Señor de la Salud, a las que pertenecía el finado; y la asistencia de representantes y directivos del Banco de España, Casino Gaditano, Círculo Mercantil, Cámara de Comercio, Asociación Patronal, Centro Cántabro, Cooperativa del Pan, Sociedad Económica, entre otras instituciones, junto a diputados provinciales, concejales, funcionarios públicos, comerciantes e industriales, profesionales liberales, etc.[xvii]

Como he dicho, son muchas las carencias de este trabajo y quedan zonas desconocidas en esta breve reseña biográfica de Fernando de Labra de Francisco: sus herederos, agrupados bajo la razón social “Sobrinos de Fernando de Labra y Compañía”, entre los que supongo se encontraban Felipe Tejuca Labra, María, Fernando, Diego y Manuel Samalea Labra, Juan Antonio Labra y Manuel de Francisco; su relación con Cangas de Onís, pues apenas conocemos el adelanto del dinero adeudado por el Ayuntamiento[xviii] al contratista de las obras del puente de Celoriu y su contribución con “cuantiosas donaciones a la iglesia en construcción de Corao”[xix]; su presencia en otros negocios gaditanos y como socio en la Constructora Naval Española (el antiguo astillero Vea Murguía) y si lo fue también, como parece, de Ildefonso de la Fuente Noriega, su paisano y familiar a quien dedicaremos otro artículo.

Francisco José Pantín Fernández

Notas


[i] En 1909, Fernando de Labra preside el duelo por el fallecimiento de Pedro de la Fuente Noriega, hermano de Ildefonso, “en representación de la familia”. El Auseva, Cangas de Onís, 13 de febrero de 1909, año XIX, núm. 933, p. 2.

[ii] Portal de Archivos Españoles (Pares), Archivo General de Indias, Contratación, 10 de octubre de 1768, código de referencia: Es.41091.Agi//Contratación,5511A,N.57.

[iii] Trespando Corredera, José Manuel, Padrones de hidalguía del concejo de Cangas de Onís, Corao, Asociación Cultural Abamia – Museo de la cerámica y los relojes Basilio Sobrecueva, 2009, p. 301.

[iv] En 1831 figuran solo como hidalgos, que es como conceptúan a Agustín de Francisco del Asprón y Rosa Suero de Otedo, padres de Fernando, en el año 1794.

[v] “Sobrinos de Fernando de Labra y Compañía”, en Pascual Monturiol, Emilio (director), Libro de oro del comercio, navegación, industria y banca de España, Barcelona, Compañía Trasatlántica, 1921, pp. 113-115.

[vi] Íd.

[vii] Rosetty, José, Guía oficial de Cádiz, su provincia y departamento, 1878, p. 442.

[viii] https://bancaandalucia.blogspot.com/2011/09/banco-de-espana-sucursal-en-cadiz.html

[ix] Biblioteca Virtual de Prensa Histórica (en adelante Bvph), La Palma de Cádiz, fundado en 1853, núm. 27.875, 3 de junio de 1889, p. 1.

[x] Íd., núm. 27.874, 2 de junio de 1889, p. 2.

[xi]Archive.org, Escritura y Estatutos de la Sociedad Anónima titulada Compañía del Teatro de Cádiz, Cádiz, Imprenta de la Revista Médica, de D. Federico Joly, 1882, p. 6. Se anota, además de su edad (41 años), que es soltero y del comercio.

[xii] Bvph, El Guadalete, año XLII, núm. 12.437, 23 de septiembre de 1896, p. 2.

[xiii] Bvph, La Correspondencia de Cádiz, año XXXI, núm. 6.259, 16 de febrero de 1906, p. 2.

[xiv] Bvph, La Información, Cádiz, año XXXVI, núm. 11.196, 28 de mayo de 1912, p. 1.

[xv] Bvph, El Correo de Cádiz, año IV, núm. 904, 3 de septiembre de 1912, p. 1.

[xvi] El Aldeano, Corao, año II, núm. 30, 15 de mayo de 1913, p. 3.

[xvii] Según noticias de periódicos gaditanos. Íd., año II, núm. 31, 25 de mayo de 1913, p. 3.

[xviii] Íd., año I, núm. 2, 15 de marzo de 1912, pp. 2 y 3.

[xix] Íd., año II, núm. 30, 15 de mayo de 1913, p. 3.