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En el mes de enero de 1926, es decir hace un siglo y unos pocos meses, la escuela de Corao Castiellu, dirigida por Isidro de Soto García, editó un pequeño folleto de larguísimo título: Pequeña geografía descriptiva del concejo de Cangas de Onís, y especialmente del distrito escolar de Corao-Castillo, compuesta por Antonio y Leandro Peláez, Benito y José Álvarez, alumnos de la Escuela de Corao-Castillo, que dirige D. Isidro de Soto García[1]Los hermanos Antonio y Leandro Peláez Sobrecueva, eran naturales y vecinos de Corao Castiellu; los otros dos autores, Benito y José Álvarez Alonso, también eran hermanos y naturales de Corao.

De la antigüedad de la escuela de Corao Castiellu ya hemos hablado en otra publicación de este blog. Traemos hoy aquí este documento singular, quizá la última muestra de la calidad educativa que caracterizó a este patronato pedagógico fundado por Francisco de Soto Sobrecueva el 15 de enero de 1760. Publicado también en el mes de enero, como va dicho, parece conmemorar su creación y es un claro recuerdo de las ediciones que la escuela Don Rodrigo Álvarez de las Asturias, fundada por Eduardo Llanos, hizo en Corao a principios del siglo XX.

La escuela de Corao Castiellu se instaló, desde sus comienzos, en el pórtico de la ermita del Santo Ángel de la Guarda que primero estaba abierto, como es habitual en este tipo de capillas rurales, y luego fue cerrado de pared, como se puede apreciar en el dibujo de Leandro Llanos Álvarez de las Asturias. Después de 1922-1923, la escuela fue ampliada ante la gran afluencia de alumnos; siendo escuela de patronato de los vecinos de Corao Castiellu, quedaron estos endeudados por lo que los alumnos debían abonar una cuota de diez céntimos al mes. Durante el mandato como alcalde de Diego de Labra, el Ayuntamiento de Cangas de Onís saldó la deuda, quedando los vecinos libres de esta carga económica[2].

En sus más de doscientos años de historia, pasaron por ella numerosos maestros, la mayoría hoy en el anonimato, aunque de algunos se conserva memoria (José Antonio Llano Diego, vecino de Corao Castiellu, en 1883; Ángel Cortina, en 1900; Secundino Otero, en 1903; Pedro Madrigal, natural de Sigüenza, en 1912), no tanto por su desempeño como docentes, pues ignoramos casi todo al respecto, como por circunstancias históricamente propicias que han permitido la conservación de documentación sobre la que poder trabajar. Precisamente, Isidro de Soto es uno de los maestros que ha mantenido cierto recuerdo en la parroquia de Abamia, en la que vivió una buena parte de su vida (residió, al menos, en Teleña, Intriago y Corao) y donde ejerció su magisterio durante más tiempo.

Isidro de Soto García era natural de Boca de Huérgano (León), donde nació el 15 de mayo de 1872. Hijo de Antonio Soto Pérez, un jornalero natural de Grandas de Salime (Asturias), y de Juana García Martínez, natural de Cangas de Onís[3]. El 22 de julio de 1895, siendo vecino de Teleña y también de oficio jornalero, contrajo matrimonio en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia con Laura del Valle Redondo. El año siguiente aprobó los exámenes de la Junta local de Escuelas de Cangas de Onís, para ejercer el magisterio en alguna de las escuelas incompletas del concejo. Quedaba así habilitado como maestro con certificado de aptitud, un docente habilitado para enseñar, carente del título oficial de Magisterio, pero indispensable para cubrir las vacantes de las escuelas rurales. Valga como ejemplo, entre otros muchos, que la escuela de Corao Castiellu llevaba, en enero de 1905, ocho meses sin abrirse por falta de maestro. Isidro de Soto iniciará un recorrido por diversas escuelas rurales; sabemos que fue maestro en Covadonga, en 1900; Villanueva (Cangas de Onís), en 1904; y Viabaño (Parres), en 1906.

En 1910, publicó dos artículos sobre enseñanza en el semanario El Auseva: «El arte de enseñar», donde analiza algunas de las cualidades que ha de tener el maestro para la docencia[4], y «Pobre enseñanza», sobre la indiferencia de los poderes públicos con las carencias de la educación en España[5]. Los escribe no solo como maestro, sino también como secretario de la Asociación de Maestros de Cangas de Onís que presidía Ángel Cortina.

Dos años después, abrió en Corao el colegio particular Nuestra Señora del Carmen, de primera enseñanza y «con arreglo a los modernos adelantos pedagógicos»[6], según El Aldeano. En el que se impartían Doctrina cristiana e Historia Sagrada; Lengua castellana; Geografía é Historia de España; Aritmética, Geometría y Dibujo; Agricultura; Fisiología, Higiene y Economía; Ciencias físicas y naturales; y Rudimentos de Derecho[7]. Eduardo Llanos regaló a dicho colegio el material necesario para su funcionamiento. Este colegio debió tener una efímera existencia porque en el curso 1913-1914 encontramos a Isidro de Soto como maestro de la escuela de Corao Castiellu, cargo que desempeñó hasta el año 1932[8].

Resulta curioso, cuando menos, que un texto titulado «La Fiesta del Árbol y un eclipse» apareciese publicado en La Voz de Asturias, con la firma del alumno Leandro Peláez, y poco después lo hiciese, sin variación alguna, en El magisterio español suscrito por otro, José Álvarez, ambos autores de la Pequeña geografía descriptiva[9]. En este escrito se explican las actividades desarrolladas, con motivo de la Fiesta del Árbol, el 24 de enero de 1925, día en el que se produjo un eclipse de sol que en la península ibérica fue de carácter parcial. Así lo podemos leer en dicho artículo:

Como en dicho día se producía un eclipse de sol, aunque aquí fue solamente parcial, y además tuvimos la poca suerte de que poco tiempo después del medio del eclipse o fase máxima se nubló, y las nubes nos impidieron ver todas sus fases hasta el último contacto, como hubiéramos deseado, sin embargo, advertidos por nuestro Maestro, habíamos ido todos provistos de cristales ahumados, y durante la plantación, como después de terminada, observamos con mucha curiosidad y gusto las diferentes fases del fenómeno, hasta que se nubló por completo.

Debido a que ya teníamos una idea de cómo se producen los eclipses por las lecciones que hemos leído muchas veces en el libro titulado «El Cielo», por don Victoriano F. Ascarza, ampliada esta idea con la producción del fenómeno a la vista, y las acertadas explicaciones de nuestro sabio Maestro, hizo que recibiésemos una lección altamente interesante y provechosa, a la vez que hemos pasado una tarde tan amena, tan sumamente agradable, que su recuerdo perdurará en nuestros corazones…

El 27 de mayo de 1928, Isidro de Soto remitió al presidente del Centro Asturiano de La Habana una carta referente a la conferencia impartida por el periodista español Dionisio Pérez en dicha institución, en la que elogió el folleto de los alumnos de la escuela de Corao Castiellu. La reprodujo el Diario de la Marina:

Distinguido señor:

Habiendo visto publicado en el semanario «El Popular» de Cangas de Onís un fragmento de una conferencia pronunciada por el eminente periodista español D. Dionisio Pérez, en ese Centro que usted muy dignamente preside; y habiendo leído con suma complacencia el inmerecido elogio que el citado conferenciante hace del pequeño librito que han escrito mis queridos discípulos, hemos acordado enviar a usted para la Biblioteca de ese Centro, un ejemplar del mismo con el fin de que pueda ser conocido por los socios que lo deseen, a la vez que para que cuando estos niños sean mayores y emigren a ese país, puedan encontrar ahí un grato recuerdo de su infancia.

Humilde es, en verdad, el mencionado trabajo; pero no me parece que se pueda pedir mucho más a niños que se educan en escuela rural donde, como en esta, toda incomodidad tiene su asiento, y donde además del tosco e inculto roce social en que viven, carecemos de los elementos necesarios para poder enseñar.

El mayor placer que tendría este humilde maestro, sería el poder convertir el reducido y triste local en que ejerce su misión en amplio y ameno centro, y dotarle de todos los elementos necesarios para que los numerosos niños que a esta asisten pudieran enriquecer su inteligencia con los conocimientos que los tiempos actuales exigen, preparándolos así, para la lucha por la vida, máxime teniendo en cuenta que esta región es totalmente emigratoria; pero no me es permitido tal placer, porque la mezquina cantidad que el Estado consigna para tales menesteres, no alcanza ni para lo indispensable en una escuela de numerosa asistencia como es ésta, y sin las herramientas necesarias, ningún carpintero, por ejemplo, puede construir un mueble perfecto.

Ahora bien: el objeto de la presente no es llorar a usted nuestras necesidades, sino rogarle en nombre propio y en el de mis queridos discípulos, que admita en la biblioteca de ese Centro el librito que le enviamos adjunto, así como también le rogamos haga llegar a poder del ilustrado conferenciante D. Dionisio Pérez, la carta que para él incluimos, no enviándosela nosotros directamente por desconocer el punto de su residencia.

Por todo ello y esperando ser atendidos, le anticipan las más expresivas gracias mis queridos discípulos, y con ellos este humilde maestro, que afectuosamente le saluda, y e. s. m.

Isidro Soto[10]

Al margen de su labor como docente, Isidro de Soto fue secretario de la Sociedad de Labradores El Despertar, en los inicios de este sindicato agrícola afín al reformismo de Melquíades Álvarez, aunque con posterioridad adoptó posiciones políticas conservadoras que lo alejaron del mismo[11].

* * *

Pequeña geografía descriptiva del concejo de Cangas de Onís, y especialmente del distrito escolar de Corao-Castillo, formado por las aldeas de Corao-Castillo, [Corao] y las pequeñas aldehuelas de El Cueto, Coraín, Paroro y Sobrecueva, con varios diseminados anexos (La Estrada, Pandesiertos, Pedrobada, La Rotella y Tresnoceda).

El concejo de Cangas de Onís, al que pertenece dicho distrito escolar, forma cabeza de partido judicial constituido por los ayuntamientos de Ribadesella, Parres, Ponga, Amieva y Onís, además del citado Cangas.

Los límites que circundan el citado concejo, son: por el Norte, separándolo del partido de Llanes y del ayuntamiento de Ribadesella, tiene límite natural formado por una pequeña cordillera, cuya altura media sobre el nivel del mar es de unos 300 metros, y que recibe varias denominaciones, siendo algunas de ellas Sierra de Santianes, Sierra de Escopa [sic, por Escapa], etc.; por el Sur, con los Pirineos cantábricos que sirven de límite entre las provincias de Asturias y León, correspondiendo algunos de los puntos más culminantes a este concejo, tales como Peña Santa —Picos de Europa— que se elevan unos 2.460 metros sobre el nivel del mar, y donde existen las nieves perpetuas; al Este, el ayuntamiento de Onís con límite artificial, y por el Oeste, los ayuntamientos de Amieva y Parres, sirviendo de límite natural entre aquellos y éste, los ríos Dobra y Sella.

El citado concejo de Cangas de Onís tiene por capital a Cangas de Onís, que ostenta el título de ciudad concedido por S.M. el Rey D. Alfonso XIII, en virtud de su Real aprecio a esta corte de los insignes reyes D. Pelayo, Favila y Alfonso I el Católico; por Real decreto de 23 de junio de 1907, le fue concedido dicho título y el tratamiento de Excelencia a su Ayuntamiento.

Dentro de este término municipal y a 11 kilómetros de la repetida ciudad, se halla, incrustado en angosto valle, entre abruptas y pintorescas montañas el Real Sitio de Covadonga, cuna de la reconquista patria, donde las armas de la “Media Luna” se encontraron con un puñado de valientes astures dispuestos a no dejarse vencer, y en efecto: a pesar del numeroso ejército invasor, el puñado de valientes que defendían el Estandarte de la Cruz, a la vez que su independencia, situados en los puntos estratégicos de aquel recinto y una vez iniciado el ataque, viendo el jefe sarraceno la espantosa carnicería ocasionada en sus numerosas huestes, trata de huir, más ya era tarde: el invicto y experto capitán más previsor que su enemigo, le había cortado la retirada, siendo escaso el número de sarracenos que, según la tradición, logró escapar de tan sangrienta batalla.

Envalentonados los cristianos con tan señalado triunfo, proclamaron rey a D. Pelayo y empieza con esta fecha (1.º de agosto del 718) la obra de la reconquista patria que terminan después los Reyes Católicos en Granada, en 1492.

En memoria de tan trascendental suceso, allí donde tuvo lugar la citada proclamación se levanta un obelisco que fue construido a expensas de los Duques de Montpensier.

El campo donde dicho obelisco se levanta se denomina Repelao, síncopa de Rey Pelayo, en el que se dice tuvo lugar la reunión de los vencedores para proclamar rey a tan insigne caudillo. Fue erigido este obelisco en el año de 1857.

A una legua, junto al pueblo de Soto, se halla el Campo de la Jura, donde hasta el siglo XIX iban los jueces al Consejo de Cangas a tomar posesión de la vara de la justicia. Este campo que respetando la historia de que está precedido se había conservado abierto durante muchos siglos, fue cerrado hace pocos años y convertido en finca particular debido, según dicen, a una influencia política.

Hemos oído contar que antaño, el 31 de diciembre, se reunían en el Campo de la Jura los vecinos del concejo; un escribano apuntaba sus nombres… En el campo se levantaba una mesa de piedra, y alrededor de esta mesa se colocaban los regidores y los jueces… y metidos los nombres en un cántaro, el escribano sacaba uno, lo leía, acompañaba al vecino designado a la torre de los Sotos —que aún se yergue frente al Campo de la Jura— lo cerraba en ella y se guardaba la llave. Tornaba luego a sacar otro nombre y llevar a la torre a otro vecino, y cuando en ella se juntaban siete, estos siete elegían regidores, jueces y procurador… Y a las diez de la mañana del día primero de enero, los elegidos acudían a este campo, juraban en él sus cargos y tomaban en él sus varas.

Hoy, el Campo de la Jura pertenece a un señor particular… Lo rasgan unos labriegos, y, al cabo, cúbrenlo los maíces…

Y la tradición protesta, pero no la escucha nadie… Atribuyendo los cristianos la tan señalada victoria antes apuntada a la protección del cielo y conservándose por tradición tal creencia, fue la causa de la fundación del Santuario de Covadonga; siendo creencia general que en la misma gruta donde hoy se venera la Sagrada imagen de la Virgen, oró Pelayo antes de entrar en batalla; bajo cuya gruta brota un torrente, en épocas, caudaloso, que forma una preciosa cascada.

A pocos metros de distancia y precisamente en el punto más estratégico donde se cree haya tenido principio la lucha, se levantaba un elevado picacho que en época reciente ha sido demolido y hoy sirve de base a la hermosa Basílica, construida por la fe religiosa del pueblo español, en honor a la Reina de los cielos —titulada aquí la Virgen de las Batallas, nuestra Santina— y en memoria de tan fausto suceso.

Hemos oído contar que en algún tiempo se vendió en Covadonga un romance que era una descripción de esta victoria del infante D. Pelayo; y se aseguraba en él que don Opas trató de seducirle; que D. Pelayo le rechazó gallardamente; y que después

“… dentro de la Cueva entonces espléndida luz inflama, y una voz se oye divina que pronuncia estas palabras: Españoles, no temáis es mi causa vuestra causa, y yo estaré con vosotros… ¡Adelante!… ¡Viva España!… Aquella voz la voz era de la Virgen soberana, estrella de Covadonga, gloria y honor de la Patria…”

Las abruptas y pintorescas montañas de Covadonga con sus elevados picachos y espesos bosques; verdes praderas y hermosos lagos cuyo conjunto admirable está declarado Parque Nacional, es visitadísimo por numerosos turistas que de lejanas tierras vienen con el fin de admirar las grandiosidades con que la Naturaleza ha adornado a este hermoso rincón asturiano, al que llaman con verdadero fundamento, la pequeña Suiza.

No es menor la concurrencia de devotos que atraídos por su fe religiosa acuden a este Santuario ya en familias o en nutridas y numerosas peregrinaciones a postrarse a los pies de la veneranda Santina a implorar su protección o a darle gracias por algún favor recibido; para lo cual afluyen constantemente no sólo de todos los pueblos de esta provincia, sino también de otras muchas y hasta del extranjero, mezclándose en estas manifestaciones religiosas nuestros católicos Reyes, Condes, Duques, y Marqueses, con el humilde pastor.

Dentro de los términos del citado Parque Nacional se halla el abundante yacimiento de manganeso (que se ha dicho que era la primera del mundo en esta clase de mineral) que se denomina “Minas de Buferrera” explotadas por una compañía inglesa, teniendo montado un excelente cable para el transporte del citado mineral desde dichas altura a Covadonga, donde después es conducido por ferrocarril a Ribadesella, y allí es embarcado en buques costeros que lo llevan a Inglaterra para alimentar su industria.

Formando parte del conjunto de maravillas expresado y por tanto del concejo de Cangas de Onís, al lado opuesto de la montaña llamada “Orientes” que forma —digámoslo así— uno de los muros que cierran el histórico lugar de Covadonga, se halla el citado distrito escolar de Corao-Castillo formado por las aldeas de Corao-Castillo y Corao, y las aldehuelas de El Cueto, Coraín, Paroro y Sobrecueva.

Corao Castillo se halla situado a un extremo del repetido distrito, para la parte Norte, cuya altura media sobre el nivel del mar es de unos 120 metros, con una población (incluyendo sus anexos de La Estrada, Pandesiertos, Pedrobada, La Rotella y Tresnoceda) de 171 habitantes.

Corao se halla en el centro bañado por el río Güeña y otro afluente; su altura media es de unos 85 metros, con una población de 255 habitantes.

El Cueto se halla para la parte Sur, a unos 130 metros de altura, y con 26 habitantes.

Coraín para la parte Norte de Corao y para el Oeste de Corao-Castillo, a una altura de 90 metros, y con 67 habitantes.

Paroro y Sobrecueva en la misma dirección que Coraín, a una altura aproximada de 140 metros y con 48 habitantes entre las dos aldeitas; formando, pues, este distrito escolar una población de 567 habitantes, distribuidos según queda apuntado.

Su riqueza consiste en cereales (maíz, trigo, etc.): legumbres y gran diversidad de frutas (manzana, avellana, etc., etc.).

Abunda toda clase de ganados especialmente el vacuno, que constituye uno de los principales ramos de riqueza, por los excelentes pastos de que dispone. Existen considerables extensiones cubiertas de árboles de diferentes clases, predominando el castaño, nogal, roble, etc.

También el subsuelo tiene sus riquezas, pues lindando con este distrito hay varios yacimientos de hulla: uno de ellos es de inferior calidad y su explotación pasa en estos momentos por lamentable crisis, por motivos por nosotros ignorados; su dueño es don Cecilio Rodríguez, importante industrial gijonés. Pero próximo a éste hay otro de carbón hulla grasa que, según nos han dicho los empleados de dicha mina, es tan excelente este carbón que una vez lavado, solo suele dar un 12 por ciento de cenizas.

En esta mina existe una máquina central termo-eléctrica de noventa caballos de fuerza, de la cual parte para los motores de los lavaderos y el cable que conduce dicho carbón desde Llano de Con por la falda de la montaña de Orientes, peña de Isongo, etc., hasta el sitio denominado Combes, perteneciente a la Riera de Covadonga, donde es embarcado en ferrocarril para ser conducido a los puntos de destino.

La producción media de esta mina es de unas 700 toneladas mensuales. Su dueño es don Ángel G. Posada, también de Gijón como el anterior.

Los antedichos datos están tomados en excursiones que, acompañados de nuestro querido maestro don Isidro Soto, hemos verificado los niños de esta Escuela en diferentes fechas, a casi todos los puntos citados.

La industria de estas aldeas consiste en el arranque de los minerales ya citados, como también la extracción de materiales de construcción en excelentes canteras y la preparación de muelas empleadas en las pequeñas fábricas harineras, aquí muy abundantes, o pequeños molinos hidráulicos para triturar o moler los granos que produce la región; fabricación de manteca y queso que compite con el famoso Cabrales; la obtención de lanas y pieles, y la extracción de la espumosa sidra de excelente calidad; pudiendo añadir a las industrias manufactureras, la construcción de los útiles que el labrador necesita para el cultivo de la tierra y arrastre de producción. También se fabrican relojes en Corao.

El comercio consiste en la exportación de ganados y sus derivados (manteca, queso, etc.) frutas madera y minerales, y la importación de productos manufacturados (harinas, aceites, tejidos y varios artículos de lujo como café, azúcar, etc.).

El carácter de estos habitantes es aventurero e inquieto, siendo innata en la mayoría de ellos la idea de la emigración a países desconocidos. Descendientes de aquellos pobladores que fueron estableciéndose en nuestra patria en los comienzos de la historia, no es extraño que adolezcamos de aventureros y soñadores y que seamos por razón natural el pueblo que mayor contingente rinde a la emigración, en busca de lo que trabajosamente pretendemos en extrañas tierras, desatendiendo las facilidades con que nos incita al trabajo fructuoso el rico suelo que la Providencia nos concede.

Como nos dice muy acertadamente nuestro querido y sabio maestro, causa honda pena ver cómo se despueblan nuestras aldeas, llevados sus habitantes en incesante corriente de emigración, que empobrece el suelo patrio y va a enriquecer con el producto de su trabajo y sobriedad natural otros países, donde la mayor parte de las veces es fantástica quimera el bienestar que muchos soñaron antes de abandonar el terruño que los vio nacer.

La amarga realidad devuelve al suelo natal a algunos que en breve vieron trocadas en infortunios las dichas que soñaron; otros arrastran vida misérrima alejados de su hogar, avergonzados de su situación precaria; y reducido número de los que marcharon vuelven con algunos intereses, en la mayoría de los casos decrépitos por la edad, por los achaques y por el constante batallar que, según hemos oído decir siempre, allí más que aquí, trae aparejada la lucha por la vida.

Debemos ser más juiciosos y pensadores; no nos dejemos guiar por nuestra soñadora imaginación, y, haciendo obrar a la razón fría y serena, no busquemos fuera de casa lo que en ella tenemos.

Precisamente las primitivas razas con sus constantes invasiones en nuestra península, que no abandonaban sino eran arrojadas por la fuerza, venían atraídas por el inagotable venero de riquezas con que siempre brinda nuestro suelo.

¿Qué vimos llegar del Nuevo Mundo a quien se enriqueció en el comercio, en la industria, en la agricultura? En nuestra misma España lo han conseguido no pocos. En algún tiempo sí dicen que era más factible que hoy, allí como aquí, hacer fortuna en breve tiempo; pero hoy, aquí como allí, es mucho más difícil, y los que salen de su patria con la loca esperanza de hacer fortuna en plazo corto, la realidad se encarga de proporcionarles el más amargo desengaño. Nosotros debíamos de hacer como los alaveses.

De todas las provincias de España, la que rinde menor contingente a la emigración, es Álava. Allí se trabaja mucho, se produce muchísimo y se goza de bienestar general. No hay que esperar que los alaveses salgan de su terruño en busca de más fructífero trabajo. Así está aquella provincia de poblada y floreciente.

Contribuyamos todos al trabajo en la esfera de acción que deba y pueda moverse cada cual, y así la riqueza individual y colectiva será nuestro seguro indubitable premio, sin la necesidad de ir a sufrir los rigores de otros climas.

Las costumbres de los habitantes de estas aldeas son sencillas, predominando entre sus escasas distracciones el típico juego de bolos.

Organización

Con el fin de mejorar en lo posible su situación económica a la vez que sirviese también de medio para pulimentar la rusticidad de costumbres, un crecido número de labradores de esta región fundaron en Corao, como punto más céntrico, una Sociedad agrícola —en el año de 1908— con el título “El Despertar”, y, poco tiempo después, con un capital de 25.000 pesetas reunidas por acciones de sus socios, se abrió en dicho pueblo una Cooperativa de consumo con el citado título, que, según dicen, ha reportado grandes beneficios a los labradores de estas aldeas, pues la llaman reguladora de precios en el comercio.

Esta casa ha proporcionado a sus asociados en cantidad, calidad y precios legales, además de los artículos de primera necesidad, abonos y maquinaria adecuada a la agricultura regional. También funciona en dicha casa una Caja rural de préstamos, donde sus socios obtienen las cantidades necesarias para su desenvolvimiento y relativo bienestar, librándolos así de la usura que antes del funcionamiento de esta Caja padecían.

Y para cultivar la inteligencia y pulimentar la rusticidad de costumbres según hemos apuntado primero, existe en la repetida Cooperativa una biblioteca circulante, creada en 1919, con el producto de la rifa de una ternera y de varios donativos recibidos de personas amantes de la cultura popular, y que cuenta con unos 700 volúmenes de diferentes materias a tratar, muchas de ellas de suma importancia por tratar del mejoramiento de toda clase de cultivos y ganadería, cuyos son los medios que proporcionan la subsistencia de los habitantes de esta región, y que por lo mismo son leídos con avidez y constancia principalmente en las largas veladas del invierno, reunidos en familias por todas estas aldeas, pudiendo afirmar que dicha biblioteca ha proporcionado útiles conocimientos, que empiezan a dar su fruto de evolución.

Los que pudiéramos llamar hombres ilustres o por lo menos beneméritos hijos de estas aldeas por su altruismo y generosidad, han sido don Francisco de Soto y Sobrecueva, natural y vecino de Corao Castillo, fundador de esta escuela en el año de 1760, a costa de su propia caudal, movido del amor y buena voluntad que tiene a sus vecinos y comparroquianos, por haber visto con dolor la gran falta que este lugar y parroquia tenían de un maestro hábil e inteligente que enseñase a los niños a leer, escribir, contar y las maneras de la buena crianza, según dice la escritura fundacional. De donde se infiere, que en aquel tiempo no había en toda esta parroquia ni limítrofes ninguna escuela donde los hombres pudieran ilustrarse, y por lo tanto bendigamos la memoria del generoso fundador.

(Hoy ha pasado esta escuela a depender del Estado, por haberse incautado de sus bienes hacia el año de 1870)[12].

D. Eduardo Llanos Álvarez de las Asturias, natural y vecino de Corao, cuyo altruismo es también digno de elogio, por haber sostenido de su peculio particular una escuela que con el título de “Rodrigo Álvarez de las Asturias” fue inaugurada en su pueblo de Corao el 31 de enero de 1900 y clausurada el 31 de agosto de 1907, no durando según se ve más que siete años su funcionamiento, cuyo motivo de tan corta duración ignoramos nosotros, pero sí lo lamentamos mucho; pues hemos oído contar a personas que nos merecen entero crédito que dicha escuela era una de las mejores o acaso la mejor dotada de material científico de toda España, por lo menos en pueblos rurales.

Para terminar este humilde trabajo, diremos que existe en esta parroquia de Abamia una iglesia en ruinas de la época de la reconquista patria, que por tradición se dice que fue primero fortaleza del insigne Pelayo, la que debiera el vecindario solicitar del Gobierno de S.M. declarase dicha iglesia Monumento Nacional por merecerlo así la historia de que está precedida.

Benito Álvarez Alonso sostiene la bandera de la escuela de Corao Castiellu, en la peregrinación de la parroquia de Abamia al santuario de Covadonga, probablemente en octubre de 1926.

Escuela de Corao-Castillo, enero de 1926.
Antonio Peláez. José Álvarez. Leandro Peláez. Benito Álvarez[13].
Es copia literal.
El maestro, Isidro de Soto.


[1] [S. l.], Escuela de Corao-Castillo [Imprenta de Juan de la Macorra, Cangas de Onís], enero de 1926, 11 p., 21 x 13,5 cm. Aunque el folleto está firmado por los alumnos, es evidente que el maestro intervino en su redacción.

[2] Según noticias de Leandro Peláez Sobrecueva.

[3] Boletín Oficial de la Provincia de Oviedo, núm. 9, 12 de enero de 1911, pp. 3-4.

[4] El Auseva, Cangas de Onís, año XX, núm. 987, 26 de febrero de 1910, pp. 1-2.

[5] Íd., núm. 989, 10 de marzo de 1910, p. 1.

[6] El Aldeano, Corao, año I, núm. 2, 15 de marzo de 1912, p. 3.

[7] Véase nota 3.

[8] Región, Oviedo, año X, núm. 2735, 1 de mayo de 1932, p. 2: “Balmón.—El maestro don Isidro del Sato (sic) comunica que cesó en la escuela de Corao Castillo y que tomó posesión de la de Balmón para donde fue nombrado.” La localidad de Balmón no existe; creo que el periódico se refiere a Balmori, en Llanes, aunque no he podido encontrar noticia que lo corrobore. La otra posibilidad sería Balmonte, en Castropol, pero no me imagino a Isidro de Soto —que frisa los 60 años— desplazándose al occidente de Asturias. En 1929 le fue concedido el nombramiento provisional para la escuela de Triongu (Cangas de Onís), aunque pudiera ser que no se hiciese efectivo, como se desprende de la gacetilla anterior. Boletín oficial del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, año XX, núm. 83, 15 de octubre de 1929, p. 8. 

[9] La Voz de Asturias, Oviedo, año III, núm. 560, 31 de enero de 1925, p. 4 y El magisterio español, Madrid, año II, núm. 13, 14 de febrero de 1925, pp. 12-13.

[10] Diario de la Marina, La Habana, año XCVI, núm. 164, 13 de junio de 1928, p. 24.

[11] El 15 de marzo de 1927, el periódico quincenal Religión y Patria publica una gacetilla comunicando el fallecimiento de Laura del Valle Redondo, esposa de “nuestro suscriptor y activo propagandista don Isidro de Soto”. Religión y Patria, Gijón, año XXII, núm. 619, 15 de marzo de 1927, p. 4. Curiosamente, Laura del Valle falleció el 18 de febrero de 1927 y sin haber transcurrido siquiera tres meses, Isidro de Soto contrajo segundas nupcias con una joven de Intriago.

[12] Nada sé de esta incautación de los bienes de la escuela. Si pasaron al Estado durante el proceso desamortizador, los patronos quedarían sin recursos para sostenerla. No será hasta inicios del siglo XX cuando el Estado se haga cargo del pago de las retribuciones de los maestros.

[13] Antonio (Corao Castiellu, 2 de octubre de 1911) y Leandro Peláez Sobrecueva (Corao Castiellu, 10 de septiembre de 1913) eran hijos de Manuel Peláez Alonso y Josefa Sobrecueva; Benito (Corao, 21 de junio de 1911) y José Álvarez Alonso (Corao, 25 de febrero de 1913) eran hijos de Estanislao Álvarez Pubillones, Calal, y María Alonso Bulnes. Benito Álvarez Alonso murió en El Mazucu en septiembre de 1937, en el transcurso de la Guerra Civil Española, defendiendo la Segunda República. El retrato que reproducimos es un detalle de una fotografía realizada por José G. Merás a los feligreses de la parroquia de Abamia que peregrinaron al santuario de Covadonga, hacia el mes de octubre de 1926. La fotografía fue publicada en la revista Covadonga el 15 de noviembre de dicho año.