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En el año 1883, el escritor y periodista Ricardo Blanco Asenjo recorrió Cangas de Onís en compañía del joven médico de la villa, José García Vela. Fruto de esa visita fue un artículo titulado Recuerdos de un viaje a Asturias : Cangas de Onís, en el que literalmente leemos: «El viajero que de Infiesto llega a Cangas de Onís hace a pie su entrada en esta villa, porque tiene que detenerse ante el puente en construcción sobre el Sella, que ha de dar paso a la carretera, ahorrando un buen trecho del camino antiguo y las cuestas del magnífico puente romano de 70 pies de altura que se ve poco más arriba.»[1]
Bien podemos decir que el puente nuevo abrió el camino de la modernidad para la villa canguesa, pues articuló su comunicación con el centro de Asturias y muy especialmente con los concejos de Parres y Ribadesella, este de fundamental importancia por su puerto de mar. Además, provocó la apertura de un nuevo vial a través de los prados del Censo que pronto se convertiría en la arteria principal de Cangas de Onís. Durante las siguientes décadas irá llenándose de edificaciones, entre ellas el Palacio de Justicia, hasta conformar la actual Avenida de Covadonga.
El puente formaba parte del trazado de la carretera de Ribadesella a Castilla por el Pontón, Cangas de Onís y Arriondas. Comenzada en 1852, una década después solo se había concluido, en la parte asturiana, el tramo entre la villa costera y nuestra ciudad. El plan general de carreteras del Estado aprobado por real decreto de 6 de septiembre de 1864 incluía entre las carreteras de tercer orden tres que discurrían por el concejo: la de Cangas de Onís a la carretera de Palencia a Tinamayor; la de Cangas de Onís a Covadonga y la que discurría desde Sahagún a Ribadesella por el Pontón, Cangas de Onís y Arriondas[2]. Es de suponer, si no hubo contratiempos, que veinte años después los viajeros y las mercancías pudieran franquear, por fin, el río Sella con comodidad.
En segundo término, aparece el chalet de Diego Sánchez Junco y Avelina Garro de la Viña, en el que hoy se encuentra la Oficina de Turismo de Cangas de Onís. Diseñado por Bonifacio Garro Suárez para su hija y su esposo, debió iniciarse su construcción a finales de 1891, según El Auseva que aseguraba, a la vista de los planos, iba a ser el edificio más bonito de la villa[3]. Adosada se construyó una capilla, bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, que fue inaugurada el 12 de septiembre de 1895. Veinte años después, el obispo de Oviedo autorizó a los propietarios la celebración de misas los domingos y fiestas de guardar, lo que supuso un alivio para las personas ancianas e impedidas que ya no precisaban subir a la iglesia parroquial, sita en Cangues d’Arriba.
Diego Sánchez Junco fundó, junto a Isidoro Cuesta, la Sociedad Colectiva Cuesta y Sánchez que construyó una central eléctrica en Los Pontigos de Cañu proporcionando el primer alumbrado público a la entonces villa de Cangas de Onís en el año 1896. Se inauguró a las seis y media de la tarde del 9 de enero cuando el salón del café de Ramón Labra se inundó de una luz «clarísima, nada molesta, potente y segura» que iluminaba todos sus rincones y que llevó a los concurrentes a levantarse y aplaudir ruidosamente[4]. A Diego Sánchez le atribuye El Auseva la iniciativa para construir en el concejo una fábrica de tejidos que aprovechase la energía procedente de la central, para lo cual contaba con “un buen número de accionistas” que se habían inscrito con cerca de medio millón de pesetas, pero el proyecto fracasó[5].
El chalet de Diego Sánchez y Avelina Garro es la famosa casa junto al río que da título a la novela canguesa de la escritora mexicana Elena Garro, nieta de José Antonio Garro Suárez y, por lo tanto, sobrina de Avelina. La casa junto al río es una novela corta en la que se narra el viaje de Consuelo Veronda, alter ego de la autora, al pueblo de sus antepasados donde experimenta emociones adversas, de no pertenencia, en un ambiente que dibuja rencoroso y hostil. Su lectura despertó curiosidad en Cangas de Onís durante un breve periodo, más por descubrir a los vecinos que escasamente disimulados figuran en ella, que por cuestiones literarias. La hispanista Anita K. Stoll ha buscado una explicación al misterioso, laberíntico y amenazador ambiente que experimenta la protagonista en su propia e íntima búsqueda de la verdad[6].
La fotografía que publicamos, perteneciente al archivo de Javier Remis Fernández a quien agradezco su amabilidad al cederla para esta publicación, es obra del fotógrafo José García Bosquet[7].
Francisco José Pantín Fernández
Artículo publicado en Fiestas de San Antoniu, Cangas de Onís, SFC, 2024, pp. 40-42.
[1] Publicado en La Reforma Política y Militar, Madrid, año I, núm. 17, 30 de diciembre de 1883, p. 3.
[2] Gaceta de Madrid, año CCIII, núm. 257, 13 de septiembre de 1864, pp. 1-2. La primera discurre por los concejos asturianos de Cangas de Onís, Onís, Cabrales y Peñamellera Baja hasta llegar a la localidad cántabra de Unquera.
[3] El Auseva, Cangas de Onís, año I, núm. 30, de fecha 8 de noviembre de 1891, p. 3.
[4] Sobre los primeros pasos de la electricidad en Cangas de Onís véase el interesante artículo de David González Palomares: “La luz del Sella, la primera central hidroeléctrica de Asturias” en ArtyHum. Revista de Artes y Humanidades, ISSN 2341-4898, núm. 76, Vigo, 2020, pp. 65-93.
[5] El Auseva, Cangas de Onís, año VI, núm. 285, 20 de septiembre de 1896, p. 2.
[6] Stoll, Anita. “La casa junto al río de Elena Garro y el gótico-femenino”, en Actas del X Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Barcelona, 21-26 de agosto de 1989, edición de Antonio Vilanova, Barcelona, PPU, 1992, volumen IV, pp. 1011-1016.
[7] José García Bosquet (Luanco, 1881-1953), aficionado a la fotografía, fue alcalde de Gozón a principios del siglo XX. Es autor de la Guía de Gijón (Gijón, 1891) y de la obra teatral El náufrago : revista de Luanco, en un acto y en verso (Luarca, 1897). Véase Palomino Arjona, Manuel, Dramaturgia asturiana contemporánea, [USA], Lulu, 2018, p. 120.
Con respecto a La casa junto al rio/Elena Garro, controvertido libro, es imprescindible recurrir a la profesora universitaria mexicana en USA Patricia Rosas Lopategui la que mejor ha estudiado la obra de Elena Garro. Son numerosos los libros y publicaciones que tiene al respecto.
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Gracias por la sugerencia.
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