Han sido varias las interpretaciones dadas al topónimo Corao, desde la popular que lo vincula con el verbo asturiano corar (degollar) en alusión a los musulmanes que supuestamente murieron degollados en el lugar en tiempos de la batalla de Covadonga, a la de Apolinar de Rato y Hevia según la cual Corao significaba colorado, bermejo, ensangrentado (véase García Ceñal, Enrique y Victoriano, «Cangas de Onís», en Bellmunt y Canella, Asturias, Gijón, 1897, tomo II, p. 15, nota 1). Julio Concepción Suárez en su Diccionario etimológico de toponimia asturiana (Oviedo, 2007) plantea una etimología que tal vez procediese de la raíz preindoeuropea *kor- (monte), latinizada con -atum; sería la descripción de un paraje entre montes.
Por su parte, Xosé Lluis García Arias, en su libro Toponimia asturiana : el porqué de los nombres de nuestros pueblos (Oviedo, 2005), dice que Corao sería continuador de Coratus. Apunta en la dirección correcta al indicar un origen antroponímico, es decir que el lugar debe su denominación a un antiguo nombre de persona, y añade que el estudio de los antropotopónimos se complementa con los datos que nos procura la escritura en piedra u otros materiales. Si algo caracteriza al territorio vadiniense es la escritura en piedra; bien conocida es su epigrafía con numerosos monumentos funerarios, a un lado y otro de la cordillera Cantábrica. Una de estas estelas funerarias viene a confirmar el origen del topónimo Corao.
En el año 2014, el historiador y epigrafista David Martino García publicó en la revista Veleia un artículo titulado Nuevas aportaciones al corpus epigráfico vadiniense en el que estudia el monumento sepulcral dedicado a Tridio Quieto, del clan de los Bedunigos, donde aparece el antropónimo Coraus no documentado hasta ese momento.

La lápida es un gran bloque de cuarcita rojiza sin trabajar (dimensiones: [80]x50x15 cm) procedente de La Velilla de Valdoré (Crémenes, León), colocada como umbral en una casa de la localidad desde antiguo. La lectura y traducción de la misma, realizadas por Martino, son las siguientes:
M(onumentum) / Tridio ∙ Quiêto ∙ Be/dunigum ∙ Corai ∙ / f(ilio)∙ V̂a(diniensi)∙ ân(norum)∙ L ∙ Origenus / âv(u)ncul[o] s(uo)∙ p(osuit) ∙ h(ic) ∙ s(itus) ∙ e(st)
Monumento sepulcral para Tridio Quieto, de los Bedunigos, hijo de Corao, vadiniense, de 50 años. Origeno lo puso a su tío materno. Aquí yace.
Mi agradecimiento a David Martino García no solo por la fotografía y el artículo que tan gentilmente nos ha cedido sino también por sus magníficas aportaciones al estudio de los vadinienses, el pueblo cántabro que habitaba estas tierras, hoy leonesas y asturianas, en los primeros siglos de la era cristiana. El escrito que presentamos es un buen ejemplo de ello, tanto más cuando nos permite conocer el antropónimo Coraus que da nombre a nuestro lugar, corroborando la vinculación entre los dos focos vadinienses: el meridional, representado por La Velilla de Valdoré lugar del hallazgo de la estela, y el septentrional, con núcleo en Corao, en el valle del río Güeña.