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En el año 2018 escribí en este boletín de fiestas sobre la capilla de San Antonio de Cangas de Onís, fundada el 18 de enero de 1750 y construida por iniciativa de los feligreses de la parroquia de Santa María en las proximidades de la antigua iglesia de Cangas de Arriba[1]. En esta oportunidad, trataré sobre las otras ermitas dedicadas al santo paduano en nuestro municipio.

La devoción a San Antonio de Padua en el concejo durante el siglo XVIII fue compartida por todos los estamentos sociales, pues los templos de su advocación, todos ellos anteriores al sínodo diocesano celebrado en Oviedo en el año 1769 que declaró su festividad como una de las que se habían de guardar en el obispado[2], fueron fundaciones de vecinos, clérigos y nobles. Veamos cuáles son.

San Antonio en Llerices

La primera de las capillas erigidas en honor de San Antonio es la de Llerices, anterior al año 1703. Es de patronato de vecinos y tiene un libro de cuentas (1705—1787) que nos ha permitido conocer diversos aspectos relativos a su edificación y culto aunque desconocemos la escritura y fecha de fundación, probablemente muy cercana al año citado dado que en las cuentas de 1704 se arrastra un cargo del año anterior y dan por descargo dos pequeñas cantidades por la construcción del retablo, en apariencia muy sencillo[3]. En 1712 se remató su dorado y pintura en 275 reales de vellón con Juan del Canto y Morales, maestro de pintar y dorar, vecino del lugar de Llué (Colunga), que dio recibo al párroco de haber cobrado dicha cantidad el 27 de febrero de 1714.

Al año siguiente, el arcediano de Villaviciosa y visitador del partido, Luis de Mier y Noriega, manda en Canges (sic, por Cangues) reparar la ermita, porque una esquina amenaza ruina, y que se empiedre su parte delantera. Cumplido esto en 1715, el arreglo hubo de esperar un tiempo, a tenor de las cuentas de 1721 donde dicen que se está haciendo y que se ha de añadir un campanario. La remató Pedro Blanco, maestro de cantería y vecino de la parroquia, en 17 ducados. En el reconocimiento de cobro, el 18 de abril de 1723, anotan que hizo y reedificó la capilla, ejecutando, por lo tanto, una tarea de más envergadura que una simple reparación.

A mediados del siglo XVIII, en particular durante la mayordomía plurianual de Thomas del Valle, se acomete el adecentamiento, según expresión de la época, del santuario de San Antonio de Llerices, en paralelo a los trabajos que se realizan en la iglesia parroquial de La Riera.

El 14 de febrero de 1753, el prior de Covadonga Josef Bentura Bassadre manda en su testamento, otorgado ante el escribano Toribio de Aladro, que se coloquen en la capilla de San Antonio diversas imágenes de su propiedad: el Santísimo Cristo de los Afligidos, Nuestra Señora de la Purificación, con sus dos vestidos, y Nuestra Señora y San Juan; manda también un espejo embutido en concha, dos candeleros y una palmatoria de metal así como el producto de diversos ganados que tiene en aparcería con vecinos de la parroquia de La Riera[4]. La herencia recibida parece que sirvió de acicate al párroco y los feligreses, pues en 1756 se esclarecen las cuentas y se venden los bienes empeñados por los deudores resultando un saldo favorable a la fábrica de 2.119 reales de vellón y 19 maravedís que invertirán, una parte importante, en la mejora de la ermita.

Ese mismo año se abonan al maestro escultor, Juan de Lugigo (Lujigo, y también Luxigo, que de las tres maneras lo encontramos), 130 reales por la hechura del retablo, que supongo obra nueva más que compostura del anterior. En esta época, Lugigo construyó el retablo del altar mayor, el púlpito, el facistol y los bancos —entre otras tareas— de la iglesia de los Santos Justo y Pastor. En los encargos que realiza en el Coto de Covadonga, actúa más como carpintero que como un verdadero escultor, dado que las imágenes de los santos titulares de La Riera son creaciones de Francisco de Mata Vigil, vecino de Pola de Siero; y la de San Benito Palermo, de Manuel de la Faza que lo era de Infiesto. Años más tarde, el 13 de julio de 1774, firma en Oviedo el contrato para hacer el retablo de la capilla de Nuestra Señora de la Concepción que José Miguel Cortés tiene junto a su casa en Cangas de Onís.

En 1761 se lleva a cabo una completa renovación del santuario de Llerices que importa la considerable cantidad de 938 reales y 8 maravedíes. Pedro Granda, vecino del Coto, hizo labores de carpintería relacionadas, al menos en parte, con la cubierta de la capilla, pues hay cargos por retejar y por dos carradas de teja. Juan Pérez, de Ribadesella, se encargó de la cantería que incluyó, además de su trabajo, el acarreto de cal y arena. La obra precisó que Lugigo desmontara y volviese a armar el retablo, del que se ocupa nuevamente en 1762. En este año será pintado por Juan Rodríguez Gutiérrez, pintor que está trabajando en la iglesia parroquial de La Riera. Percibió 180 reales y otros 50 por el frontal. Suyas deben ser las pinturas hoy conservadas.

La adecuación de una plazuela junto a la ermita mediante la construcción de paredones y el terraplenado del terreno, realizada en los años 1767 y 1768 cuando eran mayordomos Joseph y Alonso del Corro, es otra importante mejora del templo al que también dotaron con una nueva campana, fundida en 1758 con el metal de la vieja al que se añadieron seis libras, y una lámpara comprada en 1767 a Juan Garzía, calderero vecino de Avilés.

La fábrica dieciochesca quedó posteriormente oculta bajo algunas inadecuadas reformas que la afean y desvirtúan, de tal modo que no figura en el catálogo urbanístico del concejo. Estos cambios son reversibles sin gran dificultad por lo que una hipotética y futura intervención permitirá sacar a la luz su primigenio carácter de capilla rural asturiana.

La ermita, orientada al poniente, tiene nave única con cubierta de madera a tres aguas que abraza el pequeño pórtico. Este, cegado por el recrecido de sus muretes, oculta el imafronte donde abre la entrada primitiva que se cerraba, como es habitual en la comarca, con una rejería de madera torneada que aún existe, salvo la puerta. El campanario se ubica en la fachada meridional, que proporciona luz al interior mediante dos vanos modernos.

San Antonio en Coviella

La capilla de San Antonio en Coviella es una edificación exenta del año 1738, según consta en su arco, que posteriormente fue unida al palacio adyacente por medio de un puente, bajo el que pasa un camino vecinal. El catálogo urbanístico de Cangas de Onís la titula erróneamente de San Ramón, atribuyéndole la advocación de la festividad que se celebra en el lugar.

Desconocemos el documento fundacional pero su construcción pudo deberse a la iniciativa del matrimonio formado por Antonio González de Argandona Soto y Francisca González del Valle, tanto por el lapso temporal que manejamos como por el significativo hecho de que sus tres hijos se llamaron Antonio, Domingo Antonio y Mariana Antonia del Carmen. El matrimonio logró reunir grandes bienes, como nos dice Agustín Guzmán Sancho y constituyó, al fallecer los cónyuges, un mayorazgo del que se hizo cargo en 1755 su hijo Domingo[5].

Los hermanos Antonio y Domingo Antonio González de Argandona, capellán y patrono respectivamente de la ermita de San Antonio de Padua, manifiestan en 1759 que por su devoción mantienen a su costa y expensas la capilla que tiene el honor y la regalía, por concesión apostólica y con licencia de Francisco Manrique de Lara, obispo de Oviedo, de estar colocado en ella el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, la pila bautismal y el permiso para administrar a los vecinos del término y lugar de Coviella, en los casos urgentes que el párroco o teniente de San Vicente de Triongo no lo pudieran ejecutar por los embarazos de los caminos. También se les reconoció facultad para poner en dicho oratorio dos sepulturas para el enterramiento de ambos, de sus sucesores y más de su Casa.

Joseph Miyar Noriega y los vecinos de Triongo habían presentado queja ante el provisor del obispado, en relación a estas regalías, contra Juan Antonio Escandón, teniente cura de San Vicente de Triongo, al considerar que perjudicaban los intereses de la iglesia parroquial. Para conservar la paz, unión y buena armonía, se convinieron y ajustaron con Antonio y Domingo González de Argandona, que se comprometieron a no perjudicar a la iglesia, ni a su fábrica y regalías que le pertenecen, ni a los derechos que son de costumbre, a los que habían contribuido sus antecesores, ni a los demás repartos y sorteos de fiestas a que estén obligados cualesquiera otros vecinos del lugar de Triongo y su parroquia, tanto para la fábrica y ornamentos de la iglesia como para la casa rectoral y capilla de Santa Eulalia. Este convenio y ajuste tuvo lugar en el monasterio de San Pedro de Villanueva el 29 de mayo de 1759 ante Andrés Rodríguez Valdés, notario apostólico y vecino de la ciudad de Oviedo[6].

En el mismo catálogo urbanístico leemos que la ermita es de mampostería enfoscada con esquinales y cerco de vanos de sillar, de nave única y cabecera recta con sacristía adosada en el lado derecho. En el interior, con cubierta plana en la nave y cúpula semiesférica sobre pechinas y finas columnillas en el presbiterio, hay un retablo barroco con imágenes de la misma época. En el suelo de la capilla se conservan los dos sepulcros mencionados en el documento de 1759, en uno de los cuales está enterrado uno de los más ilustres hijos de Cangas de Onís, y a pesar de ello un gran desconocido: el procurador general del Principado Domingo Antonio González de Argandona.

San Antonio en Labra

La casa de los González de Teleña en Labra, también llamada de San Antonio por la advocación de la capilla que tiene adosada en su lateral este, se describe en el inventario de los bienes de Pedro Joseph de Nicolás Fernández, practicado ante el escribano Rafael García el 10 de junio de 1777[7]. Orientada al sureste, se ubica dentro de una pequeña finca triangular cercada por muro de piedra. Construida con mampostería y sillar, es del tipo de corredor entre muros, a triple vertiente, estructurada en dos plantas y desván. En el siglo XVIII, al añadirle el oratorio, se realizaron transformaciones que implicaron la supresión del contrafuerte oriental y la prolongación del corredor para permitir que la familia propietaria asistiera a los oficios desde la tribuna que lo comunica con la capilla.

De ella se dice, en el mencionado inventario, que está hecha de piedra, teja, cal y madera, con su campana, y dentro existen un altar y un retablo por dorar, en el que aparecen colocadas las imágenes de San Antonio, Santa Bárbara y San Benito, que es obra de Juan de Berbeo, maestro tallista natural de la ciudad de Oviedo, según consta en el contrato que suscribió el 2 de diciembre de 1760 con los vecinos de Sotu Cangues para la construcción del retablo de San Andrés: “de la misma hechura, tan bien trabajado, limpio y ajustado como el que hizo en la capilla de San Antonio, sita en el lugar de Labra”[8]. Asimismo fue el autor de los retablos de Nuestra Señora de la Visitación, en Parolu, y de San Antonio, en Cangas de Onís.

Pedro Joseph de Nicolás Fernández (fallecido el 21 de febrero de 1777), arcipreste del concejo de Cabrales y cura propio de Santa María Magdalena de Berodia y su aneja Santa Cruz de Inguanzo, fundó la capilla de San Antonio de Padua y de Benditas Ánimas en el año 1752, “Junto a la Cassa donde el otorg.te nazio, y es natural, en el Lug.r de Labra”[9]. La escritura se otorgó en Arenas de Cabrales el 22 de junio de dicho año ante el notario apostólico Joseph Díaz Arenas. La establece “p.r no haber en dho Lugar de Labra, y en mucha distanzia otra ermita y hallarse distante de la Yglessia parroq.l, y ser tierra pantanossa y quebrada y p.r lo mismo sera de mucha utilidad a los fieles, p.r que en ella oiran missa, y en los dias, que se sacasse anima p.r birtud de la bulla de la S.ta Cruzada, tendran el recursso de hazerlo con mas fazilidad, lo que no pueden todos executar p.r la distanzia de la Yglessia, y pantanosso de el camino p.r lo q.l dhas benditas animas carezen de tan debidos sufragios…”. Sin duda, el fundador utilizó su condición de eclesiástico para obtener con argumentos falsos la autorización para construir su santuario particular, ya que en los años 1666 y 1667 se había erigido la parroquia de San Bartolomé de Labra, escindida de Santa Eulalia de Abamia de la que pasa a ser hijuela[10]. Tiene iglesia parroquial, al menos, desde 1678 cuando Elvira Sánchez de Vega otorga testamento y manda que sepulten su cuerpo en la capilla mayor[11].

Para la manutención de lo material y ornamental de la misma, Pedro Joseph de Nicolás vincula perpetuamente dos prados en la ería de Aleos que rentaban al año cinco copines de pan. Se disponía de un completo ajuar textil para la celebración de la misa además de un crucifijo, un cáliz, una patena de plata sobredorada, un misal con su atril, dos candeleros de metal y una lámpara. Todo ello en consonancia con el notable mobiliario de la casa y la sorprendente, por abundante, colección pictórica del sacerdote que subraya su religiosidad, pero también indica un gusto artístico infrecuente en estos lares. En el inventario se mencionan once cuadros pintados, a saber: los cuatro evangelistas, San Francisco y Nuestra Señora de Covadonga (de especial interés iconográfico, si aún existiera); dos más pequeños que son un crucifijo (sic), entiendo que sería Jesús crucificado, y Nuestra Señora y el niño Jesús; un retrato pintado del infierno y dos cuadritos pequeños de Santa Bárbara. Además cuatro láminas o grabados: dos de Nuestra Señora de Belén, otra de Jesús Nazareno y otra San Juan y el niño Jesús.

La capilla, de planta cuadrada, es de maciza construcción y un solo vano, una saetera calada al mediodía; se cubre con bóveda de arista a tres aguas que apoya sobre cornisa de piedra sin moldura.

San Antonio en Corao Castiellu

Francisco de Soto Sobrecueva (Corao Castiellu, 1691-1770) fue un singular personaje que emigró en la segunda década del siglo XVIII a la Nueva España, donde «se mantuvo en su comercio más de cuarenta años haciendo fortuna». A su regreso, con un considerable patrimonio, manda construir en su pueblo natal su casa de morada y funda una escuela por la gran falta “de un maestro hábil que enseñe a los niños a leer, escribir, contar y las maneras de buena crianza”. A partir de 1760, los hijos de los vecinos de la parroquia de Abamia, de los lugares de Onao y Tárañu y de las caserías de Villaverde tuvieron la fortuna de recibir instrucción todo el año, “de balde, sin pedirles ni a sus padres y mayores estipendio alguno”. Francisco de Soto dotó a la fundación con la importante cantidad de dos mil cuatrocientos ocho ducados y en un gesto admirable se apartó del patronato que cedió a los vecinos de Corao Castiellu y sus descendientes como principales interesados, obligándolos a quedar al cargo y cuidado de la escuela[12].

Siete años después, también instituye una capilla “en onrra y Gloria de Dios Nro Señor y con adboz.on del Glorioso San Antonio de Padua”, que desea fuera permanente, se mantenga y tenga fábrica para siempre. La dota con una heredad de tres días de bueyes y con un censo de cien ducados de principal, sin perjuicio de nombrar otros en su momento para que sus rentas sean bastantes y cuantiosas en todos los tiempos y permitan su manutención[13].

En la fundación señala diversas condiciones: el principal de censos y réditos ha de ser para dicha fábrica y en caso de redimir el censo, debe volver a imponerse en el plazo de veinte días, en persona segura y con buenas hipotecas; que la heredad no pueda ser vendida, cambiada ni enajenada en manera alguna, antes bien, que la persona a cuyo cargo esté la capilla la tenga bien cultivada y beneficiada de todo lo necesario para que vaya en aumento su renta; que el día del santo, habidos dos sacerdotes, se celebre una misa cantada y si solo fuese uno, rezada, carga que toma para sí durante sus días y vida; que los párrocos apliquen los sobrantes de las cuentas para los reparos y aumento del santuario, a cuyo efecto tendrá libro que se ha de visitar cada año, según costumbre, y en la misma forma que las demás ermitas de la parroquia.

Francisco de Soto otorgó la escritura de fundación de la capilla de San Antonio el 5 de agosto de 1767, en Corao Castiellu, ante el escribano José Antonio de Otedo. En su testamento, fechado el 1 de febrero de 1770, manda 4.000 ducados para provisión de censos y nombra por patrono de la misma a su sobrino Diego de Soto Beceña y por primer capellán a su hijo José Ramón de Soto que ha de vivir en Corao Castiellu, como los sucesores, y para su efecto manda comprar una casa. Como el hijo solo tenía 8 o 9 años, la capellanía no se coló, es decir, no se confirió el beneficio eclesiástico, hasta el 11 de abril de 1781, tomando posesión de ella el 29 siguiente[14].

La capilla, que hoy se encuentra en franca ruina, es una edificación sencilla, de excelente y fina sillería en el imafronte, en el que se dispone la puerta en arco de medio punto, esquinales y cerco de vanos, siendo el resto de mampostería revestida y pintada de blanco. Tiene planta cuadrada, con cubierta a cuatro aguas, cornisa lisa y pórtico a los pies que en la actualidad no mantiene la cubierta. En su interior alberga un pequeño altar bajo una bóveda de crucería con pinturas que representan a diversos santos, formas vegetales y flores, en lamentable estado de conservación, al igual que las de los muros donde figuran pintados, entre otros motivos, San Antonio y las armas de la Casa de Soto. Debió concluirse en 1769, año grabado en su campana, poco antes del fallecimiento de su fundador, acaecido el 7 de febrero de 1770.

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La devoción a San Antonio, contemporáneo de San Francisco, se originó e impulsó por los integrantes de la Orden Franciscana a cuya formación contribuyó activamente, pero los devotos reinterpretaron su figura dándole una dimensión popular, milagrera y protectora de mujeres y niños.

En el siglo XVIII, el paduano se convierte en uno de los santos más venerados de nuestro concejo, erigiéndose cinco capillas de su advocación en Llerices, Coviella, Cangas de Onís, Labra y Corao Castiellu (no así la de Perlleces, llamada de San Antonio en el reiterado catálogo pero dedicada a San José). Se celebra su festividad en varias parroquias, su imagen engrandece los altares de iglesias y ermitas, le mandan misas en las disposiciones testamentarias y se fundan capellanías, como la colativa de sangre que Francisca de Posada y su hijo Francisco Antonio Álvarez de Soto instituyen el 7 de abril de 1730, bajo la denominación de San Francisco de Asís y San Antonio, en el antiguo santuario de San Tirso de la H.ortigosa (Margolles)[15]. Faltan por conocer de manera concienzuda las motivaciones religiosas, sociales y económicas que llevaron a venerarlo tan devotamente, lo que exige un estudio que, hoy por hoy, excede las pretensiones del autor de este artículo.

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Quiero agradecer la colaboración del Muséu del Pueblu d’Asturies, que nos ha cedido la fotografía de Coviella, de Javier Remis Fernández, José Manuel Fernández María, Carlos Massé y Juan Pablo Meana, así como las enseñanzas recibidas de dos amigos que ya hace una década nos dejaron, don Celso y Maxi Blanco.

Artículo publicado, sin las notas, en el boletín de las Fiestas de San Antoniu, Cangas de Onís, Sociedad de Festejos de Cangas de Onís – Ayuntamiento de Cangas de Onís, 2022, pp. 8-19.


[1] Pantín Fernández, Francisco José, La fundación y construcción de la primera capilla de San Antonio en Cangas de Onís, en Boletín de Fiestas de San Antonio, Cangas de Onís, Sociedad de Festejos, 2018, pp. 17-26.

[2] Constituciones Synodales del Obispado de Oviedo | hechas en esta ciudad por el ilustrísimo S.r D.n Agustín González Pisador…, En Salamanca : por Andrés García Rico, 1786, p. 185. El sínodo se había celebrado en el año 1769.

[3] Archivo de Covadonga, Libro de la ermita de San Antonio de Padua sita en el lugar de Llerizes, años 1705-1787.

[4]  Archivo Notarial de Cangas de Onís, protocolos de Toribio de Aladro, testamento de Joseph Bentura Bassadre, prior de Covadonga, otorgado el 14 de febrero de 1753.

[5] Guzmán Sancho, Agustín, Argandona, “homo novus” (I) y  Argandona, representante del Principado en la corte (y II), artículos publicados en La Nueva España, Oviedo, los días 10 de mayo de 2005, p. 10, y 11 de mayo de 2005, p. 12.

[6] Según documento transcrito por Celso Diego Somoano. Escribano Martín González de Labra, Ribadesella. CDS pone 20 pero creo 29 comprobar

[7] Archivo Notarial de Cangas de Onís, protocolos de Rafael García, inventario de los bienes de Pedro Joseph de Nicolás Fernández, en Labra a 10 de junio de 1777.

[8] Archivo Notarial de Cangas de Onís, protocolos de Joseph Antonio de Otedo, escritura de contrato entre la fábrica de San Andrés de Soto de Cangas y Juan de Berbeo, en Soto de Cangas a 2 de diciembre de 1760.

[9] Archivo parroquial de Santa Eulalia de Abamia. Esta escritura figura, sin encuadernar, en un libro de la parroquia de San Bartolomé de Labra que se inicia en el año 1737 y concluye en el año 1859, en el que se recogen cuentas de la fábrica y de la luminaria así como partidas de bautismos.

[10] Archivo parroquial de Santa Eulalia de Abamia, libro de fábrica de Santa Eulalia de Abamia, 1659 – 1667, fols. 24v y 25r.

[11] Archivo Histórico de Asturias, Palacio de Labra, testamento de Elvira Sánchez de Vega, viuda de Antonio de Intriago. Ante Domingo Sarro, Cangas de Onís, 13 de diciembre de 1678.

[12] Sobre Francisco de Soto Sobrecueva, véase: Trespando Corredera, José Manuel, La Casa de Soto : el linaje olvidado de Cangas de Onís, Corao, Ayuntamiento de Cangas de Onís – Sociedad Perriniana de Corao, 2017, pp. 319-324.

[13] Archivo Notarial de Cangas de Onís, protocolos de Joseph Antonio de Otedo, escritura de fundación de la capilla de San Antonio de Padua, otorgada por Francisco de Soto en Corao Castillo el 5 de agosto de 1767.

[14] Archivo parroquial de Santa Eulalia de Abamia, libro de fábrica de Santa Eulalia de Abamia, 1718 – 1835, fol. 134v: En once de abril, año de 1781, se coló la capellanía de San Antonio de Padua, fundada en el lugar de Corao Castillo de esta parroquia de Santa Eulalia de Abamia por D. Francisco de Soto, vecino que [fue] de dicho lugar de Corao Castillo, y tomó posesión de ella en veintinueve de abril, año de 1781, Don Josef Ramón de Soto, su primer capellán, vecino y originario de dicho lugar de Corao Castillo, tiene la dicha capellanía cincuenta y dos misas anuales, y éstas rezadas, y para que conste lo firmo. Joseph de Yntriago.

[15] Boletín Eclesiástico de Oviedo, 21 de septiembre de 1870. Según Celso Diego Somoano.